A finales de 1967, los Beatles habían dado por terminado su escarceo con la meditación trascendental del Maharishi Mahesh Yogi, quien resultó un perseguidor de jovencitas como Mia Farrow. John Lennon alguna vez declaró que tuvo que enfrentar al hindú y le dijo: “Nos vamos”. Angustiado, el “maestro” preguntó por qué, a lo que Lennon respondió: “Si eres tan místico, ya deberías saberlo”.

Por esa época murió Brian Epstein, manager del grupo, de una sobredosis de píldoras para dormir, y Paul McCartney tomó el liderato del cuarteto, embarcándolo en el primer y casi único proyecto fallido del grupo: una película para televisión titulada Magical Mistery Tour, la cual, sin embargo, presentó el interesante tema lennoniano: “I Am the Walrus”.

Fotografía: Iberia Airlines, bajo licencia de Creative Commons.

En enero de 1968 se fundó Apple Records, la marca de la banda en la que firmaron James Taylor, Mary Hopkins y Badfinger.

El panorama de los Beatles estaba bastante agitado para cuando entraron al estudio de Abbey Road a grabar The Beatles, el disco doble también conocido como “El álbum blanco”. Esta producción, la primera de la agrupación para Apple, es quizás su trabajo más diverso, ya que en el mismo se muestra la diversidad de intereses musicales y las numerosas tendencias sonoras a las que se inclinaban sus integrantes. Para muestra, baste mencionar temas como “While My Guitar Gently Weeps” y “Long Long Long”, del orientalista Harrison; “Julia”, “Happiness Is a Warm Gun" o “Revolution 1”, del confesional y contestario Lennon; “Don’t Pass Me By” de Ringo Starr y “Mother Nature’s Son” u “Ob-bla-di, Ob-bla-da", del “pop oriented” McCartney. Como dato adicional, debe señalarse la participación del increíble pianista Nicky Hopkins y, como dato curioso, de Patti Harrison, Maureen Starkey y Yoko Ono en algunos de los coros. La mano maestra del productor George Martin también se posó en el piano y en los arreglos orquestales. A pesar de que este personaje siempre se opuso al concepto de un álbum doble, aceptó la decisión final del grupo y sumó su talento en beneficio del resultado global.

Un trabajo de solistas

En The Beatles se nota un trabajo de solistas, no de conjunto. Cada canción representa una unidad que posee vida individual, sólo fiel a las obsesiones o tendencias que la mente del autor tenía en el momento. Esto más que una limitación es una característica distintiva que enriquece el contenido de la obra en general. Es evidente el sarcasmo y la crítica de Lennon hacia el Maharishi en “Sexy Sadie” (“Sexy Sadie / ¿Qué has hecho? / Hiciste tontos a todos / Sexy Sadie / Rompiste las reglas”), su franqueza rocanbluesera en “Yer Blues” (“Sí, estoy solo; quiero morir / Si no estoy ya muerto / Oh muchacha, tú sabes la razón”) o la sátira a los buscadores de significados en las letras de las canciones previas del grupo en “"Glass Onion" (“Te dije acerca de la morsa y yo / Ya sabes, somos tan cercanos como se puede / Bueno aquí está otra clave para ti / La morsa era Paul”). “Revolution", por ejemplo, mostraba el escepticismo lennoniano con respecto del cambio violento que exigían los vociferantes activistas de la época: (“Dices que quieres una revolución / Bueno, tú sabes / Todos queremos cambiar al mundo / Pero cuando hablas de destrucción / ¿Que no sabes que no cuentas conmigo? / ¿No sabes que todo va a estar bien?”.

Mientras tanto, las composiciones de McCartney eran más pulidas y elaboradas, como “Rocky Racoon”, “Martha My Dear” o la canción de cuna “Goodnight”; aunque, por otra parte, “Back in the USSR” evocaba la estructura rocanrolera de Chuck Berry con armonías propias de los Beach Boys. Por su parte, en The Beatles George Harrison se revela como un gran compositor, al contribuir con cuatro estupendas canciones al repertorio general de disco. “Savoy Truffle” es una canción de sabor negroide con metales sólidos y una letra contra los carnívoros. Sin embargo, la mayor entrega del guitarrista fue “While My Guitar Gently Weeps”, un lamento que cala conforme se va construyendo el puente para que la guitarra de Eric Clapton inunde el espacio con sonidos estremecedores que le quitarían las arrugas a un rinoceronte. Ringo Starr también puso de su cosecha con “Don’t Pass Me By”.

El fin de la cohesión

Este enorme esfuerzo autoral para conformar un álbum doble desgastó enormemente la cohesión del grupo, a pesar de que aun cuando en lo fundamental coincidían, cada quién jalaba ya por su lado. Las discusiones sobre la inclusión o no de determinadas canciones, durante los largos meses que duró el trabajo, sacudían el interior del cuarteto. Se dice que Ringo tuvo que irse a descansar con su esposa y su recién nacido hjo Zack, a fin de recargar las baterías, y que Lennon y McCartney peleaban por incluir o no “Revolution 9”, un mamotreto de más de ocho minutos lleno de efectos de sonido e incoherencias que hubiera valido la pena dejar para la Antología, décadas después, y aprovechar el espacio para tres temas que fueran gratificantes. Quizás es el único fiasco de este disco que revela una calidad autoral impresionante y que permanecerá en los anales del rock como la obra más abundante y más diversa de los Beatles.