Sergio Zurita (Ciudad de México, 1971) es actor, dramaturgo, gente de teatro. También es gente de radio, con una larga trayectoria (actualmente conduce el programa Dispara, Margot, dispara, en MVS Radio). Pero también es un gran melómano y un estupendo escribidor de relatos, poemas, crónicas, reportajes y artículos varios, muchos de los cuales que han sido reunidos en su reciente libro Aquí asaltan (2018), editado por Cal y Arena. Con él es nuestro psicoanálisis discográfico.


¿Cuál fue el primer disco que escuchaste?
Recuerdo uno de 45 revoluciones que me gustaba muchísimo. Yo tenía cinco años de edad y el disco era de un grupo quizá mexicano que se llamaba Los Batman. En serio. Eran como seis integrantes y salían en la portada portando camisetas con el logo de Batman. En el lado A la canción era, claro, “El tema de Batman” y en el lado B venía… ¡“Robin”!, un surf instrumental. Bueno, me vine a enterar de lo que era el surf hasta que vi Pulp Fiction de Quentin Tarantino y escuché “Misirlou” de Dick Dale. Ahí, muchos supimos que eso era el surf.

¿Cuál es el primer disco que compraste?
Debe haber sido uno de Cepillín, un disco en el que hay una canción en la que un niño le pregunta a su papá por qué se murió su mamá. ¡Qué cosa tan horrible! El corazón se me hacía de pollo.

¿Cuál fue el primer disco que le envidiaste a alguien por no poderlo tener?
Me vienen a la mente varios, pero alguien tenía el Phisical Graffiti de Led Zeppelin. Toma en cuenta que era la época en que en México un disco importado era carísimo y a la vez inconseguible, incluso si tenías el dinero. En Discos Zorba, a veces no encontrabas esos discos. El arte de esa portada es tremendo… Pero también en el Tianguis del Chopo había un cabrón (no recuerdo cómo se llamaba) que trabajaba con Jaime López y ponía en su puesto los discos de Jaime (el sencillo de “Bonzo”, por ejemplo, que tenía una portada del caricaturista Manuel Ahumada en la que aparecía un exhibicionista que se abría la gabardina, pero en lugar de enseñarte el pene te mostraba las entrañas), pero no te los vendía, te vendía el cassette. El disco era como una carnada. Yo me moría por él, pero como no me lo vendía, me daban ganas literalmente de matarlo y robarle los discos.

¿Cuál es tu disco favorito para manejar?
Ya no manejo, veo muy mal. Tengo una afección de la vista que se llama queratocono. Pero recuerdo un viaje muy gozoso acompañado por el disco Purple Rain, de Prince. Probablemente tenía que ver con la compañía, pero íbamos bailando “Baby I’m a Star” y cosas así. Era el Club de Tobi, puros cuates. Un viaje a Cuernavaca. Ese disco y uno de Was (Not Was), el What Up, Dog?, con la canción “Walk the Dinosaur”.

¿Cuál es el disco que mejores recuerdos te trae?
El Are You Passionate?, de Neil Young, de 2002. Tenía yo una amante, casada, que me iba a visitar los martes y los jueves a las diez de la mañana y estábamos juntos hasta las doce de mediodía. Esa era la música perfecta para hacer lo que uno tenía que hacer. En ese disco, Young llamó a varios músicos clave de la música soul. Se prestaba perfecto.

¿Cuál es el disco que más te avergüenza tener?
Es un cassette de un grupo que se llama Los Pelados de Culiacán. Son canciones clásicas norteñas a las que les cambian la letra por puras groserías y albures verdaderamente asquerosos. Me daban mucha risa cuando tenía yo doce años. Comparados con ellos, Marrano es un grupo decente.

¿Cuál es el disco que más lamentas haber perdido?
The Black Album, de Prince, un disco que homenajeaba al llamado Álbum blanco de los Beatles y que de pronto el propio Prince decidió no sacar y en su lugar sacó Lovesexy (1988). Luego decidió publicarlo, pero hubo muy pocas copias y yo tuve una que perdí. Ahora se puede conseguir, gracias a Internet, pero en su momento fue un disco muy buscado.

¿Cuál es el disco que adquiriste más recientemente?
Reality What a Concept que es un disco de comedia de Robin Williams. Lo acabo de comprar hace dos horas, por Internet. En CD, uno de Bob Dylan que acaba de salir y que sólo sacaron en compacto, con canciones en vivo de la primera etapa. Se intitula Live 1962-1966: Rare Performances from the Copyright Collections.

¿Cuál es el disco que más te ha influido en la vida?
Tiene que ser algo de Jaime López o de Bruce Springsteen o de Bob Dylan o de Leonard Cohen…, pero un solo disco… Híjole… Hay varios, en distintas etapas. Probablemente el Tunnel of Love de Springsteen, de 1987. Hablar como lo hace él ahí de las diferentes etapas de una relación amorosa, tan gozoso al principio, tan lamentable al final…

¿Cuál es el disco que prefieres para hacer el amor?
Hay un disco de Paco de Lucía cuyo nombre no recuerdo pero me trae grandes recuerdos amorosos. Andaba yo con una mujer de cabello muy largo, muy negro, el cual traía amarrado con una rosca. Estaba puesto ese disco de Paco de Lucía, de la gira en la que tocó por última vez en el Auditorio Nacional, si no me equivoco. Estamos hablando de finales de los noventa. De pronto, le quité la rosca del cabello a esta mujer y se le desenredó y al caer y desparramarse coincidió con el sonido que estaba haciendo la guitarra de De Lucía. Fue algo muy hermoso.

¿Cuál es el disco que quisieras que tocaran en tu funeral?
Eso lo he pensado muchas veces. Son distintos discos, distintas canciones, pero yo creo “Autumn Leaves” con Frank Sinatra.

¿Cuáles son los cinco discos que te llevarías a una isla desierta?
Esa pregunta es muy sencilla de responder para mí, la lista la tengo clarísima:

1.- Jaime López de Jaime López.
2.- Love and Theft de Bob Dylan.
3.- Graceland de Paul Simon.
4.- Graffiti Bridge de Prince.
5.- The River de Bruce Springsteen.

 

 

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Sergio Zurita, por asalto