Heal me, my darling
Baby I’m hot just like an oven
I need some lovin’
And baby, I can’t hold it much longer
“Sexual Healing”, Marvin Gaye

Soy un convencido de que el buen sexo es la mejor medicina preventiva contra la neurosis. En ese sentido, la cura sexual pregonada por Marvin Gaye en su canción “Sexual Healing” puede funcionar de maravilla, siempre y cuando la persona que se la aplique no se encuentre dañada por severísimos traumas y por una vida de demenciales excesos…, como sucedía con el propio Gaye

En 1979, a sus cuarenta años, este legendario cantante era una ruina humana. Convertido en una especie de vagabundo, el alguna vez llamado Sinatra Negro malvivía en Hawaii, sumido en una gravísima adicción a las drogas y una enfermiza relación con el sexo. Luego de haber sido durante muchos años un símbolo de la música soul y quien llevó a ésta a altos niveles de compromiso social, su vida privada lo traicionó y lo sumió en una ruina verdaderamente patética.

Nacido en Washington, D.C., el 2 de abril de 1939, este apasionado ariano creció en el seno de una familia en extremo conservadora. Su padre, Marvin Gaye Sr., era ministro de una secta cristiana tan austera y fanática que incluso condenaba las celebraciones religiosas. Gaye Jr. fue criado por su progenitor –quien gustaba de vestirse de mujer a escondidas– a punta de golpes y durante su niñez y adolescencia prácticamente sufrió una paliza diaria.

Como muchos negros, Marvin cantó en el coro de una iglesia y pronto descubrió que la música era su vocación. Luego de terminar la secundaria y de haber hecho el servicio militar, a finales de los cincuenta se integró a grupos vocales como The Rainbows y The Moonglows, para entrar en 1961 a Motown Records como baterista de sesión. Participó en grabaciones de Smokey Robinson and The Miracles y al poco tiempo se casó con Anna, la hermana de Berry Gordy, director de esa disquera.

Todo parecía ir bien para Gaye. Pronto logró grabar ya como cantante y consiguió algunos éxitos como “Pride and Joy”, “It Takes Two” y “How Sweet It Is (To Be Loved by You)”. Sin embargo, sus pretensiones artísticas iban más allá de ser un mero productor de éxitos comerciales y eso comenzó a traerle algunos conflictos con la Motown. Con todo, aún logró colocar un tema en el primer lugar, “I Heard It Through the Grapevine”, de hecho el mayor éxito de su vida en las listas de popularidad.

A finales de los sesenta, el músico no era un hombre feliz. Su matrimonio se tambaleaba, su adicción a las drogas se incrementaba y no conseguía hacer lo que anhelaba en la música. Sin embargo, su terquedad logró lo que parecía imposible y en 1971 grabó un álbum bajo sus parámetros creativos. El resultado fue un trabajo que cambiaría la cara de la música soul: What’s Going On, obra intensa, sofisticada, experimental, con elementos rítmicos del jazz y letras críticas y profundas. A pesar de las reservas de la disquera, el disco tuvo un gran éxito y Gaye pudo tomar al fin en sus manos el control de su carrera, fruto de lo cual serían álbumes como Trouble Man (1972) y el fuertemente sexualizado Let’s Get It On (1973). Pero sus problemas maritales eran cada vez mayores y en 1975 quiso divorciarse de Anna Gordy. Aquello fue una catástrofe. El juicio de separación se prolongó durante toda la segunda mitad de los setenta y al final Marvin tuvo que pagar seis millones de dólares a su esposa. El hombre quedó en la ruina y se vio obligado a grabar un nuevo disco –Here, My Dear (1978)– sólo para poder pagar algunos de los gastos del divorcio. Fue el inicio de la debacle.

Emocionalmente inestable, los traumas de su violenta niñez comenzaron a aflorar, acentuados por su imparable consumo de drogas, sobre todo de cocaína. Quiso paliar todo eso casándose de nuevo y lo hizo con Janis Hunter, pero el nuevo matrimonio nunca funcionó, sobre todo debido a las inseguridades sadomasoquistas de Gaye. Consciente o inconscientemente, provocaba que su mujer se enredara sexualmente con otros cantantes amigos suyos y se dice que los espiaba mientras estaban en la cama, lo cual le provocaba al mismo tiempo un enfermizo estado de sufrimiento y gozo. Luego “descubría” las infidelidades de Janis y la golpeaba sin piedad.

Afectado cada vez más por el consumo de drogas duras y por sus fijaciones sexuales, Marvin Gaye echó su carrera por la borda y en 1979 se fue a Hawaii, donde empezó a vivir como un hippie trasnochado, en una van desvencijada a orillas del mar. Su esposa fue a buscarlo un día y lo único que logró fue una golpiza que casi le cuesta la vida. La suerte de su marido parecía estar echada, la locura lo tenía en sus garras.

Dos años transcurrieron sin que las cosas cambiaran, hasta que el promotor belga Freddy Cousaert logró ganarse la confianza de un paranoico Gaye y lo convenció de ir con él a Europa y recomenzar su carrera. Un milagro pareció suceder entonces. El cantante se fue a vivir a Ostend, a orillas del Mar del Norte, y resurgió de sus cenizas artísticas, realizando exitosas giras por el viejo continente. Marvin rompió con Motown, se contrató con Columbia y escribió una de sus mejores canciones, la sensacional “Sexual Healing” que se convirtió en un éxito mundial. Por desgracia, aquello no fue suficiente para que sus fantasmas desaparecieran.

En septiembre de 1982, decidió volver a su país y se instaló en la casa de sus padres, ya que su madre había sido afectada por un cáncer en el hígado. No fue la mejor decisión. Las drogas lo tenían en una situación de paranoia extrema. Creía tener enemigos por doquier y, lleno de deudas, veía incluso en sus acreedores a eventuales asesinos que podrían atentar contra su vida. Se hizo de varias armas y regaló una pistola a su padre. En su habitación instaló toda clase de alarmas, con tal de sentirse seguro. Quién iba a decirle que su violenta muerte habría de surgir de su propio e híper protegido hogar.

Tratando de recuperar su carrera musical en los Estados Unidos, realizó diversos conciertos. No obstante, su claridad mental era cada vez peor. Olvidaba las letras de las canciones en el escenario, sufría lagunas mentales. Su apetito sexual era incontenible y buscaba seducir a toda mujer que se le pusiera enfrente, sin importarle su estado civil. Ello le trajo el odio de muchos maridos, a quienes situó también como potenciales enemigos mortales. Por ello, solía mirar a través de las ventanas de su casa en busca de sombras furtivas.

Fanático de la pornografía, consumidor de cocaína pura (desayunaba, comía, cenaba coca), con un carácter cada vez más inestable, trató de suicidarse más de una vez, una de ellas arrojándose a las llantas de un automóvil que pasaba por la calle. No logró su cometido, pero la muerte llegó cuatro días después, de la manera más absurda. El padre de Marvin estaba furioso porque no encontraba un documento y culpó a su hijo. Hubo una fuerte discusión que terminó en mutuos empellones. Enardecido, el reverendo fue a su recámara, tomó el revolver 38 que su heredero le había dado y disparó dos veces contra éste. El músico cayó fulminado. Era el día primero de abril de 1984, la víspera de su cumpleaños número cuarenta y cinco.

¿Instigó el propio Gaye su muerte al provocar a su padre, sabiendo lo violento e irracional de sus reacciones y sabiendo también que el viejo lo odiaba por sus logros en la música y su éxito con las mujeres? Nunca se sabrá, aunque la idea, a decir verdad, no es del todo disparatada.