William Blake afirmó que “el sendero del exceso conduce al palacio de la sabiduría”. Luego de él, más de doscientos años de romanticismo han establecido las convenciones propias de la ruta del exceso para el rocanrolero y éste, al transitar por el carril de alta velocidad de la vida, las aplica de manera escrupulosa. Sabe que tales convenciones no le permiten el estado sobrio y que sus principales medios de intoxicación son el sexo, las drogas y el rock and roll. Embriagado por cualquiera de estos elementos o con todos ellos, se encuentra listo para su heroico viaje.

Así lo entendió un músico que supo unir el humor con la música y el cual, como buen contraculturoso, mostró menos reverencia hacia las convenciones del género que muchos de sus contemporáneos. Ian Dury (nacido en Londres en 1942), “El Quasimodo del rock”, como se le conoció debido a sus problemas físicos a causa de la polio que padeció en la infancia, siempre se burló de todos y de todo, empezando por él mismo, desde su aparición climática en el mundo de la música en 1977, al frente de los Blockheads, hasta su muerte en el año 2000. Una gran cabeza sobre un cuerpo deforme que escribía canciones agudas, certeras y cáusticas sobre el mundo que le había tocado vivir. Bob Dylan, con quien en 1986 compartió actuación en la película Hearts of Fire, de Richard Marquand, dijo de él: “Es un auténtico payaso que domina a la perfección el juego de la risa y el patetismo”.

Muchos de los excesos sexuales del rock fueron retratados por él en piezas que alcanzaron el nivel de sátiras por sus extravagantes observaciones (“What a Waste”, “Hit Me with Your Rhythm Stick” o  “Reasons to Be Cheerful”, entre ellas). Dury llevó el asunto del exceso más allá del escándalo: hasta la comedia. Tanto así que la primera vez que se presentó en la televisión inglesa cantó, a pesar de que el productor le pidió que no lo hiciera, un tema que ya circulaba como un himno en el underground británico: “Sex & Drugs & Rock & Roll”, título que se transformó primero en meritorio slogan y luego en emblema filosófico para la historia del género.

“Sexo, drogas y rock and roll es lo único que necesitan mi cuerpo y mi cerebro”, afirmaba Dury en la canción, con lo que generó la máxima ley en la dieta del rock. Las drogas forman una parte natural de dicho régimen porque alteran al “yo”. Algunas producen estados eufóricos de fuerza y ubican al músico consumidor en el centro de un universo constituido de energía pura, por lo que han gozado de popularidad entre todas las generaciones modernas. Asimismo, los narcóticos, como lo apunta Dury en su receta, proporcionan un medio para llevar a cabo el rito de la autoaniquilación.

El personaje en dicha canción-hito es uno cuyo destino le exige acabar con las tediosas imposiciones de la normalidad, aunque por ello corra paradójicamente el riesgo de la autodestrucción: “Sex and drugs and rock and roll / Is all my brain and body need / Sex and drugs and rock and roll / Are very good indeed”. El héroe del rock –aquel cuyas emociones han reventado los límites prescritos y alcanzado la novedad en su más alto grado– no tiene que morir envuelto en bandera alguna para merecer la bienaventuranza eterna: una muerte vulgar en la alberca por congestión alcohólica, un juego autoerótico extremo o una aguja en la vena son una vía hacia la eternidad tan legítima y legendaria como los nobles actos heroicos de una personalidad histórica.

“Sex & Drugs & Rock & Roll” fue, pues, un título de canción que se transformó con el tiempo (varias décadas ya). Se ha vuelto tópico no sólo del lenguaje de Shakespeare sino de todo un género musical y de las explicaciones cotidianas a granel en el mundo entero, además de su desarrollo como cliché que se ha convertido en excesivamente popular y cuenta con varias características. Por un lado, es exponente de una conflictiva dada, personal o colectiva; por otro, con su uso en el habla y el discurso, tanto de los músicos como de cualquier individuo, se puede establecer cierta sintonía con el escucha o receptor, al mostrar, describir o simplificar una historia, un estado de ánimo o ciertas circunstancias, con lo que se facilitan el entendimiento y la complicidad con el auditorio.

Finalmente, mientras que la mayoría de los tópicos desaparecen con el tiempo, un slogan como éste ha permanecido en uso a lo largo de varias épocas, principalmente por su atinada valoración de un momento determinado. Por lo mismo, se pronostica aún una larga vida a la frase forjada por Ian Dury, porque la suya aplica para casi toda condición, tema, caracterización o tipo de discurso del uso común.

Coda

En 2010 apareció la biopic que narra la ajetreada vida del músico creador del tema: Sex, Drugs and Rock’n’Roll: The Life of Ian Dury. Dirigida por Mat Whitecross y con Andy Serkis, conocido por su actuación como Gollum en El Señor de los Anillos, en el papel protagónico. Éste ha encarnado a Dury y lo ha hecho desde dentro: cantando con los miembros originales de The Blockheads, la banda que acompañaba a la fallecida luminaria.