Aarón Cruz no necesita demasiadas presentaciones. Se trata de uno de los grandes bajistas y contrabajistas del jazz y de otros géneros afines en México. Gracias a su enorme talento y su gran versatilidad, es uno de los músicos más activos de la escena nacional. Nacido en la Ciudad de México en 1970, la revista especializada  Contratiempo Jazz lo describe como un músico “de formación autodidacta, cuyo único maestro de contrabajo fue Agustín Bernal. Estudió guitarra clásica, después clarinete y a los dieciocho años un vecino de la colonia Portales le propuso hacer un grupo de rock, fue la primera persona en ponerle un bajo eléctrico en las manos. Su acercamiento inicial con el jazz fue escuchando la radio en casa de sus padres. De niño le emocionaba ese tipo de música, igual que la clásica o la de los Beatles. En 1994, comenzó a explorar formas libres en el género al lado de Remi Álvarez y en los años dos mil empezó a tocarlo formalmente. Ha participado en diversos proyectos musicales al lado de Iraida Noriega, Héctor Infanzón, Enrique Nery, Eugenio Toussaint o Cráneo de Jade y, más recientemente, junto a Hernán Hecht y Todd Clouser en el grupo A Love Electric. El músico que más admira es Jaco Pastorius”. Con Aarón Cruz es nuestro siguiente “Sin cortes”.

Fotografías: Jesús Cornejo, cortesía de Aarón Cruz

¿Cuál fue la última película que en verdad te estremeció?
Pues mira, me encanta el cine, veo todo lo posible, aunque hace mucho que no voy a una sala cinematográfica por cuestiones de trabajo. Aparte, las últimas películas que llegué a ver no me gustaron nada. Pero hace poco, retomé de mi colección de discos DVD Diarios de motocicleta, de Walter Sales, que hacía años no veía y en su momento me gustó. Ya no la recordaba y al volver a verla, me emocionó porque me encantan las road movies, las películas de carretera, y esta está muy bien hecha, muy bien actuada, muy bien escrita, tiene muy buena música. Por esa cinta —que originalmente vi en el cine—, por una canción que suena al final, conocí a Jorge Drexler. Yo no sabía quién era él, pero me quedé como siempre a ver los créditos, vi su nombre, empecé a investigar y así conocí su obra que me gusta mucho.

¿Cuál fue el último libro que también te emocionó?
En este momento estoy muy entusiasmado con José Trigo, de Fernando del Paso.

¿Cuál es el personaje de ficción con quien más te identificas?
Por gusto de juventud, porque en la adolescencia lo conocí y me cautivó, me encanta Sherlock Holmes. Me fascina este personaje que, como bien dice Borges, vive en tercera persona (porque quien lo narra casi siempre es el doctor Watson). Vive en su mundo, es súper observador, le importa un cacahuate si la Tierra es plana o es redonda. Pero en lo que hace, es buenísimo. Siempre me apasionó, me gusta mucho leerlo y me identifico mucho con él. 

¿Cuál es el mejor álbum de todos los tiempos?
Uy, imposible para mí decirlo. Soy músico. En todos los ámbitos musicales hay una maravilla. No podría hablar de uno de jazz, uno de clásico, uno de rock porque hay muchísimos en cada género. No me atrevería a señalar uno, porque de inmediato vendría otro a mi mente. Aparte, mi gusto musical es muy amplio, me encantan discos de lo más variado que te puedas imaginar.

¿Cuál es el logro del que estás más orgulloso?
Haber decidido tocar el bajo. Cuando tenía 17 años, un vecino se enteró de que yo tocaba la guitarra. Él quería formar un grupo de rock, me audicionó y me dijo: “Tocas bien, pero mejor toca esto” y me puso un bajo en las manos. Yo no conocía el instrumento, no sabía cómo se tocaba o cómo se afinaba. No tenía idea de lo que era, aun cuando ya lo percibía, porque desde niño había percibido claramente las líneas de Paul McCartney, los walkings basses de Ray Brown, y me dije: “Claro, es ese sonido profundo que suena detrás de todo”. Al año ya estaba tocándolo. Me cautivó tanto que decidí ser músico, dejé la prepa y la escuela para siempre. De ahí pal real, ya nunca lo dejé y no me arrepiento en absoluto. Claro que tuve maestros; el principal, Agustín Bernal. Me formó en el contrabajo desde cero.

¿Cuáles son tus bajistas predilectos?
El que me tiró de cabeza desde el principio por llevar al bajo eléctrico a un punto de instrumento solista creativo fue Jaco Pastorius. Pero también me encantan, en el rock, Chris Squire, Paul McCartney, Sting, John Entwistle, John Paul Jones… y en el contrabajo, Ray Brown, Gary Peacock, Dave Holland…

Tú quieres ser recordado por…
En realidad eso es algo que no me importa. Aunque para la gente cercana a mí, me gustaría ser recordado por mi capacidad de escuchar. Creo que soy un buen escucha, es algo que me gusta: escuchar el discurso musical o verbal de las personas.

¿Quiénes son las personas anteriores a ti que más inspiradoras te resultan?
Primero que nada, la familia cercana: mis padres, mis abuelos, la historia familiar. Mi padre es pintor y mi madre es modista. Fueron los rebeldes de sus familias. Se salieron de su ámbito familiar con el fin de formar su propio mundo y haber tenido la valentía para hacerlo y darnos una vida súper digna es toda una inspiración. A sus ochenta años, ambos continúan activos: mi papá sigue pintando y mi mamá sigue estudiando filosofía. Pero todas las posibilidades creativas y hasta destructivas que puede tener el ser humano, también son una fuente de inspiración.

¿Cuál es la obra maestra de cualquier arte de la que hubieses querido ser autor?
Me gustan las cosas pequeñas, de secreta complejidad, para citar de nuevo a Borges. Me gusta mucho el grabador japonés Hokusai. Vivió casi cien años y a los 70 dijo: “Creo que estoy empezando a aprender, creo que ahora voy a empezar a dejar algo de valía”. Dejó unos grabados espectaculares, pero también dibujos muy delicados y muy discretos. Belleza sublime para mí: pájaros, un venado visto de espaldas… Me encanta, de algo suyo me hubiese gustado ser autor. Por el lado de la música, me hubiera encantado, ya que yo no compongo y sólo soy intérprete, haber escrito “Song without Words” de Igor Stravinsky. Es una delicia, una canción que le compuso a su hija cuando él tenía 21 años, una pieza de dos minutos realmente maravillosa.

¿Cuáles son tus talentos ocultos?
Soy muy visual, me encanta tomar fotos. Me fascina ver, tomar imágenes y compartirlas. También he descubierto que me encanta cocinar, encontrarle la química a la comida; se me ocurren ideas de combinaciones y se logran. Me gusta mucho manejar en carretera, fácilmente hubiera sido camionero. Afortunadamente, como músico viajo mucho y tengo muchas oportunidades de ser yo el que maneje en carreteras de Europa, de Sudamérica, de Norteamérica. Es un placer reciente y parece que lo hago bien.

¿Cuál es el mejor consejo que alguien te ha dado en la vida y que tú has seguido?
Tal vez de mis padres, algo muy simple: haz lo que haces de la mejor manera y sé atento con la vida y con la gente.

¿Qué es lo mejor que alguna vez has comprado, robado o pedido prestado?
Hay una buena historia de algo que robé. Un buen amigo de mi padre visitó mi casa y llevó su colección de cassettes para ambientar la velada. Llevaba uno de Oscar Peterson que me volvió loco (yo tendría diez años). No se dio cuenta y se lo robé. Ese cassette me lo acabé de tanto oírlo y oírlo y volverlo a oír. A la postre me enteré, porque mi amigo el pianista Héctor Infanzón tenía el disco en su casa, que era una grabación en concierto, en Moscú, del trío de Oscar Peterson, con Ed Thigpen en la batería y Ray Brown en el contrabajo. Ese cassette fue el preludio a todo lo que vendría en mi vida.

¿Cuándo compraste tu primer bajo?
Más que el primero, el que yo elegí y que sigue siendo mi bajo eléctrico principal, lo compré hace 25 años. Lo vendían usado y mi maestro Agustín Bernal lo iba a comprar, pero no tenía el dinero y yo sí. Le pregunté si no le molestaba que yo lo adquiriera y se lo gané, digamos, jaja.

¿A quién invitarías a cenar a un buen restaurante y a cuál lo llevarías?
Invitaría a la actriz francesa Juliette Binoche, pero no a un restaurante: yo le cocino.

Si viajaras en el tiempo, a dónde, en qué época y por qué irías?
Fíjate que no lo sé. Porque disfruto tanto mi tiempo, o lo sufro, que trato de vivirlo lo mejor posible. No soy muy dado a la nostalgia, no pienso que todo tiempo pasado fue mejor, trato de vivir mi presente lo más plenamente posible. Pero así como fantaseando y ya que te hablaba del pintor japonés Hokusai, tal vez me gustaría viajar al Japón de su época, en el paso del siglo XVIII al XIX. Disfruto mucho del silencio. Me gustaría experimentar cómo se sentía el silencio de ese época y en ese lugar.

Esenciales en tu vida: ¿café, vodka, vino, cerveza, cigarros, chocolate, pan o…?
Va a sonar muy sangrón, pero lo esencial para mí es el agua. La disfruto mucho. En mi casa nunca tomamos refresco. El sabor del agua simple es básico, lo disfruto. Pero el café es importante, el vino es muy importante y últimamente el mezcal, no porque esté de moda sino porque ya llevo muchos años cultivando ese gusto y descubriendo que es una bebida sumamente compleja y deliciosa.

Si pudieras elegir, ¿a qué parte del mundo te irías a vivir?
Disfruto muchísimo la Ciudad de México. Tengo la fortuna de viajar y me importa mucho exponer afuera lo que hago. Me encantan las ciudades. No soy de campo. Me gustan París, Amsterdam, Bruselas y acabamos de ir a China y fue toda una sorpresa conocer la realidad de lo que pasa allá. Pero disfruto mucho la Ciudad de México. Es un centro de energía muy particular.

¿Qué quieres decirle a los líderes políticos de tu país?
Quiero preguntarles, a todos los políticos de cualquier partido: ¿qué van a hacer para que les creamos? No qué van a decir, sino qué van a hacer.

¿En qué estás trabajando ahora?
Estamos trabajando nuevo material con Hernán Hecht y Todd Clouser para A Love Electric. Yo estoy forzándome a componer, quiero hacer otro disco personal y estoy trabajando como toda mi vida lo he hecho, con mucha gente. Con Iraida Noriega, con Juanjo Gómez y otros músicos del ámbito del jazz. Pero también me meto en otras músicas. Me encanta colaborar con gente que hace música nueva, diferente, sin etiquetas; gente de todas las edades que está experimentando tanto cosas muy radicales de improvisación libre como canción. Respeto mucho las canciones. Cualquier persona que llegue con una canción y que me guste, yo quiero ser parte de eso. El de las canciones es un universo muy lindo, muy difícil de lograr. Por último, estoy preparando una gira con el joven guitarrista Daniel Torres y su grupo Dantor, de cantos polifónicos, con el que me voy este año a Brasil, país al que admiro mucho por su música y al que viajaré por primera vez.