En 1968, sólo un país llevó a cabo una auténtica revolución y obtuvo a la larga los resultados políticos y la consecución de los ideales colectivos, tras una ardua y continuada lucha civil: Checoslovaquia. En medio de la confusión de aquel año, tal sociedad lo puso todo claro desde el principio: “Los que hacen las revoluciones a medias no hacen más que cavar sus propias tumbas”. Estalló así la llamada Primavera de Praga.

En La Sorbona o en el Berlín occidental, los gritos y los graffiti estaban dirigidos contra el capitalismo, la sociedad de consumo y la democracia burguesa, contra los Estados Unidos y la guerra de Vietnam. Para los checos, por su parte, era una lucha por la libertad individual, por la cultura, las ciencias, la memoria histórica y la democracia parlamentaria y contra el imperialismo soviético.

Fue la contrarrevolución —la ocupación del país por los tanques del Pacto de Varsovia, dirigida desde el Kremlin— la que combatió a quienes pretendían que el socialismo evolucionara hacia formas democráticas. Sin embargo, la lucha prosiguió por la vía civil sin aflojar, pese a las persecuciones, los encarcelamientos, los exilios o las desapariciones. En todo ello, la música jugó un papel importante.

Porque no hay movimiento social alguno sin banda sonora, sin soundtrack. Es decir, ningún movimiento que busque el cambio, ninguna acción cultural, ningún levantamiento de voz en el ámbito que sea tendrá significancia o trascendencia si no es acompañado, envuelto y avalado por una música característica. Eso sucedió precisa y puntualmente con la Primavera de Praga y la llamada revolución de terciopelo. El nombre del grupo checo que la sonorizó fue The Plastic People of the Universe.

La agrupación se formó tras la invasión soviética, cuando el historiador y crítico cultural Ivan Jirous reunió a los músicos Milan Hlavsa y Josef Janicěk, a quienes se agregarían a la postre Vratislav Brabenec y Jǐrǐ Kabeš. Jirous, convertido en su representante, empleó al canadiense Paul Wilson, quien daba clases de inglés en la Universidad de Praga, para que tradujera al checo las letras del Velvet Underground, los Fugs y Frank Zappa & The Mothers of Invention (grupos estadounidenses de los que dichos músicos reconocían sus influencias). La banda las estudiaba para después hacer covers de ellas. De Zappa tomaron el título de una pieza para nombrarse a sí mismos.

Poco a poco, The Plastic People of the Universe se erigió en el principal representante de la corriente denominada “Praga Underground” –que abarcaba varias disciplinas– y al grupo se fueron agregando integrantes diversos. Su apego al vanguardismo experimental, empatado con una lírica creada por poetas invitados (Egon Bondy, Ladislav Klíma y Jiřǐ Kolář, entre otros), plena de metáforas sobre la represión, la falta de libertad y las atmósferas opresivas, convirtió al grupo en adalid sonoro del movimiento contestatario. Entre sus seguidores más constantes estuvo el poeta e intelectual Vaclav Havel, quien como representante del movimiento lo apoyó y mostró su admiración por su labor y por su música.

El gobierno prosoviético les revocó la licencia como músicos y ya no pudieron presentarse en público. Sólo les quedó la clandestinidad. Siguieron actuando a escondidas y ante públicos escasos que de manera oral fueron incrementando su leyenda. Posteriormente, varios integrantes fueron detenidos y encarcelados. Los restantes miembros continuaron en el underground y mantuvieron su postura En esa época lanzaron dos discos de sus actuaciones en vivo: Muž bez uší (1969-72) y Vožralej jak slíva (1973-75)

La protesta ante los arrestos creció con Havel al frente de miembros de la intelectualidad: poetas, escritores, cineastas y filósofos enarbolaron la Carta 77 (manifiesto en el que se apelaba a la declaración de principios de los derechos humanos que se habían comprometido a ratificar los entonces gobernantes del país). Los detenidos fueron reemplazados por otros músicos para continuar con su mensaje libertario.

El primer álbum de estudio del grupo apareció en 1978 con el nombre de Egon Bondy’s Happy Hearts Club Banned, en referencia al famoso disco de los Beatles. Las grabaciones se hacían en condiciones adversas y eran sacadas del país a escondidas para producirlas en estudios de otros lugares, como Francia o Canadá.

Tras la caída del régimen y el triunfo de la revolución de terciopelo, la banda se desintegró en 1988. Una década después, a petición del entonces ya presidente de la república Vaclav Havel, el grupo se volvió a reunir en conmemoración del vigésimo aniversario de la Carta 77. Desde entonces, ha actuado y grabado álbumes regularmente (el más reciente en apoyo al colectivo Pussy Riot).

Toda etapa histórica, todo ismo artístico, se apoya en las notas que abstraen sus ideas y lo divulgan con cantos y composiciones que lo definen (o definirán) en el oído. El 68 de las hoy República Checa y Eslovaquia evoca con la música de The Plastic People of the Universe la época que les brindó el futuro promisorio del que hoy gozan. Todo un triunfo revolucionario.