En cada campo cultural existen imágenes o lugares de una gran carga simbólica. En la historia de la música, hay una larga lista en la que destaca el cruce de caminos en donde, cuenta la leyenda, Robert Johnson le vendió su alma al diablo a cambio de que le fueran revelados los secretos del blues y se convirtiera en un intérprete excepcional.

Desde entonces, esos sitios en los que se cruzan los caminos y a los que hay que asistir a la medianoche para hacer tratos diabólicos a cambio de talento se han convertido en un referente casi mítico. Muchos músicos desean tener la posibilidad de acudir a esa cita para conocer los grandes secretos del arte a cualquier precio.

Esos crossroads solitarios y mágicos acogen la posibilidad de la revelación. La narrativa los ubica como lugares a los que se tiene que acudir en solitario, pero la aparición de When We Are Inhuman no sólo me hace pensar en el poder de atracción que conservan, sino en la posibilidad de que se conviertan también en un posible punto de encuentro. Si un solo músico hace el trato y obtiene dotes maravillosas, ¿qué pasaría en ese mismo punto si se encuentran artistas con distintas y poderosas personalidades?

En ello he pensado desde que escuché por vez primera a When We Are Inhuman, una incursión a tres bandas que provoca la convivencia y confluencia de distintas vertientes. Pero vayamos por partes.

Al que no es difícil imaginar arribando hasta la encrucijada de Robert Johnson es a Will Oldham, un veterano de larga carrera y varios alias en los que ha vaciado su pasión por el folk brumoso y refinado. Mayormente, lo conocemos como Bonnie “Prince” Billy y sus piezas lentas que conocen de las tribulaciones del alma. Se trata de una figura de culto que, aunque ha intervenido también en películas, no ha dado un salto definitivo hacia el mainstream, pero nos ha dejado la tremenda “I See a Darkness” que tiene enormes versiones que van de Johnny Cash a Rosalía.

El que pasa por un momento muy distinto es Bryce Dessner, quien forma parte de la aclamada banda, formada en Ohio y establecida en Nueva York, The National; ahí se explaya en un muy estilizado indie rock de corte intelectual que ausculta minuciosamente los intersticios de la vida adulta, pero que también desata la épica. El rock le ha traído gran reconocimiento, pero él se ha empeñado en hacerse de un lugar dentro de la música clásica que se compone en el presente. Ha podido vincularse con orquestas e instituciones para mostrar su otra faceta y recientemente publicó el álbum El chan (en el que incluye un concierto para dos pianos) y presentó en varias ciudades el proyecto multimedia Triptych (Eyes of One on Another). ¡Todo un artista conceptual también! Bryce está en posibilidades de emprender cualquier proyecto que le atraiga.

Oldham es de Louisville, Kentucky; Dessner procede de Cincinnati; el triángulo se completa con la presencia de una agrupación de Chicago, Illinois. Eighth Blackbird es un sexteto que también se inscribe en la música clásica contemporánea y que incluye vientos, cuerdas y percusiones. El ensamble tomó su nombre de un poema de Wallace Stevens y ha colaborado con Steve Reich y montado su propia versión de “Pierrot Lunaire”, una importante composición de Arnold Schoenberg.

Cada uno cuenta con un formidable bagaje para aportar a un proyecto conjunto y precisamente eso es lo que es: un disco en el que el folk gótico de Oldham se encuentra con los arreglos de cámara de Eighth Blackbird, mismos que le dan un sentido completamente distinto a canciones que usualmente se muestran acústicas o ligeramente electrificadas. Para mostrar el resultado enviaron por delante “Beast for Thee”, la cual atrapa con una belleza austera pero profunda. Se trata de la recreación de una pieza coescrita con Matt Sweeney y procedente del álbum Superwolf del 2005.

En el resto del disco encontramos reinterpretaciones de algunos de los movimientos de las Murder Ballades compuestas por Dessner y también el registro en vivo de “Stay on It”, original de Julius Eastman (compositor, pianista, cantante y bailarín), precursor en la combinación de pop y minimalismo que falleció en 1990. Pero no es todo, se incluyó también un clásico de la cultura de los Apalaches llamado “Down in the Will Garden”.

En los ocho tracks hay un gran respeto y admiración por el pasado, junto a un tono minimalista como hilo conductor. Todos los participantes pusieron por delante sus coincidencias y es por ello que llevaron un paso adelante “John Wayne Gacy Jr.” de Sufjan Stevens y crearon un tema independiente, “Underneath the Floorboards”, que queda como una prolongación del anterior.

Bajo las actuales condiciones de la industria discográfica, una obra así sólo es posible por medio de un sello independiente. Por fortuna, Bryce Dessner tiene el suyo, 37d03d, en compañía de Justin Vernon, nombre de pila de Bon Iver.

When We Are Inhuman simboliza una encrucijada y es un entrecruzamiento real. En su seno, parte del repertorio de Bonnie “Prince” Billy obtiene un nuevo rostro sonoro. Ahí están “New Partner”, “When Thy Song” y “One with the Birds” —segundo sencillo—, un conjunto que maximiza la experiencia sensible utilizando los recursos precisos. Es tiempo de creer incluso en los encuentros que parecen imposibles.

 

 

2 comentarios en “La encrucijada de When We Are Inhuman

  1. Una interesante aportación musical para disfrutar este fin de semana. Prometedora reunión de folk y muy humana. Gracias la guía.