La  aparición y el trabajo de un grupo como The Dø clasifica el tiempo y el espacio que ha sucedido a la posmodernidad: lo híper. Esto viene a definir no el fin de las vanguardias sino una diversidad de las mismas, los ideales revisitados, las estéticas puestas para ser legitimadas.

En dicha diversidad impera la mezcla, en la que se labora e improvisa. En este sentido, la obra de este dúo es una muestra ejemplar del tinglado cultural en el que estamos insertos. ¿Cuál? El de los nuevos hallazgos de la cultura contemporánea.

Conforme el jazz y las músicas populares se establecen de manera firme en las composiciones académicas, los resultados obtenidos con esa libertad creativa se han aproximado más a los cartabones de la música pop y el rock que a sus modos de formato extendido.

Fotografía: Môsieur J., bajo licencia de Creative Commons.

De esta manera, existen ya ejemplos de compositores clásicos que incorporan las formas de la escena popular a sus obras (a las que hacen intimar con elementos sinfónicos y de cámara). The Dø representa este caso. Con él, los dos géneros musicales se han acercado aún más y sus creaciones se erigen en una fusión que no cesa de enriquecerse.

Olivia Bouyssou Merilahti (de origen finlandés) y Dan Levy (francés) son la dupla detrás de The Dø y los responsables de originar discos interesantes, frescos y divertidos. Las suyas son piezas innovadoras, hipermodernas absolutas, por el hecho de estar plagadas de influencias musicales perceptibles así como de alardes de imaginación a la hora de realizar las mezclas con los géneros y estilos.

Merilahti, la encargada de las letras –con una profundidad que va del romanticismo al realismo urbano–, además de tocar la guitarra, los teclados y el ukulele, es poseedora de una voz dúctil, con distintos registros, emotiva y ejecutora de una vocalización distintiva.

Levy, de formación clásica, es el responsable de las composiciones orquestales y los arreglos musicales de los temas. Toca diversas percusiones, la batería, el bajo, la guitarra, la armónica, el sax, la flauta, el piano y otros teclados, el xilófono, el glockenspiel y las programaciones.

The Dø se formó en Francia en 2005. Cantante y multi-instrumentalista se conocieron en París durante la grabación de la banda sonora original de la película francesa Empire of the Wolves y posteriormente colaboraron en The Passenger y Camping sauvage. Congeniaron y él la invitó a que conociera su estudio.

La primera vez experimentaron un poco con los instrumentos. Al principio discrepaban en todo. Levy sólo escuchaba jazz y música clásica. Olivia, rock y pop. Al cabo de un tiempo y de intercambiar materiales, algunos amigos escucharon los temas que habían realizado como divertimento y los animaron a grabar y a presentarse en concierto.

El dúo comenzó a componer e interpretar temas de indie rock y folk rock (en idioma inglés, por principio estético) y a mezclarlos con otros estilos musicales. Fue precisamente esa combinación de sonoridades lo que hizo tan atractivos sus discos. Cada track de los tres álbumes que han publicado hasta la fecha, A Mouthful (2008), Both Ways Open Jaws (2011) y Shake, Shook, Shaken (2014), tiene algo distinto y sorprendente para ofrecer al escucha.

La inclinación por realizar arreglos (intrincados, barrocos, de cámara o avant-garde) que evoquen imágenes está en directa relación con la vinculación de Levy con la música sinfónica, pero el hecho de que cada corte sea tan característico tiene más que ver con que, según él, cada canción debe ser un cortometraje independiente y exclusivo.

Después de escuchar sus álbumes queda claro que para lograrlo se sirvieron de cuanto instrumento y sonido tuvieron a su alcance. Por eso en ambos se pueden escuchar el crossover o la mezcla de indie rock y folk rock con influencias que van desde la música clásica hasta el jazz, el blues, el rhythm & blues, el bebop y el hip-hop, por no mencionar el rock & roll, el post punk, el art-rock, la electrónica e infinidad de cosas más.

The Dø se reinventa en cada corte. Su propuesta es de una complejidad técnica notable y llena también de sabores electrónicos y una rica orquestación. Sin embargo, en ambos discos los artistas se las ingenian para mantener la sensación de ligereza y de inmediatez.

El nombre del grupo se supone que deriva de la primera nota de la escala musical (Do), nota que, a su vez, también es la última, representando así lo nuevo y lo antiguo. Aunque por igual se ha manejado que es un juego de palabras formado por las iniciales de sus nombres propios (Dan y Olivia).

En la variedad de su propuesta se percibe una magnífica cultura musical en ambos integrantes, tanto en la compleja instrumentación de Levy como en los diferentes registros vocales de Merilahti, quien además ha aportado las influencias de The Knife, Bat of Lashes, Björk, Beck, The Cardigans, CocoRosie o The Fiery Furnaces, entre otros.

The Dø presenta de esta manera discos llenos de giros sonoros sin miedo a probar, por lo que se alza como una propuesta atractiva y renovadora de la oferta musical del mundo. En ella es tangible que la actitud y la atmósfera engendradas tanto por la academia como por la escena popular han despertado sus imaginaciones expresivas.

La fusión en este sentido resulta en una circunstancia creativa en pleno desarrollo (work in progress), mientras que quien los escucha sabe que los purismos, por fortuna, ya son lacras en extinción.