Dentro de la música popular, la electrónica y la experimentación con ella tienen una tradición propia y muestran puntos de coincidencia con la música clásica moderna, en especial con la música concreta, basada en sonidos y otros campos de la vanguardia. Por una parte, el estilo ambient del que se sirve este pop llamado “inteligente” corresponde a una evolución musical antigua y autónoma, mientras que por otra se ha convertido en un terreno de juegos muy frecuentado por los productores del indie actual: en él, los viajes sonoros van más o menos de lo amorfo de los sonidos sin beats hasta el barroquismo pinturero de los que buscan paliar con techno su falta de originalidad. La gama de posibilidades abarca desde una esotérica mescolanza sonora producida por varios teclados hasta ruidos esenciales de carácter minimalista.

A través de todo ello fluctúan los fantoches y los artistas. Los primeros, con una sola idea mueren como flor fugaz y tras de sí no dejan huella. Los segundos, en cambio, proporcionan una paleta polifacética o multidisciplinaria que ilumina caminos y descubre vías. Entre estos últimos se encuentra Cibelle, la propuesta reciente más destacada de la diáspora brasileña que ha extendido en el mundo su gran manto por medio de la música, la cual al mezclarse con otros irradiadores culturales, como Londres por ejemplo, da paso a transformaciones de la misma para ubicarse, como ahora, en la hipermodernidad (la estética por antonomasia de lo que va del siglo XXI).

Cibelle es una mujer de hipnotizantes rítmicas y sibilinos matices electrónicos. En ella, esta última impronta ha ocupado la preponderancia de sus propuestas (neo folk, jazz&bossa, microbeats, vocal FX y distopic sci-fi), aunadas al performance, al teatro y a la poesía, mientras que su instrumentación tecnológica obvia la tradicional brasileña, sin perder por eso el elemento de su esencia identitaria. Como videoasta, que también lo es, utiliza en sus presentaciones herramientas como el Ableton live 6 y el escenario semeja un gran plato de spaghetti, debido a que aparecen en él muchos cables que sirven a su vez de decorado. Trabaja igualmente con live sampling y usa stompboxes, como la RC20 o la RC50 de Boss, entre otras cosas.

Cibelle es, pues, una ejemplar representante de la panglobalización de tintes paulistas con un pie en el avant-garde. Con todo eso se comprueba aquello de que la música que se nutre, poco o mucho, de la electrónica no es el producto de las máquinas sino de los seres humanos que aman a las máquinas como instrumentos para la construcción de lenguajes significativos.

A pesar de parecer un recién llegada a la escena musical, es poseedora de una larga trayectoria. Cibelle es el nombre sintetizado con el que se conoce a Cibelle Cavelli Bastos, compositora, poetisa y cantante brasileña, nacida en Sao Paulo en 1978, que se dio a conocer a finales de la década de los noventa. Desde los cinco años de edad empezó a tomar clases de guitarra, luego lo hizo con el piano y la percusión.

Fue descubierta a los catorce años por un cazatalentos y participó en varios anuncios como modelo, conejita (Playboy) y hasta en el cine. No obstante, pronto supo que su verdadera pasión era cantar, así que probó suerte en las jam sessions de su ciudad. Ahí el productor yugoslavo Suba (avecindado en Brasil) se fijó en ella y la invitó a participar en el álbum que estaba preparando. Dicho disco resultó ser Sao Paolo Confessions (de 1999), una obra clásica de la electrónica con la que la vocalista se dio a conocer internacionalmente con su voz dulce y delicada.

Tras la aparatosa muerte de Suba durante un incendio, la cantante participó en el álbum Tributo, dedicado a él. Fue cuando decidió lanzarse como solista. Desde entonces ha publicado cuatro discos (y cuatro EP): el prometedor debutCibelle (2003, álbum que cuenta con colaboración de Apollo Nove en los controles), The Shine of the Electric Dried Flowers (2006, producido por el mismo Nove y Mike Lindsay), Las Vênus Resort Palace Hotel (2010, en el que trabajó con el afamado realizador Damian Taylor) y Unbinding (2013). En todos alterna los idiomas inglés y portugués.

El primero de ellos se inscribió en la corriente MPB, con marcado énfasis en lo brasileño, pero luego de su aparición decidió alterar la fórmula y optar por lo electro y para ello se mudó hacia Londres, la capital de los nuevos beats. El resultado fue el segundo de ellos (The Shine…), quefue comparado con trabajos tan elaborados y poéticos como Vespertine de Björk (su evidente influencia estilística) o Cripple Crow de Devendra Banhart (con el cual canta a dúo el tema “London, London”), por sus paisajes sonoros y su eclecticismo.

EnLas Vênus Resort Palace Hotel, su propuesta evolucionó hacia el concepto con un estilo tropical ciber-punk post Ziggy Stardust que habla de la madurez artística de Cibelle, quien se presenta con un alter ego –Sonja Khalecallon– y un proyecto más complejo y retrofuturista (con algún tema del compositor pionero de la música electrónica, Raymond Scott). El disco es la banda sonora de la vida en un cabaret postnuclear: un grado superior en la experimentación de una bella trenzada con las máquinas.