La escena era lo único que contaba. Y teníamos razón. Entre semana pegábamos carteles, los fines de semana tocábamos en algún sitio, había bastante gente para que no nos diera la impresión de estar ensayando, planchábamos nuestros discos, no nos pronunciábamos en ninguna parte, no había intermitencia, no había mundo exterior al nuestro”, escribe Virginie Despentes (Nancy, Francia, 1969) en Vernon Subutex 2 (Literatura Random House, 2015). Son las palabras de Alex Bleach, “ángel caído del rock francés”, en un monólogo grabado en video, dirigido a Vernon Subutex, antiguo coleccionista y vendedor de discos.

Todo esto me recuerda a una persona de nombre Vicente Mena, ibérico punk en las barricadas contra el sistema, coleccionista irredento de discos de acetato, promotor musical, gestador de conciertos masivos, manager de Ana Curra (ex Parálisis Permanente) y fundador de la empresa Frontline, célula que organiza conciertos y giras de artistas españoles e internacionales de géneros tan variados como ska, hardcore, metal y punk.

Platiqué con Vicente Mena para “Acordes y desacordes” sobre la nostalgia del disco y otras cosas. Hubo un momento en el que pareció que irremediablemente el CD sustituiría al vinil. “Desaparecieron los 45 revoluciones. Parecía que no pasaba nada. Sabíamos y no sabíamos. Cada cosa, tomada de una en una, era anecdótica. No lo vimos venir en conjunto. Y aquel sueño sagrado se convirtió en una fábrica de meados”. Remata, como un revólver, Virginie Despentes.

El punk es una forma de ser que puede amoldarse a cada persona. Es variable, según la individualidad de cada uno. Hay tantos conceptos como personas: “amplitud de mente”, “autocontrol”, “ser uno mismo”, “simplemente hacer lo que quieres”, “reacción contra el sistema capitalista”, “ideas libertarias no opresoras”, “estructuras colectivas y libres”, “compartir”, “conocer gente”. El punk es simplemente una herramienta, puede servir para cambiar tu vida o puede convertirte en algo ridículo. ¿Qué representa este género para Vicente Mena?
El encuentro con el punk en su momento supuso un choque: su música era completamente diferente a lo que había escuchado hasta entonces y sus letras me hacían pensar. Al final, el punk se convierte en una manera de mirar o de ver el mundo que te aleja del sentir común, de aceptar lo que viene impuesto y de seguir las convenciones. Es mucho más interesante salirte del camino y aprender sobre la marcha, tratando de ser lo más coherente posible con lo que crees y crítico con todo lo demás.

Del top 10 de los mejores discos de punk de la historia que hiciste para Vinilos Blank Generation, ¿cuál es tu favorito y por qué?
Esto es algo que cambia continuamente. Unas veces me gustan más unos, otras veces otros… De esa lista te diría que London Calling, de The Clash, es un disco que para mí no tiene desperdicio desde la primera hasta la última canción y se agradece el compromiso político de la banda mostrado en sus letras. Si analizamos el disco desde la época en la que se publicó (1979), se trata de un trabajo avanzado para su tiempo. 

En el apartado de rock mexicano de La contracultura en México (1996), José Agustín sitúa a Dangerous Rhythm a la cabeza de un conjunto de bandas que fueron punta de lanza en el underground azteca y que con el LP Dangerous Rhythm, masterizado por Wally Traugott (The Beatles live at the Hollywood Bowl) y con la ingeniería de sonido de Max Reese (Tom Petty and the Heartbreakers) se convirtió en la primera agrupación de punk en México. ¿Qué opinión te merece esta icónica agrupación y en especial Piro Pendas, su vocalista?
No conozco demasiado a Dangerous Rhythm, pero una de las primeras bandas que escuché y tengo un especial cariño es la de los mexicanos Solución Mortal. Recuerdo su participación en un compilado en cassette llamado Eat Me, del sello Bad Compilation Tapes de Estados Unidos. También guardo Live at Fairmont, un cassette suyo que me envió Alejandro Domínguez “Böönz” del sello Death For Profit. Estas grabaciones las escuché multitud de veces allá por los años ochenta y las canciones “Maten a los chotas” e “Imperialistas” son imprescindibles. En la misma época fui descubriendo la fantástica escena de México y conservo cassettes de bandas como Masacre 68, Histeria, Sedición, Atoxxxico, Espécimen, Disolución Social, Xenofobia, Herejía, Síndrome del Punk, Rebel’D Punk etcétera.

“Coleccionar es una afición, miedo a la muerte, soberbia, hábito, pero también negocio. Coleccionar es echarse más peso en la espalda y volverse menos ligero”, me dijo alguna vez el escritor Guillermo Fadanelli. ¿Qué simboliza para ti coleccionar y por qué seguir haciéndolo?
Muy buena la frase de Fadanelli. Si te soy franco, nunca me he considerado un coleccionista. Es cierto que desde muy joven, cuando empecé a interesarme por el punk, hardcore y demás, fui guardando todo lo que caía en mis manos: fanzines, vinilos, cassettes, posters, flyers, libros, revistas, fotos, entre otras cosas. Por el cariño que tenía a ese material y los buenos momentos que me había proporcionado. Con el paso del tiempo se puede decir que he ido acumulando una colección, pero nunca fue esta la intención. Si le preguntas a mi pareja o a mis amigos te dirán que sí, que soy un coleccionista, pero quiero pensar que todavía no he alcanzado ese punto de obsesión (o eso decimos todos).

De entre la movida madrileña, el rock radical vasco y la rumba catalana, ¿con cuál te quedas?
No puedo ser imparcial en esta respuesta, porque crecí en el País Vasco hasta 1992, escuchando y asistiendo a conciertos de bandas como RIP, Eskorbuto, Cicatriz, Kortatu, La Polla Records, Vomito, MCD, entre otras. Fue una época muy agitada en la zona, con continuos conflictos políticos, sociales, laborales, por lo que esos grupos fueron la banda sonora perfecta para aquellos tiempos.

¿Cómo se cimienta el oficio de promotor musical en un país como España en los años 80 y qué rol jugaste en este crecimiento?
Cuando empecé a organizar conciertos, era una actividad relativamente nueva, sobre todo si nos referimos a estilos digamos más underground. No existían lugares habituales para el desarrollo de este tipo de eventos, a no ser que fueran pabellones deportivos para eventos grandes o edificios ocupados por los jóvenes para cosas más pequeñas. Era complicado encontrar una sala acondicionada, tal como son hoy día, donde poder organizar algo y cuando la encontrabas solía ser complicado volver a repetir porque los dueños no se quedaban muy contentos con la experiencia. No tengo conciencia de haber jugado un gran rol en el crecimiento, aunque fuimos los primeros en traer a ciertas bandas o trabajar con ciertos estilos que no entraban en los planes de promotores más grandes y establecidos. Muchos de los grupos más populares de punk, como los británicos, ya habían venido a España anteriormente, pero nosotros trajimos otros grupos, digamos, más extremos y desconocidos para el gran público, como pudieron ser Napalm Death, MDC, Kreator, Gorilla Biscuits, Ratos de Porao etcétera.

¿Cuál fue el primer concierto que organizaste?
Creo que fue como parte de la asamblea de jóvenes de mi pueblo, el 21 de junio de 1986. Organizamos un concierto en el polideportivo con Kortatu, Cicatriz, Potato y Malaña, para reivindicar un local para la juventud. Un año después de ocupar un cine del pueblo y convertirlo en Gaztetxe, me encargué de la organización del concierto del grupo norteamericano Fang y de una banda de la zona llamada Eskoria-Tza. A partir de ese momento y en ese mismo local, organizamos muchos conciertos con bandas como KGB de Alemania, Vómito, Subterranean Kids, Último Gobierno, Rhythm Pigs, Toxic Reasons entre otras. Así, de manera digamos más “profesional”, fue el concierto de Napalm Death y Soziedad Alkoholika, en el Gaztetxe de Egia, en San Sebastián, en 1990.

Desde finales de los 80 hasta hoy, Frontline se ha convertido en una estructura que realiza conciertos, organiza giras de artistas españoles e internacionales. Es especialista en bandas de géneros tan dispares como metal, hardcore, punk, hip hop, reggae o ska, aunque también están abiertos a otros estilos. ¿Cuál es el germen de Frontline?
Hubo un tiempo en el que dejamos la organización de conciertos, para dedicarnos sólo a la producción de los mismos y trabajar para otros promotores y fue aproximadamente en 1998 cuando volvimos a la acción y nos encargamos de co-organizar el Warped Tour en Madrid, con Bad Religion y muchas otras bandas. Creo que fue entonces cuando empezamos a utilizar el nombre de Frontline.

¿De cuál banda te sientes más orgulloso por haberla firmado?
Es difícil decirlo, pero traer a Gorilla Biscuits por primera vez en el año 1991 me hizo especial ilusión. Napalm Death por primera vez y MDC en 1990. RIP con Cicatriz en 1991. Ratos de Porao por primera vez en este país en 1992. GBH por primera vez en Lisboa, Portugal en 1996. Die Toten Hosen. Anti-Flag en el 2005, Suicidal Tendencies, The Accüsed y Dayglow Abortions en el 2007…

¿Cómo es que llegaste a Ana Curra, la reina del punk en España?
Conocí a Ana en mi etapa como production manager en The Revolver Club, a principios de los noventa. Ella visitaba la sala con asiduidad y tocó con Los Vengadores y El Ángel y los Volcánicos. Ocasionalmente nos fuimos encontrando y fue a finales del 2011, a raíz de la celebración del aniversario del bar de rock El Agapo, en donde Ana participó y nosotros nos encargamos de la producción del evento, cuando valoramos la posibilidad de trabajar juntos, ya que ella había decidido volver a los escenarios.

Sé que es una pregunta sumamente difícil, pero, ¿cuál es la joya que engalana a toda tu discoteca personal?
Hay uno que me gusta mucho, del grupo Septic Death, que lleva por título Crossed Out Twice, editado por el sello Bacteria Sour. Consiste en un pack que incluye un CD y un vinilo pequeño de color azul tamaño 5” (como si fuera un disco compacto). A esto hay que añadirle una presentación artística espectacular de Pushead. También me hace gracia una copia pirata y supuestamente editada en México del primer LP de Cicatriz. La mayoría de lo que guardo es bastante habitual, lo que puede tener un aficionado al punk. Por ejemplo, primeras ediciones de los singles y LP, de grupos como RIP, Eskorbuto, Último Resorte, TDK, Parálisis Permanente, L’Odi Social, Vulpess, MG 15, La UVI, etcétera.

¿Qué concierto te falta por organizar?
Me hubiera encantando haber trabajado con Parálisis Permanente, un grupo avanzado para su tiempo en España y con una fuerte personalidad. Con The Clash, una de las grandes referencias del punk a nivel mundial, no sólo musical, sino también lírica y estéticamente hablando. La mayoría de su discografía me parece imprescindible para todo buen amante del género. El punk no hubiera sido lo mismo sin ellos. Crass, aunque no tuvieron el éxito masivo de otras formaciones, fueron y siguen siendo una institución dentro del llamado Anarco Punk. Musicalmente fueron un punto y aparte y un ejemplo de que el punk no es sólo predicar ideas, sino que también se pueden llevar a la práctica exitosamente. No puedo dejar pasar por alto la estética que rodeaba todo el trabajo artístico de la banda y de su sello Crass Records. Haber trabajado con Minor Threat en sus días, hubiera sido también algo increíble. Otros que no sólo se limitaban a criticar, sino a poner en práctica lo que denunciaban. Pioneros del comprometido movimiento Straight Edge, con el que siempre me sentí muy identificado. 

¿Por qué seguir organizando conciertos?
Me gusta descubrir bandas que todavía no han venido a España y que tienen un público, muchas veces casi oculto, ansioso de verlos. También viejos artistas que hace mucho que no vienen por aquí, pero que conservan un nutrido grupo de seguidores que los esperan con ganas. La tensa y a veces estresante incertidumbre de cómo se desarrollará un concierto, si el público estará interesado o no. Y por supuesto, el directo en sí, cada día único y diferente, aunque lo que esté sonando sean canciones con años de historia. Resulta algo electrizante.