Hace algunas semanas, durante una entrevista publicada en la sección “El ángel exterminador” de Milenio, al hablar sobre las composiciones del más reciente disco de la agrupación mexicana La Barranca, su fundador y líder, José Manuel Aguilera, me comentó que “quizás a estas canciones se les pueda encontrar equivalentes con otras que he hecho; sin embargo, creo que las maneras son nuevas. Hay otro tipo de construcciones formales, otros procesos de composición, otras búsquedas respecto a cómo decir las cosas”.

Ya en su primer disco, el mítico El fuego de la noche (1996), el grupo propuso un estilo propio, con un sello muy personal. La Barranca siempre suena a lo mismo, pero nunca suena igual y eso, que podría parecer un defecto, es de hecho una de sus mayores virtudes: haber encontrado un sonido único y singular, inconfundible, y evolucionar a partir del mismo, cada vez con una mayor calidad y una mayor finura.

Lo eterno es el título del más reciente álbum de la banda. Se trata de un trabajo impecable, con piezas que pueden contarse entre las mejores que ha escrito Aguilera a lo largo de su carrera, tanto en el plano musical como en el de las letras.

Con un conjunto de músicos lleno de virtuosismo, en el que destaca el extraordinario y notablemente expresivo piano de Yann Zaragoza, esta colección de once temas nos mete de lleno y desde el principio en las atmósferas al mismo tiempo oscuras y luminosas a las que nos tienen acostumbrados el músico y su polifacética guitarra, pero adentrándonos en territorios que no habían explorado antes y que nos llevan por parajes artísticos plenos de magia y misterio con apelativos secos, pero que apelan a la imaginación, como “Brecha”, “Ceiba”, “Astronomía”, “Manos”, “Escarabajo” o “Lo eterno”. Todas las composiciones resultan en verdad estupendas. No obstante, si hay una que alcanza la perfección es “Cuervos”, a la que podríamos considerar como una especie de síntesis acabada de toda la obra de José Manuel Aguilera. Se trata de una canción tan abrumadora y sublime como poéticamente profunda.

Lo eterno es, para este reseñista, uno de los grandes discos del que desde hace mucho (y por mucho) es el mejor grupo mexicano de rock. 22 años de gran música no han sido en balde.