Los años setenta, se ha dicho hasta la saciedad, fueron difíciles para el rock hecho en México y, desafortunadamente, los registros discográficos son exiguos para el número de grupos que por esos años pulularon en la escena. Por ello, cuando alguno de los baúles fuertemente custodiados se abre —no sólo para dejar salir los recuerdos, sino también para mostrar por primera vez lo que existió en esa época—, hay que estar de plácemes.

Ejemplo de ello es la reciente puesta en circulación de Queso Sagrado, el álbum del mítico grupo del mismo nombre, inscrito en la vena progresiva y liderado por el guitarrista-pianista-compositor y productor Alex Eisenring, más conocido por haber fundado Syntoma y actualmente integrante de Decibel.

Queso Sagrado nació formalmente en 1973 y se integró con Héctor Candanedo (bajo), Luis Rojas (batería) y Alex Eisenring (piano y guitarra). Fue una agrupación con mucha presencia durante esa década, cuando trabajó al lado del director de teatro Abraham Oceransky en la musicalización en vivo de diferentes obras: Simio, Deus Machina, Frankenstein y La muerte de un girasol, entre otras. Tanta actividad propició solidez al trío, al grado de que su líder cuenta: “El Queso era muy impresionante en vivo, porque tocábamos todo el año. Estábamos muy filosos”.

No obstante, la posibilidad de plasmar su sonido en un álbum siempre fue remota: “Teníamos material como para cinco discos, pero no la visión para grabar; además, en aquellos tiempos no había muchos estudios independientes en México”.

Fotografías cortesía de Alex Eisenring

Queso Sagrado, el álbum, recoge siete cortes registrados, con diferentes alineaciones, entre 1974 y 1981. Está compilado de manera cronológica, pero invertida, lo cual le da una lectura muy interesante, porque permite ver a la banda en su punto más alto, para luego viajar hasta sus inicios: “Fue una decisión difícil el orden de las rolas, pero al final me pareció más coherente empezar con las más elaboradas y de ahí ir descendiendo en el tiempo y terminar con las más antigua grabación que existe”, dice Alex Eisenring.

Cierto, es un registro precario, llevado a cabo con la tecnología disponible para el grupo en ese momento y con intención más de documentar que de editar una grabación. No obstante, Eisenring limpió cada uno de estos temas para hacerlos perfectamente audibles.

Los tres primeros cortes pertenecen a 1981 y la alineación en ellos la conformaron el propio Eisenring, guitarra y teclados; Carlos Vivanco, guitarra; Fabián Reyes, bajo; Alfredo Flores, violín; Antonio Sánchez (un homónimo del jazzista), batería; Ulises Figueroa, trombón; y Silvia Candanedo, Norma Carrillo y Bernardo González en voces. Tanto “El caos reptante”, como “Renata” y “El otoño en Beijing” son composiciones en una vena progresiva en la cual hay ciertas influencias de Canterbury, de bandas como Hatfield and the North, Soft Machine y National Health, con algunos matices de fusión (brillante solo de trombón –¿cuántos solos de este instrumento, estimado lector, recuerda en el rock que se hace en México?–, seguido de uno de violín  en “El caos reptante”).

“‘El caos reptante’ —dice Eisenring— es la misma composición que ‘Nyarlathotep’ [grabada en 1974 con la alineación original] y se puede ver la evolución de la rola a lo largo de los años, al mismo tiempo que el grupo va creciendo de un trío a un ensamble, con arreglos más elaborados. Originalmente el tema se llamaba ‘Nyarlathotep, el caos reptante’, uno de los dioses de la mitología lovecraftiana. Para el disco se me ocurrió dividir el nombre para denominar estas dos diferentes versiones, dejando la duda, pero haciendo un guiño a los amantes de Lovecraft. ‘Renata’ fue compuesta en 1976 y ‘El otoño en Beijing’ es de 1979, hecha en la época en la que el Queso era ya un ensamble de ocho a diez músicos”.

En “Renata” coexisten algunos resabios de progresivo sinfónico que aporta el violín con elementos de rock en oposición, mismos que opacan lentamente el sinfonismo, hasta hacerlo desaparecer en esa mar de sonidos que se allegan de la improvisación libre, el jazz e incluso de la música contemporánea de los setenta. “El otoño en Beijing” tiene un toque oscuro y al escucharla es difícil no traer a la mente referentes como Henry Cow (escúchense los coros en la parte media) o Univers Zero (¿quién, en esos años, interesado en la vanguardia, no apelaba a semejantes influencias?). Nuevamente aquí tenemos un solo de trombón que inclina por instantes el corte a la fusión jazz-rock y cuando el violín aparece, surgen los destellos de sinfonismo. Pero la resolución de esa tensión, entre vertientes antagónicas y decantada a la experimentación, es la que da al corte su brillantez.

La pieza central del álbum “Mpdmad” (música para dirigir monstruos a distancia) se grabó en 1980 y es un solo de sintetizador de Eisenring, probablemente el único que existe grabado hasta el momento o al menos de lo que se tiene registrado en la electrónica popular en nuestro país. De su génesis nos cuenta su autor: “Es el nombre que originalmente di a otra improvisación de 1978, hecha con un sintetizador Roland prestado y que tenía una duración de una hora y de la cual pensaba extraer un fragmento para incluirla en el disco; sin embargo, encontré esta grabación de 1980, con mucha mejor calidad de grabación, hecha con un Korg MS20 que acababa de adquirir, grabada en 2 canales. Además se pueden escuchar algunas de las primeras melodías que ya había compuesto para Syntoma, en particular para el tema ‘Heloderma’ que grabaríamos en 1981. El mismo sintetizador que llevaba mucho tiempo deseando y finalmente pude comprar en 1981, puede oírse en las tres primeras piezas del disco”.

Un corte de 1978 (“Impro”), con la alineación de Eisenring en piano y guitarra, René Romero en guitarra, Carlos Blázquez en el bajo y Jesús González en la batería, se inscribe en la vena del rock en oposición, además de que para ser una improvisación, el cuarteto se escucha muy amarrado.

Esta travesía por el pasado se cierra con “Nyarlathotep” en su primera versión de 1974. Es el track más cercano al sonido de Canterbury y aunque hay cierto primitivismo en la ejecución, ya se advierte la odisea de la banda por hurgar en nuevos territorios, principalmente en algunos de los pasajes del piano, destellos que, como se leyó antes, cristalizarían en el futuro. Concluye el viaje con “Odessa”, tema grabado también en 1974 por Luis Rojas en batería y Alex Eisenring en guitarra y más cercano a la sicodelia y el jazz.

Queso Sagrado tiene un sonido opaco, pero el trabajo de limpieza que hizo Eisenring permite escuchar la música en toda su amplitud. Sí, la manera de llevar a cabo el registro no fue la más idónea, pero ello no resta valor al documento. ¿Qué hubiera pasado si este disco hubiera salido a fines de los setenta o principios de los ochenta? Cierto, el hubiera no existe, pero de haber visto la luz habría sido un parteaguas, porque salvo Decibel, nadie cruzaba territorios similares.

“Las dos piezas de 1974 son las únicas grabaciones que existen de esa época, fue un milagro haberlas grabado, pero hubo otras piezas compuestas antes, desde 1973; lamentablemente no quedaron más grabaciones de esa época. En teoría, esta es una selección de lo más rescatable, pero es probable que se pudieran rescatar algunas otras rolas, no sé…, tal vez algún día”, finaliza Alex Eisenring.