“Para que puedas volver a empezar / debes morir y nacer de nuevo / dejando todas las almas atrás / no sientas miedo”. Así comienza la Magia infinita (2018) de la banda venezolana de punk avant garde y experimental Zeta. Un disco memento que pondrá tus huesos en un trineo rumbo al pasado de tu pueblo de nacimiento, a las calles tornasoles y los caminos de tierra que abren paso al ruido, las prendas mojadas y diminutas. Magia infinita es una bocanada espesa, exhalada por una chica punk que recién se escapó de un relato del escritor argentino Rodolfo Fogwill para hacerla de prestidigitador infinito y poder cambiar el tiempo por lo etéreo, conmemorar al adolescente, perdonarlo… a pesar de todo.

“Cuando no haya sol y sólo quede sufrir” se escuchará esta música y entonces quedaremos exonerados del fantasma de nuestro pasado. A través del grito, el riff y el golpe poseso sobre los platillos. Furia y ruido, ruido y atmósfera, atmósfera y ritmos enérgicos, acompañados de letras profundas que dialogan con el existencialismo más puro, el positivismo y el ser en progreso. Las eufonías de Magia infinita fueron grabadas en una sola toma en los Estudios Noviembre de Ciudad de México, por los magos anárquicos Luis Gutiérrez, Emilio Anaya y Rubén Rodríguez. Posteriormente, las voces se grabarían en Los Ángeles, California, en los resquicios de los Golden Studios (“y también en Los Angeles grabamos en Waipea Records, con nuestro gran hermano mayor Marcel Fernández”, comentan).

Así comenzó la magia, el tobogán imperecedero hacia la resignación, porque Magia infinita llevará tu osamenta al fondo del vaso de la juventud, cerveza que se expira y se recompone en gotas cilíndricas sobre el slam cinético en algún bar de murmullo y mala muerte. Sudor, asfixia y costillas rotas; condones pinchados y baterías que nunca dejan de sonar; pero estás ahí, al fondo y debajo de todo, a los pies del tobogán del tiempo, recargado en la pared pero de pie, tambaleándote, un joven al que debes perdonar… a pesar de todo.

“El tiempo y el espacio / ya no son necesarios / tranquila / algún día regresaras”. Magia infinita comparte un mensaje de perdón y de rebeldía, las dos cosas más importantes en esta vida, es una celebración a la oposición, al arte proveniente del underground: la virtud original del hombre, la desobediencia, la felicidad, el espetón de la música furiosa sobre lo postergado, la conciencia de la fuerza social, el poema, la destrucción de sí mismo. Magia infinita es morir y nacer de nuevo.

Seis tracks producidos por Zeta, Light & Noise y Waipea Records; seis tracks honestos, blancos, como la piel del muerto en la que deriva el filo del asfalto tras el skate de la tarde, el golpe en las costillas del slam nocturno, y el beso de la novia en el amanecer que ya se fue.

Estas nuevas canciones son más fuertes y enérgicas que todo lo que habíamos escuchado antes de Zeta, cortes influenciados por los ritmos afrocaribeños y nativos de las Islas Antillas y de la Bahía de Mochima —ubicada al norte de Anzoátegui, en Venezuela—, con una guitarra psicodélica que sesiona como líder. Surgen las comparaciones con At the Drive In, pero no te confundas, que Zeta realmente lo hace suyo e incluso si estás del otro lado del charco y no hablas español, es fácil sentir la emoción de sus voces, mismas que nos recuerdan al screamo de los años 90, pero rehabilitado, con un estilo puro y limpio. Es así, en los seis tracks de Magia infinita: “todo nace, crece, se desenvuelve y muere”.