La poesía nació para cantarse y de hecho la lírica fue desde el principio la más popular. Y si la poesía canta de los sentimientos, es lógico que se detenga y disimule en el amor erótico: pocas veces es explícito (Neruda, López Velarde, Rebolledo, Lugones), pero cuando lo es, no hay manera de disfrazarlo.

Intentaron disimularlo en su forma popular, en las canciones; la música ayuda a distraer al escucha, pero si se pone atención, es sorprendente cómo se describe el amor físico o cuando menos cuando se pide, se ruega, se exige.

Basta con recordar a los cantantes más populares para encontrar unos cuantos ejemplos: la arrogancia de Jorge Negrete al presumir “me he de comer esa tuna, aunque me espine la mano”; la metáfora en voz insinuante de Pedro Infante: “yo quiero ser un solo ser y estar contigo”; la petición demandante de Javier Solís: “llévame si quieres hasta el fondo del dolor, hazlo como quieras, por maldad o por amor” (o sea…); la sugerencia rotunda de Agustín Lara (“te dije muchas palabras, de esas bonitas con que se arrullan los corazones, pidiendo que me quisieras, que convirtieras en realidades mis ilusiones”); la picardía de Rubén Fuentes (“cariñitos de un instante y no volverlos a ver… los amores más bonitos son como la verdolaga: nomás les pones tantito y crecen como una plaga; y tienes otra ventaja si cultivas este amor: que cuando ya se te pasa, con un jalón se acabó”); las insinuaciones del autoerotismo (“voy a apagar la luz para pensar en ti”, “porque yo disfruto aun sin tu presencia”: Armando Manzanero); la elegancia de Luis Arcaraz (“soy prisionero del ritmo del mar, de un deseo infinito de amar y de tu corazón”); la fresez de Lolita de la Colina (“qué muchacho vivaracho, eres todo un pulpo”); las confesiones vergonzantes (“que fui paloma por querer ser gavilán”) o la confesión de cuando ya no (“soy un volcán apagado”) o el orgullo de los amores prohibidos (“tú me acostumbraste a todas esas cosas y tú me enseñaste que son maravillosas… de tu mundo raro y por ti aprendí”; “qué más da que la gente nos diga: conozco a los dos”) o la plena vulgaridad (“así le baja tu hermana al otro buey su maicito” de, quién lo dijera, Lorenzo Barcelata, quien también proclama: “quiero que sepas cuando oigas estas coplas, que tú ya no soplas como mujer”).

Los mexicanos no son los únicos que llevan sus súplicas a la canción: en 1960 Elvis Presley (“It’s Now or Never”), y en 1964 Roy Orbison (“Pretty Woman”), exclamaron “Be mine tonight”, aunque ya antes Cole Porter había dicho “Let’s Misbehave” e Irving Berlin anunció “Heaven, I’m in heaven”, explícito de una canción muy explícita: “Cheek to Cheek”. Y la muy sensual Kate Bush condensó en cinco minutos todo el monólogo final de Molly Bloom del Ulysses que es una de las partes más pornográficas del libro, según el criterio de las autoridades estadounidenses de los años veinte y treinta.

Se sabe que cuando invitaron a los Rolling Stones al programa de Ed Sullivan les pidieron moderación y entonces cantaron “Let’s mmmmmm the mmmmm together”, mas no disimularon el “sé que me satisfarás como yo te satisfaré”. Pero ellos hasta en las portadas de los discos eran atrevidos y en su primer éxito inmortal hablaron del sitio de las chicas atrevidas.

Pero no se esperaban que los Beatles fueran también explícitos: “Come on (come on), come on (come on)
Come on (come on), come on (come on); please, please me, whoa yeah, like I please you”, dijeron en su primer disco. Y disfrazaban sus aventuras sexuales en canciones como “Ticket to Ride”, “I’ll Keep you Satisfied”, “Day Tripper” e incluso en “Twist and Shout” (hay que recordar que los términos rock ’n roll y twist describen movimientos sexuales).

No tanto como The Doors, quienes eran unos obsesivos con el sexo: “Enciéndeme”, “Hombre de la puerta trasera” (sí, lo que nos imaginamos), “Ámame dos veces”, “Tócame”… Ni siquiera podemos hacernos disimulados con un conjunto tan fino como The Turtles que dice, sin tapujos, “Happy Together”, lo cual puede ser “felices juntos”, pero no “juntos y felices”; de hecho, es más adecuada la traducción “Orgasmo simultáneo”, título similar a la canción de John Lennon, aunque firmada por Lennon y McCartney, “Come together”.

Aunque nada es tan vulgar como una canción colombiana en versión de Pedro Infante: “Que me está diciendo la condenada / ese mordisco no sabe a nada… chupa que chupa que es más sabroso” o una de la primera época de los Locos del Ritmo: “¿Qué dirían de mí? ¿Qué dirían de ti? ¿Qué diría la gente si me viera todo el día ha-haciéndote el amor, el amor; ha-haciéndote el amor, el amor?”.

Mal pensado que es uno.