Proveniente de las huestes de Iranti, un proyecto que derrochaba afecto en cada acorde y que partió del mundo sonoro legándonos el disco Origami (2015), pequeños mantras canoros acompañados de finas guitarras eléctricas, Carla Rivarola rescata las oraciones de aquella intención, deja a un lado el amor filial y se viste de negro para presentarnos su lado más oscuro.

Medula silvestre (2019) es el nuevo álbum como solista de Rivarola, con el que nos canta al oído y con la voz más dulce que el nihilismo no lo es todo y que hay que aceptar el principio de cada uno como un dogma de fe y reconstruirse así. En Médula silvestre la poesía se convierte en experiencia mística; por tanto, deja de ser poesía y vale como una experiencia de la trascendencia, la libre experiencia de la música, un combate de lo mismo contra lo mismo, como cuando la música desposa alternativamente lo que quiere a cambio de lo que puede, lo que puede a cambio de lo que quiere y ya a favor de su poder eufónico, ya a favor de su deseo, pasa y vuelve a pasar de todo en un organismo, en un núcleo salvaje, en una médula silvestre.

Tal pareciera que las canciones en este álbum estuvieran escritas por niños inconformes que han quebrado ya toda inocencia, para instalarse en la posición cómoda de la maldad; pero perder la inocencia en el mundo de afuera es terrible y hay que recuperarse entonces en el mundo de los afectos, esa es la línea narrativa en Médula silvestre.

El disco fue grabado entre octubre de 2018 y febrero de 2019 en estudios y closets de la Ciudad de México. Se trata de una co-producción de la misma Rivarola (dirección musical y arreglos), con Mike Brie (guitarras) y Nacho Sotelo, bajo el apoyo de Ahmed Bautista y Mercadorama.

Con Médula Silvestre, Carla Rivarola asume su feminidad como ninguna y se nos presenta como la resistencia de los pararrayos, la competencia de la combustión, el voltaje que se alimenta del contacto; una ruptura contra toda decencia, toda conveniencia, toda ley natural. Es la belleza en un jardín salvaje y creo que la poesía debe tener algo así, algo en lo que ser bárbara, vasta y brutal… Como la médula de una mujer.

 

 

Un comentario en “La médula de una mujer

  1. Buen texto, Mixar. Me es grato saludarte aunque quizás ya no me recuerdes.