Tapón de boca para el anciano talibán del rock. No terminaba, acá su menda, don viejito rockero purista, de predicar en este espacio —y a propósito de Jimi Hendrix— la inexistencia de obras conceptuales dentro del actual gran mercado de la música popular de la era eterna del postrock, cuando una amable y sabia amiga melómana metalera de ojo colorado, @Dusk Esthep, me hizo llegar la grabación Fear Inoculum de la banda estadounidense Tool.

¡Y, chin pum cuas, que me doy cuenta de que me había equivocado de ida y vuelta con mi juicio de añejo ruckeño mal reposado y que me muerdo la lengua y que me la tengo que tragar con chorros de sangre purificante!

Luego de ver mi derrape cuasi-senil, me puse un buen mecatazo de mezcal artesanal, para cerrar la herida autoinflingida y luego entoné este Mea Máxima Culpa por escrito.

La regué, mis cuates, y por ello corrijo con este juicio mi apendeje, sorry.

¡Qué cosa, chico! ¡Este concepto todo concepto de Tool con Fear Inoculum me conmovió y desquició hasta las raices! ¡De golpe se me quitó lo burro del anciano berrinchudo que soy, para ponerme a volar danzante y volante y jovial en plan meta-cha-cha-cha rockero y ya! ¡Ligerito como el aire!

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En sus dos presentaciones (en forma física, con siete piezas, y en forma digital, con diez), Fear Inoculum es una obra de rock conceptual perfecta. Es El Concepto. Porque no es una ópera ni una comedia musical. Tampoco es el fondo musical para otra cosa. Es una construcción de una exactitud sublime. Un sistema modular de carácter holista sostenido en siete partes. Como una catedral atea hecha para dialogar igual con Heidegger y Wittgenstein que con Dylan y Lennon. Una gran telaraña de rock y filosofía. Por eso no cabe en un libro de los antigüitos de tinta y papel.

La arquitectura de la música y la geometría de la locura, como crítica de la violencia cotidiana y como invitación a madurar en la autoconciencia crítica de la libertad en acto, Theoría de La Autonomía; no dejar de madurar, porque también se madura en la rebelión emancipadora del estar en contra de lo normal que es la vacuidad nihilista. Saber convertirnos en libertad puesta en acto, día a día, paso a paso, latido a latido; porque debemos unir lo eterno innombrable con el instante igual de innombrable, saber pendular entre finito e infinito, unidos en la trama de un conjunto de imágenes poético-musicales, como las siete piezas de Fear Inoculum. Más el aporte otro de la sustancia audiovisual que agrega el empaque material de la edición de lujo de esta grabación de Tool, una banda muy de vanguardia cinematográfica. Así que todo en este objeto de presencia virtual deviene pensar el pensar con música e imágenes visuales, para hacer cambiar el concepto del ser social en un@ mism@, tanto en lo individual como en lo colectivo, y todo según el influjo de novedad crítica de la sociocultura del rock subversivo y su “sé tú mismo”. Una cuestión subterránea, de poca gente, ya que deshace lo huero del espectáculo de las corporativas y sus trade marks.

El título mismo de esta obra, Fear Inoculum, contiene un sinfín de connotaciones inmediatas y así expresa un concepto multimodal, analéctico. No una, sino muchas verdades; los hechos que comunica.

De acuerdo al estilo de las anteriores grabaciones de la agrupación, se producen muchos efectos de choque entre términos en apariencia contrarios. Se habla del miedo que “se” (nos) inocula, el miedo que siempre está aquí, y también se habla de lo que nos inocula contra el miedo, lo que nos da valor. Y en otro campo semántico de cruces de significado entre el latín y la lengua inglesa, se habla del miedo como mal de ojo, el miedo que está en los ojos, el miedo que entra y sale por los ojos. Un miedo inevitable, el malestar en la cultura; reconocerlo y razonarlo, reconocerlo y dominarlo. Ver lo adverso de la realidad, donde siempre vamos a morir. El miedo de miedos que debemos experimentar de forma autoconsciente para poder sobrevivir y madurar como personas; porque se habla de sentir y nombrar los miedos que sí están allí, contra nuestra voluntad, inevitables, los miedos contra los que debemos inocularnos con un amor supremo, que incluya, por supuesto, al amor por el miedo.

Fotografía de fotobriggs bajo licencia de Creative Commons.

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Sí, por la vía de la misma amistad metalera que he mencionado más arriba, yo ya tenía noticia, desde hace tiempo, de la presencia de Tool como grupo con personalidad propia, con una identidad subterránea y contracultural. Escuché sus primeras grabaciones, que no me parecieron malas; pero también me dejaron con un quién sabe qué de no los entiendo bien, porque no hubo click de enganche, probablemente fue por mi natural resistencia talibana a lo actual del post-rock. Como que sus letras y música no me decían mucho, las sentí como cosas distantes y muy rabiosas, casi como berrinches de adolescente y no más. Ahora mi juicio ha cambiado por completo: al regresar a escuchar de nuevo esas grabaciones, esta vez encontré el camino que conduce de modo claro y directo hasta esta obra excepcional: Fear Inoculum.

La suma total de la obra de Tool es un bosque en el bosque, un cúmulo de árboles de grandes y altos troncos con largas ramas. Un giro ultrabarroco de música y pensar profundo.

Tool es una banda formada durante la última década del siglo XX, su líder es Maynard James Keenan. Para este su quinto álbum, la integran Danny Carey (batería, percusión y sintetizador), Justin Chancellor (bajo), Adam James (guitarra) y Keenan (voces), con la adición de Lustmord, que produce los efectos de sonido de olas y agua. El productor fue “Evil” Joe Barresi, dirigido por Keenan y apoyados ambos por un amplio equipo de ingenieros y técnicos de grabación especializados para cada uno de los instrumentos musicales.

Durante sus ya cosa de treinta años de carrera como grupo de rock, se les ha clasificado de muchas maneras, no pocas de ellas contradictorias entre sí; pero la constante es adjetivar su música como “cerebral”. Hay quienes los definen como rock progresivo, otros como rock psicodélico, unos más como punk metáfisico y no faltan quienes los ven como rock de arte o rock cinematográfico; pero también se les clasifica como transgresores del metal progresivo, pilares del metal alternativo y post-rockeros ultrafilosóficos. Lo cierto es que son afortunadamente inclasificables.

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El concepto invisible que ordena Fear Inoculum es el número siete (7). Una cuestión interpretada de múltiples formas por la banda, formas que van desde la geometría abstracta hasta la cábala mística, lo mismo que van desde la astronomía hasta las moléculas elementales; siempre dentro de una profunda deriva poética de vanguardia, tanto en la música como en las letras. Los tiempos musicales de las piezas básicas que integran la construcción se conjugan con el número siete y el total de las canciones base del proyecto es siete también; lo mismo vale para las letras y su estructura como versos, también para los planos del montaje final de la grabación. Dentro de la trama de las canciones encontramos la narración de una vida en siete momentos decisivos, una vida al mismo tiempo individual y colectiva, singular y plural, vibrante. Momentos ordenados de acuerdo a la asociación libre y no de modo lineal novelesco. Parece que todo se recuerda en el momento de la muerte del sujeto existencial, son recuerdos decisivos, la muestra de que todo en esa vida ha tenido sentido, que vale la pena vivir de modo intenso y razonable, para luego desembocar en la nada definitiva de la muerte. Y se acabó. De eso trata todo, de toda una vida y su sentido como experiencia de madurez.

El producto es un amplio montaje de grabaciones, un empastelamiento de cintas; alquimia del estudio y la consola de grabación, magia de la mezcla. Porque esto de la producción de sus álbumes es uno de los trabajos más serios de Tool como equipo, no es algo que se deje en manos de un técnico ajeno a la ejecución de la música.

Fotografía de fotobriggs bajo licencia de Creative Commons.

Fear Inoculum es una obra del realismo fantástico; pero no es surrealista ni dadaista, porque, ya en tal caso, es más que nada pop gótico melancólico. A lo rock neopsicodélico metálico de California. Como novela de Thomas Pynchon, por ejemplo. Una obra donde se dice que todo lo de madurar de modo autónomo es cosa de inocularse contra el miedo y de saber crear cosas y acciones con sentido para el ser universal, por voluntad de poder. Corresponde a una fantasía que sólo se puede llamar “hollywoodesca” y, ya andando en esas, es mejor decir y pensar que es: “jolygwdezca”, porque el proyecto real distorsiona el modelo, lo hace de veras humano y raro, muy raro, por eso mero. Cine negro con intenciones críticas, como de película de Robert Bresson. La culpa del pecado original de la violencia y la redención por medio de la razón autocrítica y el sentimiento de la melancolía gótica. Poesía sentimental. Es el cine norteamericano visto y hecho desde un profundo conocimiento del cine europeo visto desde el punto de vista del cine globalizado. Donde no hay fronteras y ego. Porque el relato medular y polívoco de Fear Inoculum no es cine para la taquilla y la masa tragapalomitera, sino cine experimental norteamericano, cine para el intelecto que imagina a lo libre, cine todo mental e imaginario que, sin embargo, ocurre real en lo más real; un documental conflictivo con apoyos de ultra-ficción meta-alegórica, lo que se vive para no ser miedo, una película en la que se quiere hacer visible lo invisible, el silencio de la luz y los colores. El arcoíris de la experiencia interior en tono ácido de cine de horror existencialista.

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La primera pieza del concepto tiene un título epónimo del álbum, “Fear Inoculum”. Corresponde al momento del caos, el punto que une la hora de la muerte con la del nacimiento, luz y oscuridad, todo y nada; el punto donde se cierra el ciclo y se encuentra el sentido final que da en la nada, la nada original y definitiva. Se nace entre miedos, como una exhalación del miedo mismo, y se debe llegar a la muerte siendo inmunes al miedo, tal es la paz última, la exhalación de la vida, la culminación. Asombra la exactitud en la ejecución instrumental de esta pieza y en el montaje de las grabaciones que la integran; algo que se logra igual de excelso en las demás partes del concepto. Música hipnotizante para girar como derviche, hasta tocar el azul del cielo. Comienza el viaje.

“Pneuma”, la segunda pieza del conjunto, corresponde al paraíso. Antes del pecado original que separo al árbol de la vida del árbol del conocimiento. Es el “aire” que respiramos, para existir, para pensar, para soñar, para sentir miedo. “Somos espíritu ligado a esta carne…”. Una criatura despierta, se da cuenta de ser la luz, la luz encarnada y la carne iluminada, por efecto del miedo y el impulso de contrarrestarlo. Ser un instante efímero de luz en lo eterno de la noche universal. Respirar, continuar respirando, obedeciendo la orden de respirar, alma en el cuerpo.

Paso siguiente, la persona se configura, la identidad se desfigura, por un momento se siente “Invencible”. La imagen del diluvio y sus contradicciones ilumina varios instantes de su vida: en la vejez piensa en su juventud, mientras que de joven piensa en su senectud; en la vejez se siente invencible porque no murió joven y en la juventud se siente invencible porque cree que no envejecerá. Espíritu guerrero en el tiempo, los ojos se le llenan de lágrimas cuando reconoce haberse engañado con falsas esperanzas, al seguir los fantasmas de Ponce de León y creer sin razón en la fantasía de la fuente de la eterna juventud. Cuando la clave del juego es cosa de seguir la verdad del tiempo, saber envejecer y llegar en paz a la muerte, un proceso que comienza sabiendo ser joven en la juventud. Ganar la paz de la muerte. Tal es el auténtico destino del alma guerrera. (Y, sí, así es, las letras de Keenan son muy ambiguas en las cuestiones de género y sexo).

El cuarto paso del retablo, “Descending”, plantea un anticlímax, cuando la persona choca con lo duro y fijo del presente. Es un cuadro dantesco en situación de expresionismo abstracto, una caída libre a través de nuestra medianoche nihilista, cuando la oscuridad es absoluta y parece que nunca regresará el día. El epílogo de nuestra fábula. Una situación plural, nuestra, común, porque nos comunica comunicarnos, reconocer el peso del presente y saber que todo lo vivo ha de morir y que todo lo que piensa en eso es triste para siempre, que tal es la divina condición humana. Dejar de no ser, bajar al suelo de lo real, caminar por donde todo va, sin ofrecer resistencia absurda, para aceptar la verdad que perdura. Salir de la calma absoluta, al llamado a las armas y al orden, para sacralizar la nada de donde venimos y a donde vamos, danzantes guerrer@s, llamando a la luna llena. Aquí es bueno atender al trabajo de la guitarra, porque demuestra por qué Tool es una banda de rock… y ya.

De allí debe venir la conciencia de la conflagración, “Culling Voices” (“Voces de sacrificio”). Lo hermético y oscuro, el metal negro de lo gótico cavernoso, el quinto elemento del retablo de los siete elementos, cuando la fabricación de la piedra filosofal como luz de la conciencia intensifica el carácter plural del yo y del ser, la cosa mental en sí. Todo lo nuestro, por ser mortales y con miedo, la voluntad de poder sobrevivir es psicopatía, interacción imaginaria, por medio de ideas, con altos grados de malentendido. Un malestar en la cultura y el goce de la comunicación, el deseo anti-social y la realización de la utopía, la parte maldita del erotismo, tener que aprender a ser por nuestro propio sentido y siempre con un sentido de sociedad. Porque la realidad la hacemos significar todos a la vez, aunque nos confundamos aún con la ilusión del binario y la falsa dualidad permanente. Somos violentos porque somos la sociedad sacrificial, la del mito de Caín y el asesinato del hermano, todavía. Hacemos que todo sea sobre la sangre derramada de las víctimas, el exceso en la destrucción por voluntad, la crueldad del teatro de la libertad. Entonces debemos ver que el “yo” me engaña todo el tiempo, necesito de “nosotros” para estar donde se unen tiempo y espacio, donde voces incorpóreas profundizan mis tendencias sospechosas de querer sobrevivir, por lo que tengo que dudar de mí, tengo que intentar establecer las conversaciones que no hemos tenido, a fin de suspender el sacrificio, cambiar de vida. Tener lo que nos falta de control del miedo para sobrevivir de modo más justo y sabio. Escapar de la jaula del miedo fantástico. Escuchar las voces del tiempo, el azul infinito del silencio. Vivir en verdad el milenio de la gran liberación, la experiencia interior de la comunidad abierta de las almas nobles, las voces del tiempo, nuestro espíritu. Mi “yo” me engaña al hacerme desear desterrar a todos los demás, el sentido del ser es ser con todos, sin egoísmo.

Nuevo desvío, otro anticlímax, el sexto paso de la obra, “Chocolate Chip Trip”. Una pieza instrumental. Manifiesta lo sublime del montaje de grabaciones y la capacidad del grupo para ejecutar la música. Da un tono agridulce a la historia que se cuenta, pues al mismo tiempo representa el veneno del miedo y la vacuna que lo evita. Si las otras piezas tienen duración de más de diez minutos, ésta dura menos de cinco. En verdad integra la síntesis musical del todo y entonces predomina de modo sublime la sonoridad electrónica de la música virtual, que es como generalmente será escuchado este concepto, y afortunadas serán las almas nobles que los escuchen interpretarla íntegra en vivo.

Y la consumación de la obra es “7empest”. Sí, así se escribe, con el “7” en vez de la “T”. La tempestad del número siete que se presenta como alegoría de las contradicciones de la realidad humana, la realidad social del yo individual como cúmulo de identidades. Interpretar lo que dice la letra de esta canción requiere de mucho espacio y tiempo. Estamos en el clímax del álbum como El Concepto del Rock. Cuando se amarran todos los nudos y la red queda terminada y la imagen que nos entrega es el rostro del miedo que es nuestro propio rostro. Para que todo comience otra vez y todo, siendo igual, llegue a un final diferente cada vez y en cada quien.

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El Concepto, he dicho, es tan amplio que no se deja atrapar bien por las explicaciones y definiciones. Sólo se le puede señalar de lejos por este medio. Su importancia es enorme. Así es como me dan ganas de seguir interpretando todo lo que encuentro en Fear Inoculum. Quisiera describir con detalles técnicos las cualidades de los arreglos musicales de cada pieza y lo complejo de las ejecuciones, más la calidad de las letras. Todo el trabajo de producción que lo convierte en música electrónica. Pero eso significaría escribir miles de caracteres más, cuando esta nota sólo desea ser una breve forma de corregir mi error al caer en la trampa de creer que todo tiempo pasado fue mejor, cuando resulta evidente que siempre lo mejor debe venir del futuro. Y por eso los invito a que escuchen y vean por cuenta propia Fear Inoculum de Tool. Quede hasta aquí esta corrección de mi rumbo crítico sobre el ocurrir y ser del rock.

 

 

2 comentarios en “Expectativas
Tool y la reivindicación del disco conceptual

  1. Fabuloso artículo y gran disco Salvador. No lo conocía.
    Muchas gracias y felicidades!!