Seamos realistas. 2018 no fue ni por asomo el mejor año para el rock. Opacado mediáticamente por la música pop sobreproducida y por el hip-hop con rasgos de lo que hoy se conoce como soul y rhythm ’n’ blues, el rock se ha refugiado en los discretos traspatios de lo indie y lo alternativo, con algunas leves aunque excelentes incursiones en el blues, el folk y el alt-country. No hubo nuevos álbumes que revolucionaran al género o que posean la calidad de clásicos intemporales. Hubo, eso sí, trabajos excelentes y de ellos hemos elegido una decena que ponemos a la consideración de nuestros lectores. El orden de la lista no es necesariamente jerárquico.


1.- Black Rebel Motorcycle Club. Wrong Creatures (Vagrant). Un brillante retorno a los orígenes del grupo. Luego de casi cinco años de ausencia discográfica (su larga duración Specter at the Feast data de 2013), B.R.M.C. regresó para reafianzarse en sus raíces, en ese fuego crepitante de su música primigenia, sólo que esta vez revestido por un sonido que algo tiene de ominoso. En una época en la que el rock más puro y auténtico parece perdido en un proceloso océano mercantilista y en un culto por las súper producciones ostentosas pero vacuas, elefantiásicas pero carentes de sustancia y de alma, la música de Black Rebel Motorcycle Club tiene mucho de refrescante, a pesar de su densa oscuridad… o quizá precisamente por ella.


2.- MGMT. Little Dark Age (Columbia). La propuesta de este proyecto musical originario de Coneccticut, conocido también como The Management, basada en el electro pop de los años ochenta, con el añadido de ciertos elementos de neopsicodelia y letras plenas de humor e inteligencia, volvió a brillar a plenitud con este su sexto opus discográfico. Little Dark Age viene a refrendar la calidad artística de Ben Goldwasser y Andrew Van Wyngarden, quienes hicieron un álbum esplendoroso y lleno de motivos para disfrutar (en especial si se escucha a todo volumen).


3.- The Decemberists. I’ll Be Your Girl (Capitol). A pesar de no ser una agrupación mainstream o dedicada a complacer los gustos masivos, el sofisticado y fino sonido de The Decemberists ha logrado trascender hasta convertirlo en una agrupación de culto. I’ll Be Your Girl es un álbum ligeramente distinto a los siete anteriores de este quinteto de Portland,  liderado por Colin Meloy, en el sentido de que por primera vez ha añadido en algunas canciones algo antes tan poco usual para ellos como los sintetizadores. Podría parecer una locura, dado el estilo digamos tradicional del grupo, pero gracias a los buenos oficios de su nuevo productor, John Congleton, todo el disco suena de manera espléndida.


4.- Jack White. Boarding House Reach (Third Man Records). Un álbum desconcertante, una obra que apuesta por la experimentación más ecléctica, con elementos del avant-garde y la electrónica, del hip-hop y el jazz-funk psicodélico, un disco muy distinto a los anteriores de White como solista, en los que lo que predominaba eran los sonidos provenientes del blues, el country, el folk y en general la música estadounidense de raíces. Esta vez, los sintetizadores y las múltiples posibilidades que brinda el estudio de grabación han sustituido en buena parte a las guitarras del músico, a sus pianos retro o a sus baterías clásicas. Una propuesta no sólo osada sino muy interesante y propositiva.


5.- Janelle Monáe. Dirty Computer (Bad Boy). Al lado de sus fieles aliados musicales, The Wondaland, Monáe nos entrega una grabación impecablemente producida, pero alejada de cualquier frialdad tecnológica. Muchas de sus fantasías son transformadas en composiciones de una riqueza fastuosa. Color y calor. Sensibilidad e inteligencia. Pasión y ternura. Todo eso existe en este brillante trabajo que demuestra que el calificativo de genial encaja sin problema con la obra de esta joven cantante y autora de 32 años. No es exactamente rock and roll, pero nos gusta.


6.- Ry Cooder. Prodigal Son (Fantasy). Un trabajo literalmente prodigioso, la prueba fehaciente de que dentro de una industria tan mediatizada como la discográfica se pueden seguir haciendo grandes trabajos musicales, plenos de autenticidad y emociones reales. Un disco que abreva de las raíces de la música estadounidense y lo hace con pasión, buen gusto y hasta un toque de sentido del humor. Ry Cooder sigue siendo un grande.


7.- Snow Patrol. Wildness (Republic). Siete años transcurrieron desde que Snow Patrol grabara su anterior disco, Fallen Empires, y este largo periodo se debió a los fuertes problemas de depresión, aislamiento y bloqueo creativo de su líder, el músico escocés Gary Lightbody. Lo que vivió en ese largo septenio, debido a sus padecimientos, se ve reflejado en las letras y en la música de Wildness, una obra llena de intensidad y hondura, de tristeza, pero también de esperanza. El álbum transcurre lleno de emociones, con esa sensibilidad y esa facilidad para las melodías entrañables que caracteriza al rock de Escocia y al melancólico estilo autoral del propio Lightbody. Una joya.


8.- Boz Scaggs. Out of the Blues (Concord). Tercera parte de la espléndida trilogía iniciada con los álbumes Memphis (2013) y A Fool to Care (2015), Out of the Blues es la revelación de un Boz Scaggs ajeno al blue-eyed soul y entregado plenamente a las raíces negras de la música popular estadounidense, un trabajo en el que se hace acompañar por grandes músicos (como el legendario Jim Keltner en la batería o el enorme guitarrista Charlie Sexton), lo cual le otorga una autenticidad sin mácula que se complementa con una forma de cantar cruda, sincera y sin efectos. A sus 74 años, Scaggs conserva su gran voz casi intacta, lo que podemos comprobar en uno de los mejores discos de su larga carrera.


9.- Dirty Projectors. Lamp Lit Prose (Domino). Una obra compleja y hermosa que desde la primera canción (la bellísima “Right Now”) habla de cambios. De cambios sobre todo personales, como los que tuvo que obligarse a tener Dave Longstreth (él es, básicamente, Dirty Projectors) luego de pasar por una serie de rompimientos amorosos y depresiones emocionales. Hay temas fantásticos y si bien el estilo de las composiciones de Longstreth no es fácil de asimilar a la primera escucha, quien esté dispuesto a abrirse y asimilar poco a poco su sonido terminará por enamorarse de esta música deliciosamente bizarra.


10.- La Barranca. Lo eterno. No es por discriminación que haya dejado este disco al final de la lista. Todo lo contrario. Lo hice para destacarlo y porque, a mi modo de ver, La Barranca es el único grupo mexicano capaz de situarse a la altura de cualquier proyecto internacional, incluidos los del rock anglosajón. Lo eterno es un trabajo impactante, con canciones que pueden contarse entre las mejores que ha escrito José Manuel Aguilera, quien como siempre se ha rodeado por un grupo de músicos virtuosos. Esta colección de once temas nos mete de lleno en las atmósferas al mismo tiempo oscuras y luminosas a las que nos tiene acostumbrados Aguilera, pero adentrándonos en territorios que desconocíamos y que nos llevan a viajar por parajes mágicos y misteriosos