De pronto uno empieza a sentir que todo lo que conserva en la memoria se perderá de un golpe seco con la llegada de la muerte, cosa ruda e inevitable. Y eso, si no nos cae antes el rayo del olvido con la vejez y la terrible demencia senil. Cuando yo tenía veinte años y escuchaba el disco del que ahora hablo ni me lo imaginaba siquiera, lo creía imposible. Tenía la loca idea de que moriría antes de llegar a los treinta años y que nunca sería un ruco. También creía que los recuerdos de uno se quedaban en algún lado y que nada se perdería; mala creencia, según ahora entiendo.

Ahora que ya soy el abuelo canoso de Lola y Matías, quiero dejar constancia de muchas cosas que he vivido y pensado, no quiero que todo se pierda. Son recuerdos que ayudan para entender las cosas de la existencia y son momentos de historia verdadera; cosas para que ellos me recuerden y sepan algo de lo que fue mi experiencia roquera. Espuma sobre la mar.

Entonces, uno de mis discos más apreciados e íntimos es el primer LP que grabó una cantante que no se volvió muy famosa, otro disco que nunca escuché tocado en la radio: Penny’s Arcade (1967) de Penny Nichols, una cantautora muy jipiosa de verdad. Su disco deja ver de los jipis de San Francisco lo que está detrás de canciones como “San Francisco, flores en tu pelo” o “Noches de San Francisco”, igual que todo lo que hay de dulce frescura en las canciones de The Mamas & The Papas.

Nacida en diciembre de 1947, Nichols comenzó su carrera en el sur de California, cuando aún era muy joven, allá por 1964, siendo cantante en un grupo de música folclórica norteamericana. Luego vivió en la ciudad de San Francisco durante el “verano del amor”, la justa hora en que aparecieron los jipis y se ve que ese espíritu de amor y libertad le llenó el corazón.

Otra vez, éste fue uno de esos discos que compré después de pasar un largo rato descifrando la información de la portada y tratando de imaginar su contenido musical. Me gustó de principio por el rostro de ella: una güerita pecosa con una sonrisa en serio que muy linda y amable, como para quererse enamorar para siempre de ella. Todo indicaba que era una jipi y que su música sería como ella, fresca y alegre. Tal como ocurrió.

Un día que la Niña Mejía, mi madre, me vio contemplando ese rostro, seguro que yo con cara de tonto adolescente enamorado, me dijo que esa güera desabrida era algo tontita porque se amarraba el pelo con una liga, porque eso se lo rompería y se lo llenaría de orzuela. Gran verdad.

Aunque nunca ha dejado de hacer música, Penny Nichols tardó un buen tiempo en grabar nuevos discos, de los cuales no tuve noticia sino hasta ahora vía internet. De la misma manera me he enterado que las ventas del primero, sin ser cosa del otro mundo, no fueron malas, en un año vendió más de cincuenta mil ejemplares. Con ese pequeño éxito pudo dedicarse a vivir en calma de buena jipi, contrajo matrimonio y se puso a estudiar música y psicología, de forma que hoy día imparte seminarios para componer canciones y ser feliz.

La música de Penny’s Arcade, trece canciones en total, realmente me sirvió al principio para imaginar lo que eran los jipis campiranos, los que vivían en comunas rurales, aunque ella no hable directamente de ello. Luego me acompañó en muchas horas de amor y desamor. Desde hace tiempo me llena de esos recuerdos que no deseo que se pierdan y que les quiero comunicar a mis nietos y nietas, muy especialmente a quienes se informan leyendo de rock en este sitio.

Ante las grandes obras de sus contemporáneas Carole King, Joni Mitchell o Judy Collins, este álbum de Penny Nichols es sin duda una obra menor, pero que no desmerece junto a las otras. Es como la película Gun Crazy de Joseph H. Lewis junto a Pierrot le fou de Jean-Luc Godard. Ella tiene una voz agradable y bien educada, aunque no sea de gran distinción. Y los arreglos musicales y la producción entregan una obra muy fresca y perdurable. Son de recomendar especialmente las canciones “Games”, “Look Around Rock”, “Mountain Song” y “Farina”. Ojalá los nietos de mis nietos puedan escuchar Penny’s Arcade y seguirlo degustando como yo. Te lo recomiendo mucho. No lo olvides.

 

 

Un comentario en “Expectativas:
La música de la gente jipiosa

  1. Descubrimiento delicioso y fresco…los hippies seguimos vivos…Turn turn turn y el Eclesistes con los Birds y entrar en los misterios del tiempo que da vueltas y vueltas…y sigue girando con esta música hermosa. Gracias…yo soy abuelo de diez nietas, dos nietos y una bisnieta…y creo que los hippies teniamos razón.