Justo a tiempo para la temporada de otoño, el sexto álbum en estudio de Chelsea Wolfe (Sacramento, 1983) es la mismísima encarnación de esas misteriosas y nebulosas noches otoñales. Como instrumentista y compositora, Wolfe ha desarrollado su arte en una música meta-espiritual. La yuxtaposición de su voz que puede ser suave pero en momentos también enérgica, lleva al escucha a un universo fantasmal, oscuro e inquietante. Birth of Violence (Sargent House, 2019) es una obra de arte que complacerá a los viejos fanáticos y atraerá a nuevos oyentes.

Para poner el listón alto, “The Mother Road” es una balada acústica que destaca la voz declamatoria de Wolfe. La pista termina con un intervalo triunfante, con una intensa acumulación de sonidos que rápidamente desaparece en un estado de ánimo contenido. El ambiente oscuro e inquietante de todo el álbum es un elemento básico de la naturaleza expresiva de Wolfe. Canciones como “American Darkness” y “Dirt Universe” son tan ensoñadoras y cinematográficas en su composición que el álbum en su conjunto fluye muy bien con otros excelentes temas como “When Anger Turns to Honey”, “Preface to a Dream Place”, “Little Grave” y la homónima “Birth of Violence”.

La gótica mujer de 35 años que es hoy día Chelsea Wolfe muestra plenamente su talento en “Deranged for Rock & Roll”. La hija de músicos de country se mantiene fiel a sus atmósferas espeluznantes y terroríficas, pero se las arregla para hacerlas más animadas y excitantes, con una guitarra lenta y fuertes tambores de metal. “The Storm” concluye el disco, no en una dinámica de despedida sino en una frágil desbandada que es fiel a su estilo: una pista de un minuto de nada más que lluvia temperamental: suenan truenos lejanos, lluvia eléctrica, hay mucha oscuridad y es todo inquietantemente relajante e hipnótico.