Al final de la película Miles Ahead (Don Cheadle, 2015), es posible ver al propio director del filme en escena, encarnando a Miles Davis, al lado de músicos de la talla de Herbie Hancock, Esperanza Spalding, Gary Clark Jr. y Antonio Sánchez; el último, ocupando el banquillo de la batería. En su momento, dicha escena consiguió que muchos indagaran quién diablos era ese sujeto tras los tambores; sin embargo, el mexicano ya había incursionado en el cine. En realidad, justo un año atrás había atacado los oídos de millones de espectadores en las salas gracias a su labor en la musicalización de Birdman (Alejandro González Iñárritu, 2014), la obra que conseguiría que el de las baquetas se ganara la atención de los reflectores a nivel mundial. Sí, en buena medida es gracias a Antonio que los tiempos en que los bateristas permanecían entre sombras han quedado atrás. 

Fotografía: Alberto Castillo

La carrera del músico comenzó bien temprano, lejos de las grandes pantallas. “A los cinco años de edad empecé a acercarme a las percusiones”, cuenta Sánchez. “Mi abuelo tenía un tambor tarahumara y un bongó y yo les pegaba. Bueno, la verdad es que le pegaba a todo lo que tenía enfrente; destrocé varias baterías de cocina con agujas para tejer”. Fue en esa época que el niño tuvo enfrente una batería por vez primera, un encuentro que lo dejaría marcado de por vida: “un flechazo absoluto, no tengo recuerdos de mi vida antes de ese suceso”. A partir de ahí, el nieto de Ignacio López Tarso construiría su vida al lado de su set de tambores. Pasaría de adorar a Ringo Starr y John Bonham, a rendirse ante Dennise Chambers y Elvin Jones y, tras estudiar en Boston, a codearse con músicos como Danilo Pérez, Chick Corea y Pat Metheny, entre muchos más, al tiempo que una discografía en solitario a paso firme labraba.

El álbum más reciente de Sánchez, Lines in the Sand, opera como un manifiesto de lo que su creador siente y vive respecto a los fenómenos migratorios que tienen lugar en el mundo. “Este disco está dedicado a quienes huyen de casa por causa de la guerra, la política o el hambre. A quienes escapan de la violencia. Va para las personas que últimamente han sido demonizadas y politizadas en el nombre de nacionalismos que erosionan uno de los aspectos fundamentales del ser humano: la empatía”. Respecto al perfil estético de la obra, su firmante tiene un pegote que sin pena colocaría en la tapa del plato: jazz futurista. ¿La razón? El propio Antonio la cuenta: “Porque para mí, hacer jazz significa libertad absoluta de expresión y yo soy alguien que vive en un proceso de investigación constante, con la mira en el futuro”.

Antonio, no es la primera vez que abordas la temática migratoria (previamente hiciste el álbum Migration, 2007). ¿Cuál es el fundamento ideológico de Lines in the Sand?
Este disco es una pieza de reflexión. Se trata de pensar qué está pasando con los migrantes, pero a nivel mundial, no sólo respecto a lo que sucede en la frontera estadounidense. Por ejemplo, la guerra en Siria ha sido un desastre y toda la gente que ha huido de Alepo y que trata de llegar por mar a Italia, Francia y Grecia ha creado un problema inmenso, porque estos países no tienen los recursos suficientes para dar la bienvenida a tantas personas. Todo esto  provoca que los sentimientos anti inmigrante se robustezcan y la cosa se salga de control. En México la estamos pasando mal, tenemos lo nuestro, claro; pero aún no estamos huyendo, literalmente, de la muerte, como sucede con mucha gente en Honduras o El Salvador.

Como mexicano que ha vivido en Estados Unidos, ¿has sufrido en carne propia este problema?
Yo he sido muy afortunado. Tuve la oportunidad de mudarme a Estados Unidos para realizar mis sueños al lado de los mejores músicos del mundo. Además, mi familia es fantástica, me ha apoyado mucho. Pero no todos han tenido mi suerte, por eso quiero que otros estén conscientes de la realidad. Por ejemplo, la discriminación existe en México. Es decir, antes de mudarme a los Estados Unidos, viví discriminación en mi propio país. En México somos bien racistas y eso no lo podemos negar. En la escuela, yo era de los chavos que tenían la piel más oscura y vaya que me fregaban los demás por ese simple hecho. Fíjate, eso me pasaba en México: mis paisanos me fregaban, los que no eran tan morenos como yo. En todos lados hay racismo y eso no es un accidente, viene de cientos de años de hegemonía occidental, del deseo de que sean cierta ideología y cierta religión las que dominen. En buena medida por eso estamos donde estamos.

El tema es delicado, Antonio. Para muchos, politizar el arte significa contaminarlo.
Yo creo que el arte es el vehículo perfecto para hablar de estas cosas, para darle sentido a las mismas. Varios me han dicho que mejor me dedique a la música, que no me entrometa con ese tipo de temas porque el arte debe operar, precisamente, como un escape de la realidad. Pero mi manera de procesar lo que vivo y siento es creando. El arte genera conciencia y los artistas somos de las personas que más en contacto con la realidad nos encontramos. Pienso que nuestra función es absorber todo lo que está a nuestro alrededor para transformarlo. No hagamos que no pasa nada. La música es un excelente vehículo para crear conciencia política y a mí el escenario me regala una plataforma que me permite decir en voz alta las injusticias que veo. Es responsabilidad del artista ser social y políticamente activo y crítico.

Los motivos del arte, el germen de la creación, suelen ser abominables.
Sí. Muchas veces mis motivos son feos, incómodos. Este disco comienza de un modo especialmente fuerte, con un collage sonoro de gente que está siendo detenida, arrestada, una escena en la que se escuchan gritos, sonidos que incomodan. La clase de crueldad que puede verse en Estados Unidos. Veamos las noticias, descubramos la cantidad de retórica nociva que Donald Trump proyecta. Y pensemos: ¿qué haríamos nosotros si estuviéramos en la situación de los inmigrantes que llegan a Estados Unidos, cómo nos gustaría que nos trataran? Porque se trata de gente que únicamente lucha por sobrevivir. Lines in the Sand reflexiona sobre eso, pero también considera lo afortunados que somos muchos al no sufrir una situación así de extrema.

Más allá de lo dicho, tienes otra responsabilidad que, quizá, llegó a ti sin que lo buscaras (especialmente tras tu labor en Birdman): la de hacerle saber a la mayoría de la gente que la batería es un instrumento mucho más complejo y rico de lo que se cree.
Si te pones a escuchar, te darás cuenta de que en la mayor parte de la música popular que existe, la batería no es más que un instrumento de acompañamiento. Regularmente el cantante está en primer plano o, en dado caso, un guitarrista, un saxofonista o tal vez un pianista; muy rara vez el baterista es el líder. Nuestra reputación, la de los bateristas, es otra. En los shows de Birdman toco mientras se proyecta la película, y me gusta al final hacer un solo de batería como de veinte minutos, ¿sabes por qué? Porque el 99 por ciento de la gente jamás ha escuchado un solo de tal longitud, casi todos desconocen que la batería cuenta con un gran poder de expresión.

Siguiendo con el tema del cine y los bateristas, ¿viste Whiplash, te gustó?
La mayoría de los músicos odiamos esa película y cada quién tiene su razones.  En mi caso, no me gusta debido a que en ningún momento se ve a alguien disfrutando al hacer música; todos sufren, todos se estresan y se enojan cuando la realidad es que tocar es muy divertido. Claro, cuando una cosa se quiere hacer bien, inevitablemente  genera cierto grado de estrés, pero esa película divulga la idea de que tocar es únicamente sangrar y tocar súper rápido. Es Hollywood.

Ya hablaste de Donald Trump y de la calidad de su discurso. Dime, ¿qué harías si tuvieras la oportunidad de estar a solas con él durante dos minutos? Él y tú, nadie más, sin cámaras ni elementos de seguridad alrededor.
Mmmm, suena descabellado lo que voy a decir, pero le daría un abrazo. Un buen abrazo, bien fuerte, de dos minutos de duración. A él le ha faltado eso, sentirse querido. Con un abrazo le diría que no todos son sus enemigos y que la bondad genera reacciones positivas.

Vaya, pensé que empuñarías tus baquetas para usar su cabeza como tambor tarahumara.
Bueno, eso lo haría si no me dejara abrazarlo.