Es vieja, mucho más que el rock, y a pesar de ello nadie ha decretado su muerte. La música electrónica, no obstante remontarse a principios del siglo XX, vive un momento intenso, mediático, de gran producción. Las ondas de este movimiento telúrico llegan a México, aunque en realidad en este país la corriente sonora se practica desde la década de los setenta; sin embargo, por esos detalles de ausencia de memoria tan frecuentes en estos lares, suele vérsele como algo reciente.

Luis “Bishop” Murillo es uno de los impulsores de esta tendencia; pero además de eso, está preocupado por documentar la misma. Es un trabajo que desarrolla como músico y como historiador, aunque los frutos del último aún están por verse. Recientemente se dio a la tarea de curar un box set en el cual reunió a 60 exponentes de distintos estilos, épocas y geografías al cual tituló The Random Experience of Nothing (TREON) y cuya edición, limitada a 500 ejemplares, se distribuye gratuitamente.

Como otros de los artífices de la electrónica nacional, Murillo ha visto cómo ésta ha atravesado por diferentes etapas. Desde una inicial, caracterizada por el desprecio y el rechazo, en la que incluso los mismos rockeros “eran los primeros en marginarla porque decían: ‘eso ni siquiera es música’”; su paso “por el inicio de la última década de un siglo/milenio que se veía muy positivo”, hasta llegar al presente, cuando todo en apariencia se antoja boyante.

Al respecto dice: “Desde el 2010, hasta nuestros días, predomina el estándar comercial. Hoy tenemos un gran mercado de música electrónica, enormes representantes nacionales, festivales cada fin de semana, eventos con artistas internacionales, fiestas, clubes, escuelas de música electrónica, marcas de equipo con representación directa en nuestro país. Significa que es un mercado al cual poner atención y mi reflexión es: que exista tanto no significa que estemos viviendo los mejores momentos. Para mí es lo contrario, nos encontramos en la rampa descendente de la decadencia que comenzó en el segundo lustro de la década pasada”.

Motivado por esa falta de atención a una serie de propuestas más sólidas y alejadas de, por ejemplo, la figura del DJ que cada vez ha perdido respetabilidad, “Bishop” decidió compilar una muestra de la escena nacional en cuatro discos empacados en una caja metálica y la razón, dice, fue “una cascada de sorpresas. La que me genera ver la cantidad de artistas que existen en nuestro país. La que me provoca saber que algunos ni se conocen. La que de manera negativa me producen los altos estándares comerciales que diluyen muchos contenidos para crear únicamente cultura de consumo, atrayendo gente con fuegos pirotécnicos en los que el show es la experiencia general y la música es únicamente un elemento de la fórmula en el que el artista/DJ sólo es otro bufón maquillado. La que me provoca ver cómo algunos artistas van quedando en el olvido. Para mí son héroes nacionales que nos dieron libertad creativa, que lucharon contra la tradición conservadora”.

La selección de quienes aparecen en TREON fue por invitación, sin un género o estilo específico en mente, “sólo que tuviera una calidad promedio y pudiera enriquecer el concepto general”. Se cursaron cerca de 150 invitaciones y la respuesta fue de menos de la mitad; lo más notable en la selección es la casi ausencia de exponentes femeninas. Señala el curador: “De las 15 o 16 que invité, sólo respondieron dos, una de ellas envió un track de 17 minutos que era imposible meter al CD. La otra fue Mabe [Fratti], ella fue alumna mía hace un par de años, no le mandé la convocatoria sino que escuché el tema que incluí [‘Todo lo que quería saber’] y me fascinó, así que se lo pedí directamente y me encantó cerrar con él la compilación; es uno de los mejores momentos del disco para mí. Ella no es mexicana, es guatemalteca, pero como decía Chabela Vargas: ‘un mexicano nace donde se le da su chingada gana’”.

En TREON, como se explicó antes, se dan cita productores legendarios (Carlos Vivanco, Ford Proco, Oxomaxoma, Roberto Mendoza, Samir Menaceri “quien no editaba algo desde hace más de 20 años”) al lado de otros que han logrado internacionalización (Cid Project, Circuito Cerrado, Equinoxious, Kampion), con otros de nuevo cuño (NRMN, KUMAA, Dimitri Berzerk), así como demos que jamás habían visto la luz (Zofa, Suspicious Mind).

Comenta Bishop: “TREON es gratuito. Como disquera no venderemos ninguno. La mayoría de las copias son para los artistas y ellos podrán o no venderlos bajo su criterio. Se van a regalar 100 en el fanzine de Constelaciones en la piel (https://constelacionesenlapiel.wordpress.com) y el resto se repartirán en el extranjero. Se puede escuchar y descargar gratuitamente en https://subunda.bandcamp.com/ que es mi sello”.

En 1980 apareció Vía Láctea, el álbum del grupo del mismo nombre que en realidad es el proyecto de Carlos Alvarado, en ese entonces también tecladista de Chac Mool y con el cual se inaugura formalmente el comienzo del género en este país. Han pasado casi cuarenta años en los cuales se han registrado altibajos; sin embargo, a veces queda la sensación de que los avances han sido paupérrimos. Dice Luis Murillo: “Existe mucho interés por la producción, por escuchar música de exponentes nacionales; sin embargo, la gente sigue sin pagar por la música y los shows, no asiste incluso si a veces es gratis, te apoyan los mismos y ellos también se cansan y quieren ver otras cosas. Lo que me lleva a reflexionar que necesitamos la música en distintos grados. Algunos queremos hacerla porque necesitamos sacar algo desde nuestro interior, exorcizarnos, sacar los demonios y cuando los depositamos en un track no sabemos qué hacer o qué sigue y lo primero que pensamos es ‘que lo escuche alguien más’. Algunos son más inteligentes y buscan venderlos, crear ganancias y expandir su territorio de escuchas. Algunos verán un ‘producto cultural’, sólo falta la etiqueta y el empaque. En cuanto al público que escucha, la necesita para decorar sus días, espacios de trabajo y estudio; para llenar el vacío con ornamento sonoro. No quieren acumularlo, sólo que se diluya en el espacio, como pasa en la fiesta, para que acompañe el momento de decir salud, de expeler demonios con los amigos a copa alzada, ahí está la música para sellar el momento que desaparece al choque del cristal. Otros necesitan guardarla en estantes, cajones o repisas, porque saben que algún día será medicinal o antes les alivió el alma y detuvo el desgarre emocional. Me parece que estás tendencias no sólo se van a conservar sino que crecerán exponencialmente, como lo hemos visto en los últimos 20 años, en que todo ha venido cambiando, incluso los propios estándares que forjó la industria. Cada vez tendremos más interés y más música, tendrá que haber especialistas en separar contenidos”.

A manera de cierre, concluye: “TREON es una experiencia muy personal de ver la música electrónica mexicana en distintos contextos temporales y geográficos, de estudiarla e intentar comprender el antagonismo y la fuerza creadora, impulso necesario para la generación de cultura. Se me ocurrió azarosamente cuando me preguntaba hacia dónde voy como productor, hacia dónde vamos todos con el acelerado crecimiento, dejando atrás diversos valores y contenidos. Me interesa traer a aquellos que considero valiosos y sumarlos a los que en la marcha vamos ganando”.