Mientras escucho un aburrido programa radiofónico de medianoche, como fondo musical suena una pieza de jazz. Reconozco el sonido grueso de esa trompeta. Los beats de la batería son igual de inconfundibles. Todo aquello dura menos de diez segundos. Tan breves como la vida de su intérprete, el trompetista Clifford Brown.

Este talentoso músico por desgracia no figura en las antologías de los grandes del jazz. Si acaso lo mencionan de pasada. Sobre todo por su temprana muerte. No obstante, junto con todos ellos vivió de tocar alrededor de las más profundas noches, en medio de todos los vicios, aunque no era un toxicómano. Lo que hacía era tocar y componer música para la noche y que pudiera escucharse a cualquier hora del día.

Brown nació en Wilmington, Delaware, el 30 de octubre de 1930. De niño tocó el bugle. Después, a los doce años, comenzó a recibir clases de trompeta. Así que antes de cumplir los veinte ya había decidido que lo suyo iba a estar en dedicarse a tocar y componer jazz. Sin embargo, sufrió un accidente de auto en 1950 que lo mantuvo alejado de los escenarios durante casi un año, pero aprovechó ese tiempo y practicó piano, además de ampliar sus conocimientos en armonía.

Cuando irrumpió en los escenarios a mediados de los años cincuenta, ya se había convertido en un virtuoso. Lo que lo caracterizaba era el control con el que manipulaba y sostenía ese sonido “grueso” de su trompeta, además de su ejecución armoniosa, en la que daba la impresión de volver a los orígenes del jazz.

En 1954, Clifford conoció a otro de los grandes: Max Roach (1924-2007), con quien formó un quinteto en el que Brown desarrolló todo su potencial musical al lado de Sonny Rollins y, junto con otros músicos, sentaron las bases del hardbop.

Max Roach fue uno de los primeros en utilizar la batería como instrumento melódico, al componer solos musicales con gran variedad de timbres.

Brown y Roach preferían más los medios tiempos, pero cuando tocaban las piezas más rápidas, sus interpretaciones sonaban controladas. Con todo ese dinamismo el Brown-Roach Quintet difundió el estilo hardbop.

Algunos teóricos e historiadores musicales afirman que ellos crearon ese ritmo. No es del todo cierto. Sin embargo, fueron ellos quienes le dieron mayor impulso. Durante la siguiente década, el hardbop ganó aceptación como el sonido dominante del jazz moderno.

Por desgracia, esta potente banda musical duraría tan sólo poco más de dos años. Pese a su corta existencia, nos legaron piezas legendarias que influenciarían a generaciones posteriores. Entre estas podemos mencionar “George’s Dilemma” y “Cherokee”.

Todo iba muy bien en la agrupación, hasta que en junio de 1956 la fatalidad, esa intrusa que llega en el momento más inoportuno, apareció a manera de tragedia. Brown conducía un auto acompañado del pianista Richie Powell y la esposa de éste. Era de madrugada. Iban sobre la autopista a Pennsylvania. Brown perdió el control del auto y chocaron. De los tres, fue el único que perdió la vida. No iban drogados, tampoco alcoholizados. Fue la fatalidad la que le arruinó su carrera musical. Tenía veinticinco años.

Para la posteridad quedaron grabados sus solos de trompeta, con un discurso tan puro y coherente como el de Louis Armstrong o Bix Beiderbecke. Su influencia quedó impresa en músicos como Miles Davis, Dizzy Gillespie, Theodore “Fats” Navarro y Wynton Marsalis, entre muchos otros.

Tras recuperarse por la lamentable pérdida, Max Roach continuó con su carrera musical. A partir de 1960 introdujo una dimensión política en su arte, cuya prueba será “We Insist, Freedom Now Suite”, obra que se inscribe de alguna manera en el movimiento free (homenaje a los migrantes negros de África, expresado a través del canto-grito de la cantante Abbey Lincoln, su esposa).

De 1970 a 1976, Roach se negó a grabar en los Estados Unidos, para protestar contra la explotación económica de los músicos, y dedicó la mayor parte de su tiempo a la enseñanza. Tocó también en un concierto por la liberación de Nelson Mandela, junto a los africanos Manu Dibango y Salif Keita.

En cuanto a Clifford Brown, dos composiciones suyas fueron destinadas a convertirse en referentes del jazz: “Joy Spring” y “Daahoud”.

A manera de homenaje, buena cantidad de músicos han hecho variaciones de la pieza “I Remember Clifford”, compuesta por Benny Golson. Entre ellos, Art Farmer, The Jazz Messengers, Dizzy Gillespie, Lee Morgan, Stan Getz y Freddie Hubbard.