Felipe Pérez Santiago forma parte de esa generación de músicos a quienes se les abrieron las puertas de la movilidad al poder solicitar becas y aspirar a la posibilidad de estudiar en el extranjero. Es guitarrista, compositor y las más de las veces está implicado en un sinfín de proyectos.

Uno de ellos es Mal’Akh,  agrupación que por ahora hiberna. Mientras, se ha dado tiempo para registrar su obra en un par de discos (Mantis, 2014; Formika, 2018), escribir para ejecutantes como el cellista Jeffrey Zeigler o asentar obra en  registros como La tuba contemporánea en México (Cero Records, 2014).

En el ámbito del rock, Pérez Santiago es conocido por haber realizado los arreglos orquestales de Rock en tu idioma sinfónico I y II; pero trabaja en tantos proyectos a la vez que decidimos entrevistarlo.

Aquí la charla con Acordes y desacordes.


En una ocasión anterior comentaste que con Mal’Akh descubriste que no hay fronteras en la música y las mezclas funcionan cuando se trabaja con músicos serios y con ganas de hacer buena música.  ¿Eso es algo que aplicas a los proyectos en solitario que has llevado a cabo?
Totalmente, pero yo no los llamaría proyectos en solitario. Es gracias a músicos que a veces se me acercan, como el caso de Jeffrey Zeigler, o me acerco a ellos, como Todd Clouser o Vórtice, un ensamble fundado entre muchos músicos. Son proyectos que todo el tiempo estoy haciendo y que me enriquecen muchísimo, porque además de Mal’Akh, mi proyecto de toda la vida, todos estos son muy padres, ya que cada uno es con músicos distintos.
Todos estos trabajos lo que me provocan es un enriquecimiento tremendo.

Mantis, uno de tus discos, es un proyecto relativamente fuera de la parte académica. El primer track, “Post War”, presenta diferentes elementos sonoras de culturas que haces confluir.
Mantis salió en 2014 y la idea era hacer una compilación de mi obra electrónica hasta ese momento, la composición más antigua es de 1999 y la más reciente de 2014. Hay  tracks cien por ciento electrónicos como “Jingle Hell” o “Der Nacttflug” o “Danza de Ángeles”, pero la mayoría son colaboraciones con músicos como la que mencionaste que es para violín y electrónica, grabada por el  violinista Búlgaro Konstantin Tchakarov, quien me la comisionó y  estrenó en 2001. Incluye una obra con el cuarteto vocal holandés Egidius y dos con Jeffrey Zeigler. Quería mostrar mi trabajo electrónico, el hilo conductor es que todas las obras son con tecnología y partes electrónicas.

En Formika, otro de tus álbumes, las obras las interpretan la Camerata Metropolitana, Anacrusax, Ensamble Onix, pero es un disco más académico. Sin embargo, Mantis guarda resonancias con la música académica, más formal y Formika se acerca al rock de vanguardia.
Al rock progresivo, jaja. Formika es la misma idea que Mantis, pero en música acústica, de cámara, orquestal. Los dos tienen el hilo conductor de que yo nací con la vena rockera, decidí  tomar un camino más académico porque quería expandir mi conocimiento de la música y sentía que la manera de aprender lo más posible era estudiar la carrera de composición clásica y la verdad sí, me abrió unas posibilidades que aún no termino de explorar y probablemente no terminaré de explorar, pero mi vena, mi estilo natural, mis influencias casi siempre vienen del rock progresivo, el de vanguardia, el experimental y de allí empiezo a generar una pasión por el jazz, el free jazz y comienzo a abrir mi cabeza a otros estilos de música, pero nunca he querido negar, ni voy a negar mis bases rockeras.

Actualmente trabajas en un proyecto con el Search for Extraterrestrial Intelligence (SETI).
Algunas de las mentes más importantes de este planeta están trabajando en este instituto, incluida la cofundadora del mismo, la doctora Jill Tarter. Este instituto lanzó un programa de residencias artísticas con la  premisa de que arte y ciencia no deben estar separados y me llamaron, lo cual es un honor porque soy el único músico que forma parte del SETI hasta ahora. Me invitaron a hacer un seguimiento del disco dorado [enviado en la sonda espacial Voyager] y a componer una obra que representara a la humanidad. Sin embargo, no me parecía correcto que la obra fuera mía, porque no represento a la humanidad, apenas a una pequeña parte de ella; entonces pensamos en lanzar una app en la cual se convocará a gente de todo el mundo para grabar 30 segundos de su voz, cantando una canción que los represente en su cultura, tradiciones o el entorno donde viven. Con estas voces voy a componer la “Earthling Simphony”, la primera de muchas obras que se van a lanzar al espacio. Cuando consiga terminarla,  vamos a tener un estreno mundial. Primero pensé en usar una orquesta, pero ésta representa a Europa y si pensé en Tambuco es porque he trabajado con ellos y lo más primitivo para el ser humano es su voz. La segunda forma en la que se empezó a hacer música fue con la percusión que representa ese primitivismo, el ritmo une a todos los seres humanos, mientras una orquesta no es representativa de la humanidad, pero sí todos entendemos el pulso y la mayor parte de la música está basada en un ritmo. [En la obra, además de Tambuco, el plan es incluir a Jeffrey Zeigler y al flautista Horacio Franco.]

Otro de tus proyectos reciente es Vórtice.
El proyecto era crear y dirigir un ensamble de música contemporánea, pero que se dedicara a hacer música para públicos más amplios. No fue una  iniciativa enteramente mía, la propuso el violinista Leonardo Chávez y entre él, Gerardo Aponte y yo le dimos forma. Es un ensamble que en su formación es tradicional (flauta, saxofón, pino, percusión, violín, viola, cello y contrabajo y en algunas obras toco la guitarra eléctrica), pero queríamos que su repertorio no fuera tradicional: tocar música de los siglos XX y XXI, elegir obras que, creemos, pueden acercar al publico a la música de cámara. La música de cámara y sobre todo la música contemporánea tienen muchos estigmas, algunos de ellos bien ganados; pero para mí la música es comunicación y el público está acostumbrado a ciertos estilos y a ciertas formaciones; el escucha común casi siempre oye música ligada a instrumentos eléctricos, ¿pero qué pasa si nos acercamos a ese mismo público con instrumentos acústicos? El 6 de septiembre vamos a musicalizar una línea de perfumes, llevar a la música a un plano sensorial, olfativo. Como siempre, en la búsqueda a veces la riegas, a veces no.

¿Qué compositores incluye Vórtice hasta el momento?
Steve Reich, Arvo Part, Andriessen, hacemos adaptaciones de Radiohead, Led Zeppelin, B 52’s, de distintas músicas del mundo: sones huastecos, veracruzanos, tangos. La idea es  integrar la mayor cantidad de culturas y estilos.

Hay miradas como la de Apocalíptica o Rodrigo y Gabriela que hacen ese tipo de lecturas con arreglos que despojan a la música de su esencia, ¿qué va a hacer Vórtice para que no le suceda eso?
Antes del Ex Teresa [una de sus presentaciones más recientes] hicimos un concierto entre amigos y allí presentamos “Immigrant Song” y un amigo muy metalero me dijo que nuestra versión era mucho más agresiva que la de Led Zeppelin. Intentamos no perder esa esencia porque la verdad luego puede sonar como música de Sanborn’s. Sí, queremos respetar el estilo, que no caiga en el homenaje clásico. Tratamos de respetar mucho el sonido original, pero con nuestro sonido.

¿Cuál va a ser la intención con este material?
Obviamente queremos grabar, queremos que el sonido madure, porque llevamos pocos conciertos. Lo que se va a hacer con los perfumes, aunque es una obra pequeña, se va a grabar y será nuestra primera experiencia en el estudio.

rtice presentará una instalación sonora-orodífera el próximo 6 de septiembre en la Galería L, Alfonso Reyes 16, Col. Condesa a partir de las 19:00 hrs.