Los nombres son afortunados, pero no siempre describen apropiadamente la esencia de aquello que denominan. En el caso de la extraña asociación —por las procedencias, por las tendencias— entre el bajista Les Claypool y el guitarrista-baterista-vocalista Sean Lennon, todo se resume con acierto en el último vocablo: Delirio.

Claypool y Lennon coincidieron en un momento de reposo de sus bandas y el bajista lo invitó a trabajar a su casa. El resultado fue Monolith of Phobos (2016), álbum debut que a pesar de su factura no logró un éxito devastador, probablemente porque en los tiempos actuales esperar eso de un disco, de cualquier género, es cada vez más utópico.

De Primus, Claypool trajo ese bajo retumbante, obsesivo, grueso, el chispeante humor y esa raíz funky jazzística que en él ya es distintiva; por su parte Lennon —a quien ser hijo de un “genio” no ha beneficiado en demasía— llegó de The Ghost of a Sabber Tiger Tooth con un arsenal de sicodelia que, extrañamente, no ha sido del todo reconocido.

Sean Lennon, fotografía de Pablo Tupin-Noriega bajo licencia de Creative Commons.

Por instantes, Monolith of Phobos es un continuo viaje al pasado, un guiño a la sicodelia sesentera inglesa, a la confluencia del ácido con el rock progresivo (“Cricket and The Genie (MovementI, The Delirium)”), a la inclinación a tejer imaginativos pasajes pastorales, aparentemente idílicos, pero en los cuales crepita una imaginación  efectivamente delirante.

Les Claypool, fotografía de Thomas Ceddia en dominio público.

Antes de la aparición de South of Reality (2019), la más reciente producción de The Claypool Lennon Delirium, hay un EP en el cual, por si hubiera duda, se fijan definitivamente las coordenadas de la dupla. Lime & Limpid Green (2017), originalmente pensado para el Record Store Day y ahora disponible digitalmente, recoge cuatro versiones a “Astronomy Domine” (Pink Floyd), “Boris the Spider” (The Who), “In the Court of the Crimson King” (King Crimson) y “Satori (Enlightenment), Pt. 1” (Flower Travellin’ Band). Es una selección en la cual campean la sicodelia, el rock progresivo, el humor —evidente en su acercamiento a “Boris the Spider” y el coro de “In The Court of the Crimson King”— y que funciona como antesala para la nueva placa del dueto.

Basta escuchar los cortes que abren South of Reality  (“Little Fishes” y “Blood and Rockets”) para regresar en el tiempo, sentirse cerca del Sgt. Pepper’s o del Magical Mistery Tour con sus explosiones de sicodelia aunque con una perspectiva renovada, porque si algo define a esta agrupación son sus ganas de regodearse en el rock progresivo y la sicodelia, pero no por ello convertirse en una caricatura del mismo y mucho menos ser tributaria del pasado.

Hay en este álbum un viaje continuo por la imaginación, sonidos que surgen del fondo para crear atmósferas y pasajes alucinantes, chispazos de humor como en “Boriska” —un alienígena proveniente de Marte y con dotes de clarividente— o momentos en los cuales la presencia del Oriente otra vez guiña el ojo a The Beatles (“Cricket Chronicles Revisited”), instantes cuando el virtuosismo sale a relucir (“Easily Charmed by Fools”) y el bajo de Claypool brilla hasta encandilar. Lennon no le va a la zaga en los solos de guitarra (“Amethyst Realm”).

Adentrarse en The Claypool Lennon Delirium es como tomarse un cuadro de ácido, de inmediato llegan las sensaciones viajeras, espaciales, los colores chillantes, los lugares mágicos y utópicos, las nubes que viajan  lentamente y de las cuales se desprenden objetos formando una hermosa lluvia (“Today’s Man Hour”).

No sé si a Claypool o Sean Lennon sea pertinente llamarlos genios, pero aquí la suma ha resultado fructífera. South of Reality es un disco degustable en cada uno de sus cortes, equilibrado, impecable en su producción, un álbum que habla desde su portada y afirma la existencia de muchos mundos y donde uno de ellos, el sonoro, es uno más, aunque tal vez el más deslumbrante.