Nuestra entrevistada en esta ocasión, para nuestro tradicional test psicodiscográfico, es escritora, editora y conferencista. Licenciada en Comunicación por la Universidad Anáhuac México, tiene una Maestría en Periodismo por la misma institución. Desde muy joven manifestó su pasión por el arte, hasta que empezó a escribir de manera formal en 1995. Publica la columna quincenal “Por una vida sexy” en la revista Vértigo Político y recomienda libros todos los viernes en el programa Sergio y Lupita, de El Heraldo Radio. En 2001 publicó su primer libro, y desde entonces ha dedicado su vida a la literatura, los libros y la promoción cultural. Estudiosa de la literatura, ha tomado cursos tan diversos como el Diplomado en Albures finos de la galería José María Velasco de Tepito y Grandes obras de la literatura antigua, en HarvardX.

Mónica Soto Icaza ha publicado seis libros de poesía, dos de cuento, cuatro novelas y una crónica de viaje para la colección “Los colores de la tierra”, de la Secretaría de Desarrollo Social. Además, textos suyos aparecen en antologías y revistas en Cuba, Venezuela y Argentina.

En 2004 fundó Amarillo Editores, sello con el que publicó a más de 300 autores en 200 libros.

Su novela Tacones en el armario está traducida al inglés con el título Heels for Kicks.

Entrevistada por escrito, esto fue lo que nos dijo.


Los días en mi vida tienen soundtrack, la música influye directamente en mi estado de ánimo. Por eso tengo mucho cuidado en lo que meto por mis oídos. El rango de géneros que me gusta escuchar es amplio y ecléctico, porque disfruto por igual una buena salsa que una buena ópera; bailo igual un reggaetón que un rock & roll; me deleito igual con el jazz, que con una sinfonía.

Por eso este cuestionario fue un verdadero reto y lo contesté con el primer disco que me vino a la cabeza, porque hay infinitas respuestas para cada una de las preguntas.

Un detalle curioso es que tengo una memoria musical impresionante. Si escucho las canciones una o dos veces, me las aprendo. Estoy segura de que tengo tanto espacio en el cerebro ocupado con canciones que por eso tengo tan mala memoria para todo lo demás (¿lo dije, o lo pensé?).

¿Cuál fue el primer disco que escuchaste?
Pipes of Peace, de Paul McCartney. La canción que más recuerdo es “Say Say Say”, porque mi mama la ponía miles de veces para enseñarnos las diferencias de pronunciación que había entre Paul y Michael Jackson.

¿Cuál es el primer disco que compraste?
Pies descalzos, de Shakira, como a los quince años. Lloraba con “Se quiere, se mata”.

¿Cuál fue el primer disco que le envidiaste a alguien por no poderlo tener?
Arias, un disco doble con las arias de ópera más famosas. No conozco a nadie que lo tenga, pero muero por él.

¿Cuál es tu disco favorito para manejar?
La revancha del tango, de Gotan Project. Para manejar en carretera. Me transporta a otra dimensión y hace que el tiempo fluya casi sin darme cuenta.

¿Cuál es el disco que mejores recuerdos te trae?
Wish You Were Here, de Pink Floyd. Ya sabes, un amor antiguo que se quedó para siempre.

¿Cuál es el disco que más te avergüenza tener?
Ninguno. Soy partidaria de enorgullecerme de mis gustos culposos.

¿Cuál es el disco que más lamentas haber perdido?
Rachmaninoff Plays Chopin. Soy muy fan de ambos; entonces, escucharlo era orgásmico.

¿Cuál es el disco que adquiriste más recientemente?
11 segundos de oscuridad, de Jorge Drexler.

¿Cuál es el disco que más te ha influido en la vida?
Carmina Burana, de Ray Manzarek (espero que Carl Orff no se revuelque en la tumba).

¿Cuál es el disco que prefieres para hacer el amor?
Café del Mar Chillout Mix. Y alguno de piano tranquilo.

¿Cuál es el disco que quisieras que tocaran en tu funeral?
Alguno de éxitos de salsa que tenga a Willie Colón, Gilberto Santa Rosa, Héctor Lavoe, Marc Anthony, etcétera: quiero que me despidan bailando.

¿Cuáles son los cinco discos que te llevarías a una isla desierta?
Back to Black, de Amy Winehouse; Queen Greatest Hits 1981; El amor después del amor, de Fito Paez; The Best of Chopin, de Halidon Music; The Segovia Collection, de Andrés Segovia.

Nota final: en ocasiones sufro de intolerancia musical. En esos momentos, lo único que me apetece escuchar es guitarra española y recientemente descubrí a Sharon Isbin. Su disco Sharon Isbin & friends: Guitar Passions es el que me salva la vida.