Continuamos con nuestra lista de 20 canciones épicas del rock de todos los tiempos, ahora con las diez últimas elegidas. Como ya se dijo hace dos semanas, se ha tratado de evitar la inclusión, hasta donde fuese posible, de esas composiciones que suelen pecar de grandilocuentes y se ha favorecido a las que buscan sobre todo la expresión artística. Helas aquí pues, ya no tan apegadas al rock progresivo o pretenso-sinfónico sino al rock más puro, en una selección que quiso ser más ecléctica y heterodoxa. Y como también ya dijimos: que sea el lector quien juzgue si son todas las que están (aunque no estén todas las que son). La polémica queda abierta.

Fotografía: Zachary Gillman bajo licencia de Creative Commons.


1.- “Good Vibrations”. The Beach Boys. Sencillo (1966). Para quien esto escribe, la mejor canción de pop rock de todos los tiempos. Incluso, quizá, la mejor canción en la historia del rock. ¿Épica? Por supuesto. Brian Wilson construyó una absoluta obra de arte de tres minutos y medio. Sus cambios de ritmo y de intención armónica, el arreglo instrumental, la letra, pero sobre todo las extraordinarias vocalizaciones, con esos coros cuasi barrocos que la hicieron un tema adelantado a su tiempo y que a 54 años de distancia conserva su frescura y su calidad vanguardista. Una pieza inmortal.


2.- “The Court of the Crimson King”. King Crimson. Del álbum In the Court of the Crimson King (1969). Aunque en sus varias décadas de existencia King Crimson ha producido cualquier cantidad de piezas épicas, he elegido esta por ser la primera de esa categoría (rivalizando con “21st Century Schizoid Man”, del mismo álbum, pero con mayor majestuosidad y elegancia en el caso de “The Court…”). Una cumbre del pop progresivo de todos los tiempos.


3.- “Carry On”. Crosby, Stills, Nash & Young. Del álbum Deja Vu (1970). Sin grandilocuencias instrumentales, sin florituras artificiosas, sin falsos afanes sinfonistas o virtuosismos pretensiosos, “Carry On” es un ejemplo claro de que para hacer una canción épica se puede apostar por la sencillez y hasta por cierta austeridad sin renunciar a la grandeza. Grandes armonías vocales apoyadas en arreglos casi acústicos en esta enorme composición de Stephen Stills.


4.- “Aqualung”. Jethro Tull. Del álbum Aqualung (1971). De la mano del genio creativo e interpretativo de Ian Anderson, Jethro Tull llegaría a su cumbre más alta un año después, con el álbum Thick as a Brick, épico en el más exacto sentido de la palabra. Pero como se trata de una sola composición conceptual, de una suite de tres cuartos de hora que abarca todo el álbum, hemos preferido elegir otra gran composición de Anderson, esta “Aqualung” llena de variantes y grandeza musical y letrística. Una potente (y épica) obra de arte.


5.- “Hotel California”. Eagles. De álbum Hotel California (1976). La épica folk rockera de esta clásica pieza de Eagles ha trascendido con el tiempo de manera aplastante. Con su síncopa cuasi reggae, su extraña letra (una oda a los excesos) y sus juegos de voces (grandiosas armonías) y guitarras (grandiosos diálogos de las cuerdas), es una de las canciones clave de la década de los setenta del siglo pasado. El riff de Don Felder ya forma parte de la historia de la música popular.


6.- “More Than a Felling”. Boston. Del álbum Boston  (1976). Dinámica y grandiosa, perfectamente construida, esta composición de ese peculiar geniecillo que fue Tom Scholz es mucho más que una power ballad. A más de cuatro décadas de su lanzamiento, se trata de una de esas canciones que se encajan en el inconsciente colectivo para no abandonarlo jamás. Por cierto, Scholz sigue vivo pero un tanto retirado de la música, decepcionado por los manejos de la industria, y a sus 73 años está dedicado al ecologismo militante como miembro de Greenpeace.


7.- “Pride (In the Name of Love)”. U2. Del álbum The Unforgettable Fire (1984). Bono dijo alguna vez que esta era la mejor canción jamás escrita por U2 y muy posiblemente tenga razón. Desde la resonante y campanera guitarra de The Edge que abre esta emocionante plegaria rocanrolera hasta el canto apasionado del propio Bono, pasando por todas las variantes del tema, “Pride…” es al mismo tiempo poderosa y sutil, escalofriante y conmovedora. Un grandioso ejemplo de lo que es una canción épica. Todo un encomio a la libertad.


8.- “The Final Countdown”. Europe. Del álbum The Final Countdown (1986). De nuestra lista de 20 temas épicos, quizás este sea el que más se acerca a la exageración bombástica. Sin embargo, es una pieza tan buena y tan memorable, más allá de ser un one hit wonder de la esta agrupación sueca, que no podría quedar fuera. Canción típica y si se quiere hasta groseramente ochentera, su desmedida epicidad hairy le otorga un muy particular encanto casi naïve (o sin el casi).


9.- “Nothing Else Matters”. Metallica. Del álbum Metallica (1991). Hasta antes de los años noventa, Metallica no acostumbraba componer temas lentos y mucho menos con letras “positivas” que no hablaran de muerte, soledad, tristeza, dolor. Con esta “Nada más importa” rompió todos los esquemas y creó una joya inmortal que a casi tres décadas de distancia es todo un clásico del metal y el rock duro. Mucho más que una balada: un verdadero e inconmensurable himno.


10.- “The End (Stars Always Seem to Fade)”. The Warning. Del álbum Queen of the Murder Scene (2018). Quise incluir al menos una canción épica proveniente del rock que se hace en México. Busqué entre los muchos grupos que han existido a lo largo de 60 años y no encontré una sola a la que se le pudieran otorgar cualidades de verdadera epicidad, ninguna sino esta, la composición de un grupo de adolescentes regiomontanas llamadas a convertirse en la mayor expresión del rock creado dentro de nuestras fronteras. ¿Que exagero? Escuche usted esta versión en concierto del tema con el cual cierra su segundo álbum y dígame si hay otro que se le acerque, en México, como canción épica. Su perfecta construcción, su piano inicial, su dinámica in crescendo, sus voces solistas y armonizadas, su letra, su estupendo solo de guitarra, su emotividad y su pasión hacen de ella una pieza ejemplar. Lo dejo a su desprejuiciado criterio, estimado lector.


 

 

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