Durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, México se sintió más cerca que nunca del primer mundo. La incorporación del país al Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos y Canadá prometía a los mexicanos estar a la altura de sus vecinos del norte. En el mundo del espectáculo, el nombre de una mujer de origen mexicano comenzó a sonar en Estados Unidos como una confirmación de la irrupción de México en la esfera anglosajona: Selena (Selina) Quintanilla.

En una escena de su película biográfica (1997), tras descomponerse el camión que la transportaba junto con su grupo, un par de cholos gabachos se detienen tras reconocer a “Salinas” y tratan de jalar el camión con su auto, lo que termina por arrancar la defensa trasera del lowrider. Los miembros del grupo se muestran apenados y dispuestos a pagar el daño, pero el noble cholo no lo ve necesario: “Anything for Salinas”, dice satisfecho. Selena y Salinas se confundían en su mentalidad: ambos simbolizaban que “lo mexicano”, aunque estuviera en los márgenes, era importante.

Pero los sueños de grandeza se desvanecieron más pronto de lo esperado. El último año del gobierno de Salinas fue el más turbulento en la historia reciente de México. Enero de 1994 sorprendió con el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional; siguió el asesinato, en marzo, del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio; en julio, con Hugo Sánchez en la banca, la selección mexicana fue eliminada del Mundial en tanda de penales; en septiembre, fue asesinado el secretario general del PRI, José Francisco Ruiz Massieu; en diciembre, uno de los peores errores cometidos en política económica desencadenó la crisis del Efecto Tequila.

Todo eso ya era mucho para un par de niños norestenses nacidos en la década de 1980, pero todavía faltaba el asesinato de Selena en marzo de 1995. Uno de nosotros vivía en Monterrey y todavía recuerda el lugar exacto en el que estaba cuando se enteró de la noticia. Ese día, debido a la crisis, sus papás firmaron la venta de la casa donde creció, mientras escuchaba en la radio que habían asesinado a la reina del Tex-Mex. Más tarde, vio en el noticiario a Yolanda Saldívar, la asesina, encerrada en una camioneta mientras lloraba y apuntaba a su sien con una pistola. Las imágenes de aquella tarde le recordaron el asesinato de Colosio en marzo del año anterior, cuando al llegar a su casa vio cómo sus vecinas habían sacado la televisión al porche y desde sus mecedoras lloraban angustiadas la muerte del candidato. Esa muerte, sin embargo, no sería nada comparada con la de Selena. No es que Colosio no le importara, pero Selena era su prima, su hermana mayor, su vecina, su amiga. Era una figura aspiracional: una mujer que triunfó en una industria de hombres, que tenía valores familiares bien cimentados y que además era sencilla y carismática, no como la “güerita consentida” de Alicia Villarreal. Selena representaba, en otras palabras, un nuevo ideal del progreso regiomontano.

Monterrey había sido fundamental para el ascenso artístico de Selena. En una época en al que se hablaba mucho del fin de las fronteras, la música tejana logró consolidarse en el norte de México, luego de ser sistemáticamente rechazada. Para Selena y los Dinos el inicio no fue sencillo (en una primera presentación en Fundidora, fueron abucheados y atacados por el alcoholizado público), pero sabían que para triunfar en México había que ganar esa plaza. La primera presentación televisiva del grupo ocurrió en julio de 1992, en el programa Órale Primo, donde se promovió el sencillo “La carcacha” con un video grabado en Monterrey. La canción era ya un éxito y desde entonces el grupo no hizo más que ganar popularidad. Las visitas a la ciudad se volvieron frecuentes, incluyendo la participación en un programa de Verónica Castro, grabado en CINTERMEX a finales de ese mismo año. Ahí el grupo manifestó que hasta ese momento sólo habían hecho giras por el norte, pero pensaban presentarse pronto en Guadalajara y el Distrito Federal. La desaprobación del público al escuchar que Selena iría a las ciudades del centro del país evidenció que los regiomontanos se habían apropiado de su música y la habían incorporado de manera inmediata al repertorio regional.

El celo norteño no impidió que Selena transitara a los escenarios nacionales con suma rapidez. Siempre en Domingo, transmisión emblemática de Televisa conducida por Raúl Velasco, invitó a la cantante a participar en un programa grabado desde la Plaza de Toros de Monterrey. Según Octavio Ezquerra, encargado de programar los grupos para la emisión, el éxito de la cantante fue rotundo y cada presentación fue una garantía de buen rating, lo que se debió no sólo su talento sino a su atractivo físico.

Previo a un programa grabado en Miami, donde la cantante llegó con una falda “muy ampona”, Ezquerra le comentó que eso no lucía sus atributos y le pidió que usara ropa más ajustada, señalándole que parte de su éxito también se debía a sus grandes glúteos. Eso no debió ser sorpresa para ella, pues lo mismo había sucedido en Estados Unidos. Según Gaspar de Alba, la popularidad de Selena contribuyó a cambiar el paradigma de belleza no sólo para las mexicanas, sino para las hispanas en general. El mensaje era claro: ser blanca ya no era un requisito indispensable para figurar en los medios. Negrón-Muntaner añade que el trasero fue lo que permitió que Selena se identificara con un cuerpo pan-latino, de ahí que Jennifer López fuera elegida para interpretarla, aun con la molestia del público mexicoamericano.

La adopción de la categoría “latina” por encima de lo chicano le permitió a Selena una mayor proyección entre esa comunidad de los Estados Unidos. En 1993, colaboró con Barrio Boyzz, grupo neoyorquino de origen puertorriqueño y colombiano, grabando en inglés y español el sencillo “Donde quiera que estés”. Posteriormente, se planeó el lanzamiento de un disco en inglés, “Dreaming of You”, para mediados de 1995. La canción de ese nombre fue producida por Guy Roche, quien después se haría famoso por sus composiciones y producciones para Christina Aguilera, también de origen hispano.

Otro de los sencillos, “I Could Fall in Love”, fue escrito y producido por Keith Thomas, quien ese mismo año produjo “Colors of the Wind”, tema de la película Pocahontas (quien guarda un asombroso parecido con Selena, cuya madre tenía ascendía de nativa norteamericana). La apuesta por el mercado estadounidense parecía confirmar el ideal de progreso de una intérprete que, desde los márgenes, podía conquistar los grandes escenarios de ese país, aunque eso al mismo tiempo podía representar una traición a sus fieles seguidores del Tex-Mex.

El material nunca terminó de grabarse debido al asesinato de Selena, pero eso mismo aseguró su beatificación. Luego del estreno de la película, la cantante se volvió un fenómeno que trascendió la cultura regional y que recientemente tiene una gran presencia en muchas subculturas. Hoy no podemos negar que vemos con recelo que el público ajeno a la región donde crecimos idolatre a Selena, pues crecimos en la creencia de que ella era nuestra, con su mal español y con esa “pochés” que tienen nuestros primos de Houston.

No obstante, no podemos negar tampoco que Selena nos trasciende a todos. Selena y los Dinos fue el primer grupo tejano-norteño en presentarse en el Astrodome de Houston, estadio emblemático dominado por los símbolos de la cultura texana y estadounidense (el rodeo, el beisbol y el futbol americano). En un par de conciertos para la historia, en 1994 y 1995, Selena rompió el récord de asistencia y permitió con ello que una cultura híbrida y relegada irrumpiera en un recinto canónico para los texanos, de forma análoga a lo que hizo Juan Gabriel en Bellas Artes en 1990. De eso se deriva, quizás, que la trascendencia y vigencia de la figura de Selena tenga un dejo de universalidad y que pueda ser entendida no sólo como la reivindicación de una cultura marginal, sino como una expresión de la voluntad humana de volverse el centro desde la periferia.

 

Reynaldo de los Reyes Patiño
Estudiante del doctorado en Historia en El Colegio de México.

Mayra Jocelin Martínez Martínez
Maestra en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México.