La editorial Malpaso, de Barcelona, acaba de poner en circulación la versión en castellano del libro Paul McCartney, la biografía, del biógrafo inglés Philip Norman, quien ya antes había publicado Gritad, La verdadera historia de los Beatles (1981) y John Lennon, la biografía (2008).

Philip Norman y su flamante obra.

Estamos frente a una exhaustiva investigación acerca de la vida de McCartney, un personaje del cual el periodista español Rafael Narbona escribió, en el sitio Revista de libros: “John Lennon ha pasado a la posteridad como el principal genio creativo de los Beatles. Sus propias declaraciones contribuyeron a promover esa imagen: «Yo empecé la banda. Yo la disolví. Tan simple como eso». Paul McCartney siempre ha ocupado un lugar secundario, lastrado por la fama de blando y sentimental. La trágica muerte de John Lennon consolidó su condición de mito moderno. No ya sólo del pop, sino de la cultura, donde ocupa un lugar privilegiado como un espíritu inconformista, provocador y visionario. Su oposición a la guerra de Vietnam, su pacifismo militante y sus originales performances lo situaron más allá de la música, aproximándolo a una especie de santidad laica. Aunque algunas biografías han cuestionado esta interpretación, aireando sus flaquezas y sus miserias, el apego al mito ha prevalecido sobre cualquier intento de rebajarlo. Mientras tanto, la figura de Paul se ha mantenido en el plano de los mortales. Nadie ha negado su talento musical, pero su celebridad nunca ha disfrutado de una connotación mítica. Simpático, sencillo y avispado, podría ser el hijo de un vecino de escalera. Su éxito colosal produce asombro y quizás envidia, pero la fama no lo ha transformado en una leyenda. Podría ser el yerno perfecto, cariñoso y atento o, sencillamente, la estrella que no ha olvidado a sus amigos. ¿Verdaderamente es así? ¿Lennon debe ser recordado como un genio que ha trascendido el terreno de la música, y McCartney como un brillante compositor, pero con una mente mucho menos inspirada y una trascendencia artística notablemente menor?”.

Ya acerca de Paul McCartney, la biografía, anota Narbona: “Philip Norman (Londres, 1943) aborda esta cuestión (la de la dicotomía entre Lennon y McCartney) con el excelente bagaje que le proporciona ser el autor de una monumental biografía sobre Lennon, en la que ya se había encargado de oponer ciertas objeciones al mito, pero sin destruirlo. Anteriormente, Norman había publicado en 1981 un largo ensayo sobre los cuatro de Liverpool, titulado ¡Gritad! La verdadera historia de los Beatles, que liquidaba ciertos lugares comunes y abría nuevas perspectivas sobre el conjunto, mostrando que su éxito no podía disociarse del talento empresarial de Brian Epstein, una de las figuras a las que se ha llamado el «quinto Beatle», ni de los arreglos musicales de George Martin, cuya sólida formación le permitió mejorar las composiciones con formulas originales e innovadoras. En su biografía de John Lennon, Norman había mostrado que el genial creador de «Imagine», «Woman» o «A Day in The Life», nunca había superado las heridas de su niñez. A los seis años, sus padres, después de separarse y obligarlo a elegir entre uno de los dos, lo confiaron finalmente al cuidado de su tía Mimi, una mujer estricta y muy conservadora. Su madre, Julia, lo visitaba de vez en cuando hasta que murió atropellada: John tenía diecisiete años. Afectado por estas vivencias, John se convirtió en un joven conflictivo e indisciplinado, que respondía a las frustraciones con violencia y sarcasmos. El éxito no logró borrar sus inseguridades. Según Norman, su romance con Yoko Ono se caracterizó desde el principio por una aguda dependencia emocional; John asumía un papel pasivo, lo cual no impedía que a veces estallara y perdiera los estribos, actuando de una forma egoísta, brutal y desconsiderada. Yoko Ono se entrevistó con Philip Norman varias veces durante la redacción de la biografía, mostrándose cercana y colaboradora, pero, cuando leyó la obra, afirmó que falseaba maliciosamente la realidad. Paul tampoco se mostró contento con el texto, pues le atribuía una personalidad manipuladora y avariciosa. Las críticas no desanimaron a Norman, quien decidió continuar con sus investigaciones. Su biografía de McCartney completaría su trabajo sobre los Beatles, uno de los fenómenos artísticos y sociológicos más relevantes del siglo XX. No sólo son el grupo más influyente del pop, sino un poderoso desencadenante de cambios sociales y estéticos que perduran hasta nuestros días.

“Philip Norman no volvería a hablar con Paul hasta principios de los años ochenta, cuando éste lo llamó inesperadamente por teléfono. Su biografía de John Lennon le había hecho pensar que lo odiaba y quería saber por qué. Con sus grandes dotes de seducción, McCartney logró convertir la tensión inicial en un relativo entendimiento. Cuando Norman le comunicó que pensaba escribir su biografía, no sólo no se opuso, sino que se ofreció a colaborar por medio de Stuart Bell, su jefe de prensa. «Fue la mayor sorpresa de mi carrera», confiesa Norman que dedicó los siguientes dos años y medio a investigar quién era realmente Paul McCartney. ¿Su gesto de los dos pulgares alzados expresaba un optimismo sincero y cordial o sólo era una estrategia para mejorar las ventas? Yoko Ono había comentado a Norman que nadie había hecho sufrir a John tanto como Paul. ¿Se escondía tal vez un villano detrás de su fachada de buen chico? Las casi ochocientas páginas de Norman desmienten esa sospecha, sin escamotear sus defectos. Como cualquier ser humano, Paul ha cometido equivocaciones e incluso mezquindades, pero también ha cuidado a las personas de su entorno y ha prestado ayuda a sus viejos amigos. Paul es un buen tipo, no un malvado”.

El propio Philip Norman se declaró muy satisfecho con el resultado de su libro, pues “he logrado revelar a un Paul McCartney muy diferente de la imagen que el mundo tiene de él: un adicto al trabajo y perfeccionista que, a pesar de su amplia fama, ha sido subestimado por la historia y que, pese a su genio indudable, es, a su manera, tan inseguro y vulnerable como su aparente antítesis total, John Lennon. Al tiempo que reconozco sus flaquezas, he llegado a respetar –y, con frecuencia, a admirar− a ese hombre contra quien, alguna vez, se ha pensado que yo sentía animosidad”.