Una de las películas británicas con mayor impacto cumple 40 años de haber sido estrenada. Quadrophenia, su legado, consta en retratar la década de los 60, a su juventud que no pasaba desapercibida por sentirse parte de algo. Este largometraje no va a caducar; su historia es llamativa para viejas y nuevas generaciones. El movimiento mod sigue de pie en distintas partes del planeta y, por esa razón, expongo tres puntos de vista para dar a entender lo que representa esta obra de 1979 hecha por The Who y Franc Roddam.

1. Mods vs Rockers: La batalla entre ambas subculturas es algo necesario de saber para entender su impacto cultural. El escritor argentino Rodrigo Fresán, en su libro Jardines de Kensington, publicado por Debolsillo en 2003, explica con humor el épico conflicto adolescente que dio de qué hablar en aquel 1964, en las periferias de Londres: “[…] para los Mods, los Rockers son bestias de clase baja sin cerebro; para los Rockers, los Mods son oficinistas afeminados a los que sólo les interesa trepar en la pirámide social y, de ser posible, despeinarse poco en el ascenso. A los Rockers les gusta el Elvis duro y puro. Los Mods memorizan los versos de las canciones de The High Numbers (listos para convertirse en The Who), The Kinks y The Small Faces como si se tratara de evangelios, de instrucciones para moverse y para quedarse quietos en el mundo. Los Rockers montan poderosas Harley-Davidsons made in USA, los Mods prefieren las delicadas e itálicas Vespas y Lambrettas”.

Los contrastes entre cada tropa surgieron por gustos propios. Igualmente por ser, sentirse y vivir la música de forma única. El rock & roll más salvaje y vigoroso, así como el modern jazz, el soul, el R&B y el ska jamaicano más sutil, a temprana edad se convertían en armas de combate. Entonces la pelea entre anticuados y vanguardistas era interacción: chicas y chicos de diferentes sitios obreros del Reino Unido convivían en clubes, playas o donde fuera posible y por sus apariencias sobresalían de lo establecido.

Otro punto a destacar es el contexto de su país en aquel tiempo. Los británicos no sacaban de sus mentes el desenlace de la Segunda Guerra Mundial. Por lo tanto, las expresiones juveniles ayudaban a olvidar el pasado. Pero, para ambas pandillas lo más importante era la estética que definía a cuál bando se pertenecía: quien vestía una chaqueta de cuero y quería ser como el actor estadounidense Marlo Brando en la película The Wild One, de 1953, dirigida por el realizador de origen húngaro László Benedek, no podía mezclarse con alguien que llevaba una parka militar M-51, adoptada por los jóvenes británicos del Ejército Norteamericano en 1951, para posteriormente, ataviados de forma única, ser juzgados como hedonistas, aun cuando debajo de su aspecto elegante había un ser frágil que se escapaba de la realidad a base de baile y anfetaminas.

Juntos, cada subcultura metida en sus ideales terminó haciéndose famosa en playas como la de Brighton, en aquel 1964, a consecuencia de sus enfrentamientos que, por cierto, no fueron terroríficos y con gente desaparecida, manca o tuerta; únicamente se destrozaron cosas materiales y hubo lesiones menores. También le dieron trabajo a la policía para intentar poner el orden en esa zona vacacional, ubicada al sur de Londres. Lo que sucedió fue que la prensa, con base en sus publicaciones amarillistas los hizo ver como archirrivales, como delincuentes peligrosos para la sociedad. Las cámaras fotográficas de los periodistas alentaban a que los jóvenes se expresaran, a que defendieran sus universos hasta volverse inmortales en una imagen que quedaría para la posteridad. O como lo definiría el sociólogo de origen sudafricano Stanley Cohen: la batalla entre Mods y Rockers fue un asunto de “pánico moral”, al marginalizar el fresco ímpetu que corría por los cuerpos de miles de adolescentes.

Sin embargo, el fondo de la revuelta, a consecuencia de los egos y demás patrañas, hacía que las verdaderas trifulcas se dieran entre Mods o entre Rockers a altas horas de la noche, con mucho alcohol o pastillas recorriendo sus cuerpos después de pasarla en grande junto a sus cofradías. La batalla de Brighton, en ese 1964, estigmatizó a la juventud por no quedarse quieta y callada. Así, entre quienes vivieron esa época desde dentro y quienes se alimentaron de todo lo que se decía desde afuera despertó un nuevo Reino Unido, propagando por todos lados una parte de su cultura más llamativa: el movimiento Mod.

2. Jimmy Cooper vs Anfetaminas: No lo tenía planeado, pero este personaje ficticio que representaba a un verdadero fan de The Who se convirtió en el alma de Quadrophenia, en el retrato cinematográfico del movimiento mod durante la etapa pre-Margaret Thatcher de aquellos años 60. Narcisista y nostálgico. Fresco, subversivo y con mil cosas en la cabeza que le iban a tronar. Así era el joven Cooper, ese flacucho que vivía enamorado de Steph, una rubia que trabajaba como cajera en un supermercado y salía de fiesta con los chicos raros de su ciudad.

Como en cualquier acto adolescente, Jimmy, en algún momento de su vida se vio atraído por Steph. Ser mod le daba una sensación de tener súper poderes, de que algún día lograría enamorarla. Entre los demonios que no lo dejaban en paz y hacían que se preguntara qué sería de él años adelante, un día terminó por invitarla a subir a su scooter para llevarla a su hogar, después de finalizar su jornada laboral como mensajero en una agencia de publicidad. Ese trabajo lo aborrecía, no le demostraba un futuro celestial para ser alguien pleno. Por lo mismo, en el trayecto el joven Cooper se hizo el interesado en la bella cajera del supermercado.

Jimmy vivía su adolescencia como pocos: live modern, die young. También se encontraba con sus camaradas de  pandilla que, como él, no salían de sus casas sin vestir elegantemente y con el único deseo de llenarse las bocas con anfetaminas para danzar “Louie Louie” de The Kingsmen. Sus influencias eran pretéritos teenagers de los años 50 que tenían una adicción por confeccionar sus trajes con los mejores sastres de sus barrios. A ellos solían llamarlos modernistas y sufrían en sus trincheras leyendo libros relacionados con el existencialismo. El joven Cooper, heredero de esos seres, mientras corría aquel 1964 en su habitación tenía afiches de la subcultura a la que pertenecía, a la que le era fiel. Igualmente, antes de su esparcimiento practicaba sus pasos de baile frente a un espejo, arreglándose camisa, saco, pantalón y corbata.
Sin embargo, su infancia lo ataba con un rival, con un rocker llamado Kevin. Jimmy, por orgullo, una tarde terminó ignorando a su viejo camarada y prefirió cantar en una fiesta “My Generation”, de The Who, junto a sus amistades de la misma estirpe: Dave, Chalky y Spider. Ser mod era algo serio. Pertenecer a un movimiento tenía códigos y daba cierta popularidad.

Música, baile, anfetaminas. Eso lo era todo para el joven Cooper. Odiaba a sus padres y hermana, quienes no lo comprendían y se burlaban de él. Su madurez, por lo mismo, se fue encaminando a ser algo dudoso, algo esquizofrénico con tantos pensamientos y escenarios que seguían acumulándose en su cabeza; de ahí el título de la película: Quadrophenia hace alusión a las cuatro personalidades de los integrantes de The Who que habitan en la mente del adolescente; Roger Daltrey (chico malo), Keith Moon (loco), John Entwistle (romántico) y Pete Townshend (desvergonzado).

En un arranque de irá renunció a todo, menos a su pedantería de ser un mod que desayunaba, comía y cenaba anfetaminas. El mundo se le vino encima cada vez más rápido, pero su scooter era lo más fiel que tenía y con él extendía el día de su inmolación. Steph, la chica que amaba, de repente terminó en los brazos de Dave, quien decía ser uno de sus mejores amigos. Jimmy ahí comenzó a enloquecer como muchos de quienes han presenciado el film y se sienten identificados con él. Para colmo, su mayor ídolo, su ejemplo a seguir, Ace Face (interpretado por un joven y poco conocido Sting), el mod más guapo e interesante de todo el Reino Unido, con quien compartió un juicio en la corte por los desmanes ocasionados entre Mods y Rockers en las playas de Brighton, también terminó decepcionándolo porque ya no era alguien verdadero para el joven Cooper; un día lo vio vestido como un mozo de equipaje, trabajando en un hotel, donde acarreaba maletas.

Jimmy perdió la cordura, mientras que la juventud obrera de las periferias del Reino Unido, inmersa en esa subcultura, retrató una época que ya jamás volverá a existir. Pero hay una cosa que decía el joven Cooper y seguirá encajando con cualquier persona que se recuerda de adolescente y piensa que se está volviendo loco, todo porque la vida está llena de obstáculos, como bien lo demuestra Quadrophenia: “I don’t wanna be the same as everybody else. That’s why I’m a mod, see? I mean, you gotta be somebody, ain’t ya, or you might as well jump in the sea and drown”.

3. Pete Townshend vs Egocentrismo: Él movió los hilos del film. Con su guitarra y sus composiciones hizo historia dentro de las grandes ligas del rock & roll. Mientras que la emblemática banda británica que lideró, The Who, en medio de escenas que recapitulaban aquel 1964, es la orquesta que ambientó la juventud de Jimmy Cooper, cuando se vio inmerso en la subcultura mod.

El disco titulado Quadrophenia salió en 1973 y le dio forma al largometraje que muchos definieron como modpera, en lugar de ópera rock. El sexto álbum de estudio de The Who, con el talento de un fresco Townshend, intentaba seguir la línea de su antiguo trabajo de 1969, Tommy, que cuenta la vida de un niño y su familia en 24 canciones. Sin embargo, cuando el disco fue publicado por Track Records se apartó de la fantasía y mantuvo una trama realista, dando a conocer en cada una de sus melodías el sentir de los primeros años de la banda. “Fue una mirada a nuestras raíces inspirada por la guerra de egos que sufríamos a mediados de los años 70”, dijo Townshend, en alguna entrevista.

Para llevar a las salas de cine este álbum conceptual, Franc Roddam, el cineasta británico, llegó a un acuerdo bastante amigable con Pete Townshend, a quien considera uno de sus mayores héroes de toda la vida. Su idea de plasmar el movimiento mod fue la mejor para todos los integrantes y el equipo de The Who. Esa bella etapa de fiebre juvenil que únicamente buscaba un escape, una salida de la propia identidad, sin aún saberlo terminaría repercutiendo a través del tiempo, generación tras generación.

De hecho, el director durante una entrevista que dio por el relanzamiento del largometraje Quadrophenia en blu-ray, en 2011, dijo que el líder de The Who le comentó que quería hacer cambios en las guitarras del álbum homónimo y tal vez con ese ajuste su creación encajaría mejor como una ópera rock. No obstante, Roddam, declaró lo siguiente del proyecto que le abrió las puertas para otras cosas: “[…] Quadrophenia no fue una ópera rock, esto se trató de la calle y yo quería ser muy realista […] quería rock & roll en esta película”. Así recuerda la idea que trató de transmitirle a Townshend, quien dio un paso atrás, fue amable y la mancuerna surtió un efecto positivo, aun cuando en las escenas de la película hay anacronismos que van y vienen de aquel 1964 a algunas etapas de los años 70; como publicidad en la calle, automóviles, entre otras cosas.

El estreno de la película se dio el 14 de septiembre de 1979, hace 40 años, durante el Festival de Cine de Toronto. Rápido ganó reconocimiento por la historia, el protagonista, la rabia y, por supuesto, el sonido de The Who con canciones que hoy son clásicas: “The Real Me”, “Cut My Hair”, “The Punk and the Godfather”, “The Dirty Jobs”, “Is It My Head”, “5:15”, entre otras que conforman el álbum, donde un proto Jimmy Cooper apareció vistiendo una parka, arriba de un scooter; de hecho, esa idea fue del diseñador Graham Hughes, quien se basó en lo que le sugirió Roger Daltrey, vocalista de la agrupación.

Definitivamente, Quadrophenia, el disco y el film, jamás dejará de estar presente, no dejará de tener esa dualidad que hace brillar sin caducidad alguna. Sin Quadrophenia no habría Jimmys Cooper regados por el mundo, quienes siguen teniendo todo tipo de sensaciones mientras gritan We are the mods!