El próximo 4 de mayo, el sello mexicano Hole Records, fundado por los integrantes de Tajak en 2015, llevará a cabo la segunda edición del Hole Fest, una interesante y vital reunión de algunas agrupaciones de corte experimental provenientes de diferentes partes del país como Lorelle Meets the Obsolete, Los Kowalski, Sei Still y Par Ásito, entre otros.

Uno de los nombres que forman parte del cartel es el de Ariel Guzik, personaje de amplia trayectoria en el ámbito de la música experimental y quien ha grabado hasta el momento cuatro discos (Plasmaht, FONCA, 1996; Ballena gris, CONACULTA/FONCA, 2003; quinas, FONCA/Casete, 2013 y Cordiox, Von que representó a México en la 55 Bienal de Venecia en 2013) y ha dedicado prácticamente toda su vida a reproducir la música “que todo ser vivo  lleva dentro” (Proceso, 14/12/1996) en el Laboratorio de Investigación en Resonancia y Expresión de la Naturaleza, del cual es fundador, donde se exploran los fenómenos de la resonancia, la electricidad y el magnetismo para la invención de mecanismos que den voz a la naturaleza por medio de la música.

“Acordes y desacordes” charló con un personaje que si bien es músico, también tiene algo de inventor y científico, con el pretexto de su inclusión en el citado festival, dado que sus apariciones en directo no son muy frecuentes.

¿Cuál es el eje rector que ha alimentado su obra a lo largo de los años?
Una necesidad de volver la mirada a la naturaleza y posarla ahí, de forma sostenida. Una búsqueda de la belleza subyacente en las expresiones propias de la Tierra para su valoración diáfana y contemplativa. También busco indicios de algún punto de encuentro con otros, además de un lugar, no desde la apropiación, sino de pertenencia al mundo. 

¿Cómo surgió el interés de capturar la música que todo ser vivo lleva dentro, ya sean plantas o animales?
No sé si se puede decir que los seres vivos llevan “música dentro”, pero sí me resulta de enorme interés encontrar lo pulsante, lo vibrante de los seres y fenómenos de la Tierra y la resonancia o empatía que los unifica. No es nueva la exploración de los fundamentos armónicos de la naturaleza y la misión de nuestro laboratorio –un colectivo de colaboradores con diversas visiones y vocaciones– es preservar y compartir esa búsqueda.

Uno de sus objetivos ha sido volver audible la naturaleza, ¿qué es lo que ésta le ha transmitido en estos años?
Si bien hay algo entrañable y misterioso en las señales que mis colaboradores y yo podemos percibir en nuestras experiencias de campo y ese misterio nos nutre y gratifica muy a fondo, podemos también ver muy de cerca que estamos perdiendo la trama que unifica a los seres que habitan la Tierra. La vida en el planeta está teniendo que poner mucha de su energía en sobrevivir frente a un caos expansivo y persistente, ante una perturbación alarmante de elementos, desde el agua, el aire y la tierra, hasta el espectro radioeléctrico. Como sabes, la Tierra encara ahora una nueva fase de extinción, en esta ocasión somos nosotros los protagonistas centrales de esa transición. 

Sus instrumentos inventados son atractivos a la vista, a veces son gigantescos, pero en ellos siempre procura conjugar la hermosura del diseño con la eficiencia de una máquina. ¿Qué busca cuando fabrica uno de ellos: belleza, funcionalidad?
Me interesa en primera instancia la belleza inherente a la propia funcionalidad de los instrumentos. Pero también tengo una especial debilidad por la estética de máquinas, naves e instrumentos de otras épocas y en el caso de mis instrumentos de cuerdas, uso técnicas de laudería clásica. Te respondo más a fondo con este fragmento de un texto que escribí en torno a Cordiox, uno de mis instrumentos, y que es el más “desnudo” en términos de su apariencia ligada a su funcionalidad: “Cordiox es un instrumento que bien pudiera haber sido creado en la segunda mitad del siglo XIX. En buena medida, su diseño se inspira en una visión que culmina en esas épocas, plenas de invenciones relacionadas con el estudio de la física en sus manifestaciones primarias, a partir de preguntas, sólo preguntas, previas a las aspiraciones subsecuentes de explotación industrial, en los albores de la guerra de patentes y aplicaciones prácticas que derivó de esa fiebre de descubrimientos y que prevalece hasta el día de hoy.

Los instrumentos para investigar la naturaleza de la luz, el espacio, la gravedad, la electricidad, el magnetismo, el sonido, las fuerzas mecánicas, la radioactividad y el calor, ¡el tiempo!, eran imaginativos artilugios dotados de una notable belleza que obedecía más a su naturaleza diáfana y orgánica que a una intención estética y que abrían camino para que  esos fenómenos cantaran a través de los instrumentos y emergieran como alguna forma de expresión ante los sentidos. El científico–inventor se asomaba y deleitaba (o frustraba) según el grado o contundencia de la expresión, que abría a su vez la puerta a nuevas preguntas e invenciones. Aquellos instrumentos de investigación llegaban a ser verdaderos descriptores coloquiales de los fenómenos a los que se acercaban. Le daban voz a la naturaleza. Otorgaban un gran valor a la comprensión subjetiva de dichos fenómenos sin deslindar los sentidos del entendimiento nato (asumiendo, por ejemplo, que el ojo representa en sí mismo la naturaleza de la luz). La contundente bellezade esas máquinas analíticas (y del aparataje matemático que las acompañaba), dotaba a la ciencia de esa elegancia que es ahora frecuentemente abatida ante los efectos obnubilantes de la tecnología serial: esa maquinaria depredadora de misterios”.

En 2015 presentó el Holoturian en el Festival de Arte de Edimburgo. Hasta donde tengo entendido, este aparato ha permanecido en el mar ya unos años, ¿qué resultados ha obtenido?
En realidad Holoturian sólo ha viajado al fondo del mar una vez, en San Juan de la Costa, Baja California Sur, en 2018. Esperamos que sus inmersiones se hagan en muchos mares del mundo. Es una cápsula que no espera resultados prácticos, está concebida para enviar temporalmente plantas embajadoras de la Tierra al fondo del mar, a manera de ofrendas sin expectativas utilitarias. En algún texto lo describo así: “…se trata de un vehículo que transporta la vida frágil al mar profundo. Representa la fragilidad resguardada, la belleza puesta a salvo, la sobrevivencia. También se relaciona con lo invisible. Una ofrenda que en su estancia en las profundidades del mar no tendrá testigos humanos”.

Grabó Música para bailar con La Cocina; cuenta con cuatro grabaciones como solista, ¿tiene planes para grabar un próximo disco?
Aquel antiguo vinil, sica para bailar, fue el registro de los encuentros que teníamos en los años ochenta para hacer free jazz. Le tengo aprecio a ese disco, pero mi trabajo no continuó en la misma línea. Estamos por publicar este año un nuevo disco: Campo blanco, un cuidadoso registro del Espejo Plasmaht, la Cápsula subacuática Nereida y las Ventanas Armónicas de Cuarzo. Está grabado y producido por Alejandro Colinas y Emilio Gálvez y Fuentes, quienes han realizado y producido todas las grabaciones de mis máquinas e instrumentos, así como los registros sonoros de campo que hemos hecho en el laboratorio durante los últimos veinte años.

¿Qué va a presentar en el Hole Fest?
Va a ser una sesión de escucha de registros de mis instrumentos y su actividad de campo y fondo del mar, con puntuales intervenciones en vivo. No tengo muy claro aún el programa.

Me llama mucho la atención que se presente en este festival que organizan jóvenes talentosos, ¿qué lo decidió a participar?
Me resulta sorprendente y gratificante recibir una invitación de jóvenes para un evento de esa naturaleza y me pareció necesario responder a la invitación. Por otro lado se han incorporado al laboratorio jóvenes colaboradores, propositivos y muy talentosos, como Gabriela Galván y Tobía Tomasi, quienes participarán activamente en el evento.

Hole Fest, 4 de mayo, Galera (Dr. Carmona y Valle 147, Col. Doctores).