Al grito de “Electronica rules!”, hay una generación que vive de los impulsos bailables de ésta y afirma que el ludismo y los beats acelerados lo son todo.   Afortunadamente, hay diversas formas de manifestarse mediante esta tendencia y Camila Fuchs pertenece a esa nueva generación de bandas que ha encontrado en teclados y demás gadgets el vehículo idóneo para expresarse.

Camila Fuchs es un dueto integrado por Camila de Laborde (México) y Daniel Hermann-Collini (Alemania) que comenzó a gestarse cuando ella llegó a Londres en 2013: “No tenía razones por las cuales salir del país, fue más bien el tener la oportunidad de vivir en el extranjero y aprovecharla. Viví en Londres hasta ahora que me mudé a Lisboa con Daniel”.

La mitad de Camila Fuchs tiene una voz singular que pone al servicio de canciones atípicas, perladas por interesantes texturas y sonidos con los cuales se crea un efecto hipnótico. Cuenta: “La electrónica empezó a llamar mi atención por su diversidad y poco tiempo después supe que era uno de mis géneros favoritos. No sólo estaba impresionada por la variedad de sonidos, también por la diversidad de intensidades y lo que esto provocaba en mí. Estudié con distintos profesores y profesoras de canto, hasta que fui a estudiar a Londres. Cursé en la Goldsmiths University una carrera que se llama Popular Music y que propone la exploración que yo buscaba dentro de la música electrónica; a la vez, el vivir en Londres y estar cerca de tantos géneros de música y artistas que a la fecha admiro, me proporcionó otro tipo de aprendizajes”.

En ese libro de texto que es la música popular, ella lo mismo aprendió de Boards of Canada, Tricky, Underworld, Lhasa de Sela o Gloria Trevia que de Björk, Grimes, Bikini Kill, Lydia Lunch o The Slits. De por qué la mayoría de sus referentes son del exterior señala: “Cuando empecé a escuchar música electrónica, estaba muy enfocada en aquello que venía fuera del país. Hoy  día hay cosas únicas dentro de la música electrónica en México y si hubiera empezado en este momento, hubiera sido diferente. Cuando empecé, no conocía a muchas personas que produjeran música electrónica y a causa de eso, mi fuente principal de inspiración eran artistas extranjeros. Pero la combinación de eso con el vivir en un país como México, me formó de una forma específica y, creo yo, es una mezcla interesante”.

No obstante vivir en un país del llamado primer mundo, ella aún vive actos de discriminación: “El problema principal al cual me enfrento constantemente como mujer es el tener o sentir que debo demostrar y convencer que soy capaz de hacer lo que hago, sobre todo a nivel de producción de música electrónica. Sin embargo, ya pasé por suficientes experiencias y ahora esas situaciones sólo se han convertido en un reto que quiero, e inclusive me gusta, superar. Para mí ya no es un problema, sino una motivación para luchar  y continuar compartiendo lo que hago”.

El instrumento principal de Camila de Laborde es la voz, pero le gusta juguetear con las máquinas, ya sean sintetizadores, consolas o pedales. Dice: “Mi proyecto principal, Camila Fuchs, es una colaboración entre Daniel Hermann-Collini y yo. Tenemos una forma que considero especial de crear música. No tenemos un método específico, pero siempre estamos juntos en el estudio siguiendo, ya sea de cerca o de una forma más distanciada, lo que el otro hace. Suena simple, pero el siempre estar presente durante el proceso crea que el proyecto sea una fuerte combinación y balance entre él y yo, sus ideas y las mías”.

En 2016 apareció Opuntia, un EP firmado por Camila de Laborde, cuatro temas en los cuales aún no hay una definición, pero sí libertad para explorar. Ella no explota aquí el timbre de su voz ni las capacidades de la misma; en cambio, se concentra en la música; las canciones nacen y se desarrollan a partir de pequeños ruidos o extrañas melodías surgidas de sus secuenciadores. Poco tiempo después, ya como dueto, vio la luz Singing from Fixed Rung. Aquí la voz surge de las entrañas, su timbre  recuerda a Björk, aunque sin llegar a la versión melodramática de ésta; de fondo, más que melodía, hay una atmósfera cercana al ruido, a la distorsión (“Striking Doubt”), pero lo que empieza con tintes etéreos, deviene en una “tonada” experimental. “Drenching”, con su voz procesada y juguetona, genera una tensión a lo largo del track, mientras que “Waking Morning” es más etérea, funciona como una canción de cuna, pero luego de su parte media adquiere mayor densidad y retrata una extraña convivencia entre lo suave-tenue y lo fuerte-denso.

Camila Fuchs hace canciones, pero estas se encuentran secuestradas por la experimentación; en ocasiones, dentro de un tema parecen coexistir otros y forman una especie de caos abigarrado, sobrecargado, pero también sobrecogedor (“Welcome My Demon”); incluso aquello que apunta a ser bailable, no deja de pasar por el matiz de la experimentación (“Manyfold”).

Camila Fuchs es una fuerza emergente, su presencia comienza a ser solicitada en importantes festivales y algunos de ellos (Mutek México, Primavera Club, Ars Electronica y ATP) ya los han recibido. Allí han compartido espacio con  Aleksi Perala, Actress, Laurel Halo, Charles Hayward (This Heat), Tomaga, Braids y Laetitia Sadier, entre otros.

Para quienes con frecuencia dicen que no hay novedades, Camila Fuchs es una opción y sin duda hay que seguir su pista, especialmente a partir del verano, cuando comience a circular Heart Pressed Between Stones, su segunda producción.