El universo del jazz sigue siendo de los hombres; sin embargo, los tiempos recientes nos han entregado a más féminas dedicadas al género de la síncopa y especialmente a la improvisación y la experimentación. Hay que tener agallas para enfrentar un mundo en donde esta música todavía es minoritaria y más para no sólo hacerlo, sino también gestionarlo y promoverlo, pero sobre todo vivirlo.

Adriana Camacho es una entusiasta que está prendada del género. “El jazz —dice— me encantó y el free jazz acabó por hacer el trabajo de enloquecerme. Escuchar la música de Charlie Mingus, Ornette Coleman y Albert Ayler era el escape del mundo opresor, conservador y cuadrado que me rodeaba; esta música me devolvía la libertad y yo quería tocarla”.

Ella era pequeña y cuando iba de visita con su tía abuela, ésta tenía un piano. El embeleso comenzó pronto porque la niña en vez de jugar lo acostumbrado en ese momento, jugaba a que tocaba ese instrumento: “Pasaba horas  improvisando músicas inventadas. El tiempo pasó, la tía murió y el piano fue mi herencia, eso marcó de alguna forma mi destino, ya que en casa nadie era músico y había poco interés por ello, así que aprendí a leer las notas yo sola y seguía jugando con el piano mientras estudiaba la carrera de comunicación y trabajaba en cine y televisión”.

Acerca de su formación, la contrabajista reconoce que lo suyo es una mezcla de aprendizaje autodidacta y lecciones académicas: “El aprendizaje de la música es como entrar a un cuarto oscuro, donde poco a poco se van dibujando las paredes y los objetos que habitan en él, pero a medida que vas aprendiendo, los muros de ese cuarto se expanden y se hace un universo que crece y nunca termina, es infinito. Mi mayor aprendizaje lo he adquirido tocando con otros músicos en vivo y en sesiones de improvisación”.

También ha aprendido del libro de las grabaciones y cuando llega el momento de citar sus infuencias habla de “sus primeros amores”: Charles Mingus, Joélle Leandre, Charlie Haden, Peter Kowald y William Parker, músicos de los que “me encanta su forma creativa de hacer música y  abordar el instrumento”.

No deja de asombrar que en los umbrales de este siglo, la mujer todavía sea aceptada con reticencias. Adriana no está exenta del trato diferenciado, de la inequidad, pero ha aprendido a sobrellevarlo, aunque no a aceptar esa discriminación: “Cuando comenzaba y estaba más en la escena del jazz tradicional, sí topé con algunas personas de visión corta que decían cosas cómo ‘Aaaahhh, ¿tú eres la cantante?’ y cuando veían el contrabajo decían ‘¡Pero cómo, si es más grande que tú!’, ‘podrías traer minifalda a la tocada, es que les gusta, es más atractivo’, ‘sólo te invitan a tocar porque les gustas’. Luego, por fortuna, me inserté en el mundo de la música libre, de la improvisación, del free jazz y ahí he encontrado un espacio incluyente donde cada vez hay más mujeres haciendo música, aunque me gustaría ver más en el escenario. Pienso que la música que hacen las mujeres tiene otro sentido y sensibilidad y eso es muy interesante de escuchar. Ver músicas haciendo música libre en el escenario da poder, hace sentir que la vida va más allá de los roles tradicionales y que se puede cambiar el mundo”.

Muy activa, la contrabajista actualmente forma parte de Cihuatl, grupo en el que comparte escenario con Maricarmen Graue (cello), Yvonne Díaz (saxofón),  Damaris Vargas (batería), Ana Ruiz (piano) y Alina Hernández (violín) y que “se ha convertido en un colectivo de mujeres improvisadoras interesadas en hacer música creativa”. Además, trabaja en un proyecto propio llamado LOOPE (contrabajo con procesos y loops), con el artista Antonio Gritón en Cataratas del Niágara –cuyo debut discográfico saldrá próximamente– y colaboró con la Sociedad Acústica de Capital Variable en una grabacion también próxima a editarse, así como en el Megalópolis Trío del saxofonista Ernesto Martínez.

El 11 y 13 de abril de 2015, Adriana, Ana Ruiz y Chefa Alonso (saxofón) ofrecieron un concierto en el Foro Jazzorca. A las sesiones se unieron en algunos momentos Germán Bringas (sax tenor), Don Malfón (sax alto), Lautaro Barra (sax soprano), Alain Cano (bajo) y Rodo Ocampo (batería). Resultado de esa colaboración fue el álbum Free Jazz Women and Some Men (Jazzorca Records) y la formación de Ciwatl, “un proyecto de mujeres improvisadoras que nace después del concierto. Luego Chefa regresó a España, pero Ana y yo decidimos seguir haciendo música juntas, así que invitamos a otras músicas a tocar”.

Allí, en “Luna Roja”, el corte inaugural del álbum, el escucha puede percatarse del poderío de estas mujeres; el tema, de principio a fin, es un ataque feroz con contrabajo, piano y sax que habla de muchas posibilidades, algunas de las cuales  ya se han cristalizado o están en proceso de serlo. Si hay interés en la música nueva y de avanzada de este país, Cihuatl es una opción.

Cuándo se le pregunta a Adriana acerca de su instrumento, no duda en contestar: “El bajo es libertad, un universo de posibilidades sonoras, no sólo es para acompañar, cosa que me encanta, también es un instrumento bellísimo con timbres y colores hermosos que me gusta explorar en el mundo de la música de improvisación con otros músicos y con el proyecto LOOPE. El bajo es una nave espacial con la cuál viajo a otros mundos. Hacer música es descubrir otros mundos, la sutileza de la conexión con otros seres humanos, la naturaleza y la energía universal que siempre están fluyendo y mutando, no hay arriba ni abajo”.

 

 

Un comentario en “Tiempo de mujeres:
Adriana Camacho: hacer música, descubrir otros mundos

  1. que bien, no la conocía… excelente ir despejando nubes alrededor de estos nombres.. gracias, david