Temprano le llegaron los logros. Benjamín Lechuga apenas tenía 17 años cuando ganó el prestigiado Ibanez Project y se convirtió en uno de los guitarristas más jóvenes en ser patrocinados por dicha marca. Luego, el también compositor oriundo de Santiago de Chile resultó elegido para la Beca Steve Vai, lo cual le permitió estudiar durante un año en el Institute of Contemporary Music Performance de Londres.

En 2011, el músico —quien también forma parte de la agrupación Delta, un combo más orientado al rock progresivo y con el cual ha grabado nueve placas, tanto de estudio como en directo— debutó con un trabajo solista titulado Lechuga.

Sin duda es una tarea difícil para cualquier guitarrista encontrar algo nuevo en un camino donde han transitado tantos exponentes del instrumento y muchos de ellos han dejado una profunda huella; sin embargo, Lechuga, más allá de buscar innovar o romper paradigmas, sólo desea expresarse. Cuando eso sucede, su guitarra se transmuta, va de lo ágil y vertiginoso (“Animal”), a pasajes más reposados en los cuales incluso hay una pátina de romanticismo (“Entre 2 mundos”), acercamientos a la fusión (“Subjetividad del tiempo”), el funk (“Evil Funk”) y también apuntes propios (“Vurdon”) en los que agrega la guitarra clásica y con ella un impulso flamenco que se torna expansivo y muy explosivo cuando se conjunta con la eléctrica para crear un bello tema. Como debut, Lechuga sin duda le sirvió para deshacerse de lastres y encontrar su propia forma de decir las cosas.

Tres años después, entrega una segunda producción discográfica llamada The Search Part 1: Introspection, en la que las andanzas de su instrumento se refinan. Sin abandonar la velocidad, pero si moderándola, hace llegar un trabajo de breve duración en el cual la fusión entre el metal, el progresivo y los sonidos negros (jazz y funk, principalmente) encuentran una mejor amalgama. No se desprende todavía de ciertos pasajes en los cuales parece abusar de lo melódico (“Andes Groove”) o “Asfixia”, tema cantado pero lejano a la fusión que, en cambio, sí aparece de manera contundente en “The Search”.

En 2017, el chileno conjuntó una sección de alientos, abrió la puerta a varios invitados (Simon Grove, Plini; Derek Sherinian, ex Dream Theatre;, Vladimir Lalic, Organized Chaos, entre otros) y soltó las amarras. Sin contención alguna exploró la veta negra de la música en The Search Part 3: The Hypothesis que desde el comienzo (“Lettuce & The Gang”) pone énfasis en el funk para luego derivar en un pasaje más contemplativo (“Anxious on Hold”), corte que como “The Hypothesis” y “Please Let Go” en realidad funcionan como transiciones entre composiciones.

El guitarrista visita el jazz en “Waiting for the Miracle”, un track de tiempo lento en el que mira a la noche, la dispersión y la soledad (scat incluido) y hace nuevas versiones de un par de canciones aparecidas en su trabajo anterior (“Madness” y “The Search”), con la novedad de que en estas el invitado es el tecladista Sherinian, cuyas aportaciones resultan vistosas pero no definitivas; mientras, en “Leap of Faith” (con Valdimir Lalic), regresa a esa vena funk instaurada al inicio e incluso se acerca tangencialmente al hip hop.

Si en disco Benjamín Lechuga es atractivo por su dinamismo y su sonido sólido, la oportunidad de advertir en directo su técnica y capacidad para expresar sus emociones y contagiarnos de ellas se dará cuando, acompañado de Marcos Sánchez (bajo) y Felipe Cortés (batería), haga una breve parada en la Ciudad de México para un par de presentaciones. La primera, el 12 de abril en el Gato Calavera, al lado de Anima Tempo y Outer Heaven; la segunda, dos días después en el Centro Cultural Roberto Cantoral, como banda invitada de Marty Friedman.

Ideal para aquellos que siempre piensan que en esta ciudad nada pasa y que en la música no hay algo digno de ser escuchado.