Sobre el escenario, la luz cae sobre Mark Balderas quien, sentado al piano, ataca con suavidad las blancas y negras y les arranca unos sonidos que recuerdan un cabaret del horror. Sin embargo, la voz que comienza a cantar “Lonely” sobre esa alfombra oscura no es tétrica, aunque sí hay algo crepuscular en su tono y mucho misterio, porque los presentes saben a quién pertenece, aunque no se advierte su procedencia. Segundos más tarde, la figura de Johnny Indovina aparece bajando por las escaleras que lo conducirán a su encuentro con Balderas.

El inicio del Akústico de Human Drama en la Sala Nezahualcóyotl es promisorio. Indovina llega sin todas sus huestes, pero quién podrá negar que esa entidad, nacida hace 35 años en los pliegues de la oscuridad y con carta de adopción en la vena gótica, se encuentra bien representada por él y Balderas. Pronto nos daremos cuenta de que esta noche de “piano bar” será completada en algunos temas por la flauta de Claudia González y el violín de Gerardo Pozos, quienes hacen lo necesario cada vez que son requeridos.

La línea está tendida. Es una noche íntima, un concierto para los amigos, para quienes se mantienen fieles a una idea, a un proyecto que ha sabido ajustarse a los tiempos del mundo y de sus creadores, porque si algo caracteriza el trabajo más reciente de la dupla es su decisión de alejarse de un nicho específico para hacerse más universal, sin por ello perder un ápice de su intensidad primigenia.

La dotación instrumental varía. Hay temas en los que los cuatro atacan con fuerza. La versión de “Wish You Were Here” es entregada con piano, violín, guitarra y voz y el todo suena triste, infinitamente triste; no sólo evoca a Syd Barrett, sino a muchos otros que quisiéramos aún estuvieran aquí.

Entonces comienzan los problemas. La guitarra de Indovina no suena y se hace lo pertinente para corregir el imprevisto. Mientras, se dirige al público, pero no lo hace desde el micrófono y la gran mayoría se pierde ese discurso en el cual apenas se alcanzan a escuchar sus palabras. El contratiempo se resuelve con otra guitarra y la noche prosigue. Se alcanzan momentos muy logrados, no importa si es en el formato de cuarteto, a dueto o solo. En el recorrido se visitan distintos periodos de la vida del grupo, pero lo que da unidad es el acercamiento a las canciones, los arreglos que  se permiten y por momentos dificultan reconocerlas de inmediato.

Así, desfilan clásicos como “Sad I Cry”, “The World Inside II”, “Broken Songs”, “I could Be a Killer”, “My Denial”. La atmósfera es totalmente íntima e Indovina baja, se acerca a la gente, le canta a un par de afortunadas, pero el gesto si bien conlleva algo de romanticismo, jamás toca la cuota de lo meloso. Entonces se asoma el infortunio. Indovina toma nuevamente la guitarra y ésta no suena, pero él lo toma con optimismo. Bromea, espera pacientemente, pero nada, la solución no llega y el tiempo pasa. Anuncia una pausa momentánea y luego de varios minutos regresan, pero el desperfecto persiste.

No obstante, la noche continúa y los cuatro hacen lo necesario para regresar al nivel alcanzado, a la calidez poco a poco edificada; sin embargo, la interrupción ha sido como un balde de agua fría en pleno invierno. El tiempo perdido es imposible de recuperar y aunque tocan algunos temas más, cinco de los programados quedan fuera.

La despedida con “Dying in a Moment of Splendor”es agria e Indovina y Balderas están molestos, como también lo están los seguidores de la banda. No importa que el cantante haya anunciado una visita a mediados del próximo año, para presentar tres de sus álbumes en el Auditorio Plaza, porque una noche que apuntaba para más, que prometía magia en un foro excelente, nunca pudo llegar a su adecuada conclusión.

 

 

Un comentario en “Human Drama en la Nezahualcóyotl.
El concierto que pudo ser

  1. Baste mencionar que, en el momento de mayor intimidad entre Indovina y el público, cuando había bajado del escenario para mezclarse en voz y cuerpo con el público y su voz casi hacía olvidar la falta de la guitarra, el técnico asesinó el momento al re conectar la guitarra sin bajar el volumen del canal correspondiente.
    Fue el último intento de permitido por Indovina antes de perder la esperanza. Ironías góticas.