Encuentro fascinante que la música siga siendo un territorio en el que impera lo impredecible; no hay en ella algo definitivo o verdades absolutas. No es posible creer que se imponga la juventud sólo por tal condición o que se le rinda absoluta pleitesía a las figuras señeras por el hecho de traer a cuestas la historia.

El año que se va fue un ciclo de recomposición, así como un punto de encuentro intergeneracional. Sabemos que los límites entre géneros se han desvanecido y que uno de los ideales de la era after pop es encontrar al arte total. Con ese aliento, el que aparecieran combinaciones casi imposibles ahora parece el hilo conductor.

Fukuyama falló y la historia siguió su curso. Cierto, todo se ha transformado violentamente y los cánones tradicionales ya no aplican. De tal suerte que vale la pena asomarse a lo más destacado del año que (casi) completa la segunda década del siglo XXI.


1.- Nick Cave. Ghosteen (LTD). ¿Cuánto tarda un ser humano en reponerse de la pérdida de un hijo? ¿Cuánto demora un artista en comprender a la muerte? El músico australiano escribió ex profeso sobre el fallecimiento de Arthur —uno de sus gemelos—, dado que en Skeleton Three (2016) ya tenía letras avanzadas que fungieron casi como profecías. Ahora maneja tanto al dolor como recuerdos cálidos y amorosos que son conducidos —casi siempre— por un piano sobrio y soberbio. Un álbum doble que cala hasta la médula y que está dedicado a padres e hijos. Junto a Warren Ellis —su cómplice de años—, una figura histórica del rock impuso su sapiencia para hacer de la música un asidero mayúsculo ante la adversidad.


2.- Black Midi. Schlagenheim (Rough Trade). Apoyados en el envión de arrojo que caracteriza a la juventud, aunado a una enorme solvencia técnica, estos mozalbetes de Londres asestaron un madrazo tremendo al panorama internacional de la música. Casi puede decirse que más que un disco estamos ante una obra conceptual; cierto, hay enorme estruendo, riffs casi inimaginables, efluvios de math rock, pero también espacios abiertos y contención. Obtienen cocteles Molotov confeccionados con multiplicidad de elementos. Han devorado la historia de la música –de la clásica al rock– y la hacen estallar para obtener creaciones fascinantes.


3.- Tyler, The Creator. Igor (Columbia). Es digno de celebrar que los disco de hip-hop no se limiten a los clichés del género, sino que se muestren como complejos collages de la historia de la música negra y aprovechen sus múltiples expresiones (del jazz al soul, del funk al pop). Sin duda, Tyler Okonma se vio influenciado por el gran Kendrick Lamar, pero avanzó mucho en afirmar su estilo y consolidarse como productor y así sacar el mayor rédito de sus invitados. La fiesta que se monta este álbum se sustenta en lo impredecible y El Creador incluso se permite cantar. ¡Elegancia pura y mucho charm!


4.- Holly Herdon. Proto (4AD). Podría entenderse como un proceso de investigación tecnológica avanzada o bien como un ejercicio de arte sonoro de última generación y ambas son viables. Esta artista norteamericana asentada en la academia y radicada en Berlín creo un software de inteligencia artificial para asimilar la voz humana y pasar a formas nuevas de composición. Ella sabe de lo abrumadora que es la avalancha tecnológica y por eso se propone propiciar una afortunada convivencia. El resultado es una experiencia estética muy estimulante y propositiva.


5.- Nicola Cruz. Siku (ZZK Records). Su combinación de sonidos andinos y música electrónica le valió la celebridad internacional, pero el ecuatoriano decidió no quedarse quieto y probar con otros registros; aquí viaja hasta África, pasa por Oriente, toma unas vacaciones en Brasil y regresa a lo profundo de la selva (incluso deconstruye una cumbia). Nicola es una figura del tecno-tribalismo que conduce al escucha hasta un trance que levanta rumbo al paroxismo y luego reposa para sanar el alma. Aquí esas sonoridades que parecen provenir del pasado anticipan un futuro intrigante y seductor.


6.- Sharon Van Etten. Remind Me Tomorrow (Secretly Canadian). Ya siendo figura del indie rock decidió volver a la universidad, tener un hijo, dedicarse a la actuación y acumular vivencias para regresar años después completamente recargada. Dejó la guitarra en un rincón y a partir de sintetizadores compuso una decena de canciones muy bravías que van desgranando trozos de capítulos existenciales memorables. Puede estar enojada o bien prodigar felicidad, pero siempre alcanza cuotas muy altas en la composición. Oxígeno puro también para la americana y otros efluvios folk.


7.- The Chemical Brothers. No Geography (Astralwerks). Ya no tenían nada que probar, su lugar está reservado entre lo mejor del siglo XXI, pero la música llena su vida y una vez más dieron con una obra impecable e inquieta. Quien los considere únicamente DJ-productores no entiende nada. Su visión artística es superlativa y aquí incluso catapultan a la poesía de Diane Di Prima al tiempo que debrayan con la música disco y retuercen el funk al máximo. ¡El aquelarre electroso sigue en lo más alto!


8.- Billie Eilish. When We All Fall Asleep, Where Do We Go? (Interscope). ¿Cuántos puntos de inflexión a propósito de los talentos emergentes tendremos que pasar? ¿Hay algo en el ambiente que potencia la aparición de auténticos mutantes? Con 17 años, Billie Eilish exhibe una sorprendente madurez en su propuesta y abunda en un disco dedicado a las pesadillas, la duermevela y las constantes alusiones al subconsciente. La joven artista torna oscuro su pop radioactivo con maneras de jazz ligero, música industrial, sub graves y un etcétera muy largo. Pasa de lo siniestro a lo cándido sin dificultad. A final de cuentas es como un cuento de hadas que se torna delirante.


9.-  The National. I’m Easy to Find (4AD). Una vez que se han instalado en lo más alto del indie rock, a los de Ohio —afincados en Nueva York— se les exige una obra maestra tras otra y ellos se esfuerzan por conseguirlo. El tiempo ha pasado y tienen hijos en la universidad, su país es comandado por un loco y las tensiones sociales se recrudecen; todo esto se halla en el álbum. Musicalmente, usaron dos baterías, recurrieron a un coro góspel e hicieron el disco más extenso de su carrera. ¿Quién dice que el mundo adulto no produce canciones tensas e interesantes?


10.- Eartheater. Trinity (Chemical X). Alexandra Drewchin es una compositora y vocalista más bien vinculada con la escena experimental y la vanguardia. Su propuesta se basa en su extraordinaria voz, pero ahora decidió combinar su discurso con el trabajo de seis productores procedentes de la música dance neoyorquina. La mezcla podría sonar extraña. Lo cierto es que esta mujer de Queens supo amalgamar trance, rave y un poco de hip-hop abstracto para dejarnos estupefactos con el resultado. Desde lo profundo del underground sobrevino esta gran sorpresa del año.


11.- Big Thief. Two Hands (4AD). El grupo tiene apenas tres años y ha decidido comerse al mundo desde Brooklyn y a punta de folk rock. De alguna manera actualizan el legado de Cowboy Junkies (y de Neil Young y Crazy Horse, nota del editor) y tiran para adelante con una energía compositiva tremenda. Este año editaron dos discos y así ya llevan cuatro en su meteórica carrera. La mención es para el segundo del año, pero en realidad es a la mancuerna que hace con U.F.O.F. (el álbum que lo antecedió por unos meses). Una muy sólida base instrumental sirve de basamento a la maravillosa voz de Adrianne Lenker, quien concentra buena parte del encanto. Hace muy bien también revisitar las raíces y transformarlas.


12.- Flying Lotus. Flamagra (Warp). Sencillamente hay músicos que se obsesionan con ir construyendo el futuro y Steven Ellison lo hace sonar. Cada una de sus obras es como estar adentro de una pieza de ciencia ficción en la que los límites entre géneros y estilos se han difuminado. Así que amasa trip-hop, jazz, trap, soul y funk para formar cosas nuevas. Se acompaña de una constelación en la que refulgen George Clinton, Little Dragon, Solange y Anderson.Paak, entre otros. Es un orfebre del estudio de grabación y un visionario de las estructuras por venir.


 

 

Un comentario en “12 discos imprescindibles del 2019

  1. Extraña lista que en la mejor época de la música en español, no incluye un disco en nuestra lengua. Otra buena adición también podría ser el album debut de Lizzo que recabó varios premios importantes