Luego de 25 años, el compositor John Zorn finalmente concluyó una de sus obras más ambiciosas, Masada, con la aparición de la tercera entrega del mismo: The Book of Beri’ah. A diferencia de ediciones anteriores —tomó doce años completar los 32 volúmenes que componen The Book of Angels—, en esta ocasión se lanzó el set completo de once álbumes, mismo que llevó, por lo menos, tres años en su elaboración.

Uno de esos once álbumes es Tiferet (Belleza), firmado por Klezmerson, agrupación liderada por Benjamín Shwartz (viola, piano, teclados) y que repite aparición en la serie (contribuyeron con Amon, el tomo 24 de El libro de los ángeles); además, con ello se convierte en la banda mexicana que más discos ha grabado en Tzadik Records, el prestigiado sello del saxofonista.

Para esta incursión, Shwartz contó con Carina López, (bajo), Gustavo Nandayapa (batería), María Emilia Martínez (flauta), Federico Schmucler (guitarra), Carlos Metta (percusiones, jarana), Mauricio Moro (saxofones) y Chatrán González (percusión). Como invitados aparecen Bernardo Ron, Alex Otaola y Todd Clouser (guitarras), Dan Zlotnik (sax), Omar Medina (jarana, leona), Edson Ontiveros y Rolando Morejón (violines), Jair Alcalá (acordeón) y José Paquito Hernández (bajo sexto).

Shwartz cuenta que después de Amon, John Zorn se acercó nuevamente a él para preguntarle si le gustaría trabajar de nuevo. Luego de la respuesta afirmativa del tecladista, Zorn le hizo llegar las composiciones y sólo le pidió que el disco “estuviera mejor que el anterior, lo cual fue mucha presión y más sabiendo que únicamente éramos diez ensambles. Tiferet tiene toda una tonalidad  netamente mexicana que lo hace diferente al resto de los grupos que se incluyen en El Libro de Beri’ah y en el proceso la banda se redujo a un cuarteto (Shwartz, Todd Clouser, Carina López y Gustavo Nandayapa). Nos presentamos a fines del año pasado en Viena y Sarajevo, pero la premiere del disco fue en 2017, en el Village Vanguard de Nueva York”.

El concepto de The Bookof Beri’ah está basado en la Cábala, la creación y las esferas de la vida; cada uno de sus discos representa una esfera y Tiferet está al centro, es la única que se une con las restantes y eso se detalla en la portada que es una especie de árbol o cuerpo formado de esferas, todo en blanco, salvo la esfera que especifica el número del álbum encerrada en un determinado color.

“Hashawah” el tema inaugural, tiene un comienzo cercano al folk (incluso hay allí una gallina que marca el inicio del track) y luego el grupo, sin ser explosivo, deja salir esa mezcla peculiar de klezmer, son y jazz que ya se ha vuelto su toque distintivo. Como entrada, anuncia un universo posible de sorpresas y conforme el CD avanza, éstas aparecen continuamente. “Middot” es más explosiva, pero los ecos de medio oriente, mezclados con el son, aparecen para hacer una apasionada entrega con la que uno no puede más que dejarse avasallar.

“Reshimu”, con sus toques de son huasteco, resulta exótica por esos sonidos que vienen encapsulados en una capa de klezmer que lentamente los envuelve; el concepto suena sencillo, su realización no, pero el mérito de Benjamín como arreglista es darle fluidez a ambos lenguajes sonoros y construir con ellos la cara de Klezmerson. El jazz y el rock afloran en “Sapir”, con un tremendo solo de guitarra de Schmucler; el corte es una muestra de música de baile, danzón, afroantillana, cha cha cha (el último cortesía de María Emilia Martínez en la flauta).

En Tiferet también hay algo de son cubano (“Ratzon”) y “Tomer”, con su mística judía, es la composición más “sacra” del conjunto, mientras “Nevekah” es uno de los cortes más tristes, en el que la impronta de Zorn como compositor se hace todavía más patente.

Klezmerson es un ensamble de exportación, con los problemas que ello implica (poca circulación de sus discos en el mercado nacional, más atención mediática en el extranjero, pocas fechas en su país). Hasta ahora se ha conservado como una joya conocida sólo por algunos y en la apertura de 2019, Tiferet ya se antoja como una página en la historia, porque el grupo avizora nuevos horizontes. “Ya hay ganas de hacer cosas nuevas, de producir más música propia, dado que las composiciones de los discos más recientes fueron de Zorn. Me toca ver qué tengo adentro”, concluye Benjamín Shwartz.