Las obras de la vanguardia del arte digital, en las cuales los artistas ofrecen un repertorio de sonidos, música y herramientas con códigos informáticos que facilitan que cualquier persona pueda participar, por medio de la red o en persona, en la creación de una pieza musical, así como la existencia de alas como la New Media Art (del Museo Whitney de Nueva York) o la LABoral (el espacio para desarrollar actividades expositivas en torno al arte, la ciencia, la tecnología y las  industrias visuales avanzadas, con sede en España) son la mejor muestra y la mejor forma para recordar al llamado padre del videoarte, Nam June Paik, personaje renacentista que durante su vida pugnó por cambiar las relaciones de los espectadores con los medios, mediante el empleo del sonido, la música, la imagen y las nuevas tecnologías.

En el ínterin, Paik acumuló una gran cantidad de actividades en su haber: músico electrónico, compositor, artista plástico, descubridor experimental, performer, investigador pionero de la robótica y de la comunicación satelital, escultor/instalador, escritor, docente, inventor de términos (“El futuro es ahora”, “La supercarretera de la información”), colaborador cosmopolita, videoasta y analista crítico de los medios de comunicación e internauta referencial, entre algunas otras cosas.

Nam June Paik murió el 29 de enero del 2006, a la edad de 74 años, en Miami, Florida. Cuando lo hizo, a pesar de la apoplejía que padecía y que lo remitió a la casi parálisis, se encontraba trabajando en incorporar haces de rayos láser a sus esculturas envolventes y éstas a los lenguajes y sonoridades de internet, para crear en la red nuevos espacios con luz y movimiento, propios del talante hipnótico. Para entonces ya había realizado exposiciones, transmisiones y conciertos durante más de cuatro décadas (incluida su participación con la escultura The More the Better que apilaba 1003 monitores de televisión en la Olimpiada de Seúl o en la Documenta de Kassel, Suiza, donde inició por primera vez la transmisión vía satélite de performances) y recibió múltiples reconocimientos (en Corea del Sur hay un museo con su nombre) y premios, entre ellos del Instituto Guggenheim, del American Film y de la UNESCO.

Como experimentador avant-garde, trabajó a lo largo de su vida con personalidades igualmente transformadoras: Laurie Anderson, David Bowie, John Cale, Merce Cunningham, Salvador Dalí y un enorme listado. Con la cellista clásica Charlotte Moorman hizo arte y escándalo: combinó el desnudo con el video y éste con el performance y la música; erotizó la high-tech y creó así usos alternativos e interconectados para nuevas disciplinas. Todo su trabajo se volvió clásico, sorpresivo, trascendente e imitado.

Al sentar los precedentes para el videoclip, el videoarte y formas distintas para el documental, los discursos fílmicos (desprovistos de imágenes) y el arte digital, motivó la reflexión y llamados de alerta acerca de cómo los espectadores somos el inerme objetivo en el bombardeo de imágenes que imponen maneras de pensar, oír, sentir y actuar en la aparentemente inocua realidad de la vida cotidiana. La televisión siempre estuvo en la mira de su quehacer crítico, porque supo desde el inicio de la historia del aparato que los significados privilegiados por éste llegan a ser categorías culturales impuestas sobre nuestra experiencia diaria y sus estructuraciones determinan el pensamiento que producimos, es decir, el sentido que le damos a nuestra vida de todos los días. Hay infinidad de videos e instalaciones en las cuales detalló su concepto sobre todo ello y que han hecho escuela.

Su labor artística mantuvo desde el comienzo el humor y la ironía (de corte neo dadaísta), armas letales que le sirvieron para descontextualizar a los medios, desconcertar a emisores y receptores con su irreverencia y transformar los mensajes emitidos por los primeros. Fue un magnífico alumno de filosofía, historia y música (en las universidades de Tokio, Munich y Friburgo), brillante discípulo (de Karlheinz Stockhausen, John Cage, Luigi Nono y David Tudor), motivante compañero y colaborador (de Josef Beuys, Wolf Vostell, George Maciunas y el Movimiento Fluxus), estimulante visionario, creador y profeta teórico y empírico de la comunicación.

Su filosofía pluralista surgió de lejos y fue inspirada por sus orígenes ancestrales (tuvo que exiliarse de su natal Corea junto con su familia –al huir de la guerra– en Hong Kong y luego en Japón, allá por 1950, y a la postre, tras muchas andanzas mundanas, se naturalizó estadounidense en 1964). El mundo creativo de Paik se desarrolló al integrar la modernidad de la cultura occidental al espíritu oriental, en el cual se reúnen diversas fuentes del pensamiento (Zen, Ying y Yang, chamanismo) con lo aleatorio global y local, el azar, la originalidad y los iconos y arquetipos tradicionales.

En cada una de las obras de Nam June Paik –nacido el 20 de julio de 1932 en Seúl, como quinto hijo de un obrero textil– existió la búsqueda de la fugacidad y la indeterminación y la tecnología le permitió llevar sus ideas musicales a las artes plásticas y éstas a la vida ordinaria, al fabricar los paisajes electrónicos e instrumentos requeridos para ello, con el objeto de provocar la transformación del simple espectador en crítico, autor, intérprete y escucha de su propia realidad.