“Componer no es difícil, lo complicado es dejar caer bajo la mesa las notas superfluas”, decía Johannes Brahms, en una cita que define a la perfección al músico poblano Adrián Romero, para quien la composición es totalmente pragmática, es el ritmo de la vida y hacer música es un completo acto de resistencia.

Romero nació en Puebla en 1986. De formación musical autodidacta, en 2005 formó Mama Blus, grupo de blues-funk, y editó su primer LP. En 2007, fundó Caca de Gato que en 2011 sacó el disco Folk indigente, fusión de música celta, country, rock steady y ritmos africanos.

Aquí una entrevista con este músico.


¿Cómo es forjar el rock desde Puebla?
Se trata prácticamente de una postura de vida. Puebla es un lugar donde empieza a despuntar la violencia cotidiana como signo de la enfermedad del poder económico. Antes, en cambio, había sido un lugar tranquilo, donde podías abstraerte para desarrollar una actividad creativa, un buen lugar para estar y crear. Pero definitivamente no es el lugar correcto para mostrarlo, el público es muy apático con las bandas locales.

¿Cómo es la escena musical local?
Es muy amplia. En Puebla, por cada esquina te encuentras a veinte músicos, hay una variedad de propuestas muy interesantes. Aunque al pasar de los años vas viendo cómo se disuelven, se hacen y deshacen por falta de una industria musical que te ampare contra la voracidad del tiempo y sus cambios, las necesidades de trabajo, atender la escuela, la familia, la renta, la comida y un largo etcétera. Los músicos dejan de ser músicos o bien no se dedican a generar un lenguaje musical propio, porque lo que deja es el hueso. Hacer música original es un acto resistencia.

¿Qué es el folk progresivo?
Es un nombre. Lo concibo como una forma libre de hacer música, es decir, de explorar a partir de una idea, una emoción, una experiencia, un viaje, un sentimiento obcecado… En vez de remitir a un espacio como la ciudad, devela las imágenes internas de cada individuo. Me gustaría que algún profesional en el tema de poner nombres a lo que es y lo que no es, defina mi música, yo no me preocupo mucho por eso. Digo que es folk progresivo por una necesidad de nombrar lo que hago, para conceptualmente acercar al público a mi música.

¿Qué hay del gipsy o manouche jazz, cómo llegaste a este género?
Yo conocía la música de Django Reinhardt desde hacía mucho tiempo. Siempre creí que era un alien. Lo suyo es genial, un lenguaje único, prácticamente el manouche es Django. El manejo de la guitarra de este género es fenomenal. Siempre quise saber cómo se hacía, pero no fue hasta un encuentro fortuito con Pere Soto en la ciudad de Oaxaca, en un concierto de jazz donde llegó Alejandro Marcovich y se echaron un  duelo de guitarras. Le pedí a Pere que me diera clases. Ahí empecé a entrarle al manouche.

¿Cómo se logra mezclar éste con el huapango, el rock steady, la música incidental, el rock and roll y la música regional poblana?
Todas esas vertientes pertenecen a la misma familia, la de la música. Algunas más parecidas que otras, pero creo que en esencia hay un punto donde son muy afines.

¿Cómo es tu proceso creativo?
Me tiene que pasar algo. Mis canciones son descripciones de mis encuentros y desencuentros amorosos, inevitablemente entrelazados con el armatoste social y, por el otro lado, con la naturaleza, tan bella, tan cruel, tan natural. Esa experiencia, ese algo que pasa tiene un ritmo que a veces revela primero la melodía, a veces primero la armonía, pero es en el ritmo de la acción donde está mi primer acercamiento a componer. Lo demás se va revelando paso a paso. He tenido procesos de años.

¿Cuáles son tus referentes literarios?
Rulfo, Castaneda, Pacheco, Velasco Piña, Vyasa, Tom Spanbawer, Alejandro Meneses, Borges, Hesse, Gringber…

¿Y musicales?
Hay música por todos lados, no se acaba, me abruma. Hay muchas cosas que me encantan y ya no vuelvo a escuchar en mucho tiempo. En fin, no soy un melómano profesional, pero aun así la lista es muy larga: Son de Madera, los Beatles, Mars Volta, Violeta Parra, Lasha de Sela, Django, La Trola, Belafonte Sensacional, Gerardo Enciso, Nono Tarado, Rockdrigo, Silvio Rodríguez, Natalia Lafourcade, Miles Davis…

¿A qué refiere el nombre de Kin Nini, el Mr. Hyde de Adrián Romero?
No, no es una parte escondida de mí. Es una expresión totonaca que significa “Nosotros muertos” y no es porque tenga tendencias suicidas. Me parece que tener presente a la muerte es una de las características más emblemáticas de la sociedad mexicana, no se le huye, se le baila y se le celebra; es un llamado a no perder el tiempo, a dar cada paso como si fuera el ultimo. Pero el nombre viene de una partida de abogados con los que vivía. me llamaron King nini porque recién había dejado la carrera de literatura y me la pasaba tocando en mi cuarto. Para ellos era perder el tiempo, para mí una inversión de vida. Me dio gracia el nombre y lo adopté. No obstante, nunca fue de mi agrado el inglés como una forma de darme a entender o conceptualizar mi trabajo y fue en mi acercamiento con los totonacos que supe que una grácil modificación en la expresión daba un giro completo. Por separado, las palabras también tienen otro matiz: “kin”, en maya, significa “día” o “sol”.  “Nini” es el pronombre demostrativo en náhuatl “este”. Lo concibo entonces como “Este sol”. En la actualidad parece que los mexicanos queremos vivir más el sol de Europa u otros lugares sin darnos por enterados de lo que aquí brilla más. Por otro lado, Kin Nini también significa “sol nini”, un sol que no trabaja y no estudia, sólo es.

¿Qué música escuchaba tu padre, el rockero Jesús Romero?
De niño escuché sin hartarme hasta ahora a los Beatles. Claro, también se sentaban a la mesa Frank Zappa, Queen, MC5, Led Zeppelin, los Rolling Stones, Stevie Ray Vaughan, Eric Clapton, Jimi Hendrix, Donovan, Al di Meola, Gabor Szabo, Violeta Parra, Inti Illimani, Carlos Arellano… Un gran personaje, mi padre. Y sus amigos, mis primeros maestros.

¿Cuál es la mayor enseñanza que el guitarrista Pere Soto te ha dejado?
La paciencia entre clase y clase. Tenemos una historia larga.

¿Qué me cuentas sobre tu relación con el teatro?
El teatro es mi máximo éxtasis. Considero a lo cotidiano el gran teatro. Fue en la preparatoria donde conocí a José Carlos Alonso, un excéntrico director con cuyos disparates escénicos siempre congenié. Hago música para él desde hace quince años. El disco de los Caca de Gato es prácticamente un trabajo escénico que desarrollé con él en aquellos años. Justo ahora estamos planeando un segundo disco de Caca de Gato para una obra. El Teatro es mi motor.

¿Por qué nombrar a tu tercer disco como Caca de Gato?
Es un nombre muy excéntrico. Viene de un relato quiché de Guatemala, den el que se cuenta que el origen del maíz viene de la caca de gato. Al tener mucha hambre, los hombres de ese tiempo no comían más que una yerba que nombraban tzetzina, un alimento que no los hacía sentir con suficiente fuerza. No obstante, observaron que en la caca de gato montés había un grano ya digerido por el animal. Enviaron a una chinche a investigar de dónde sacaba ese grano, pero la chinche no pudo asirse del pelaje del gato y no logró saber de dónde lo sacaba. Le pidieron a una pulga que con sus saltos siguiera al gato y revelara de donde sacaba el grano y la pulga logró arribar hasta el lugar, una cueva muy angosta. Al llegar, los hombres no pudieron entrar en la cueva, así que le pidieron a los distintos rayos que hicieran una grieta. No fue hasta que el rayo azul hizo presencia que la hendidura se abrió y pudieron extraer el sagrado sustento.

Háblame de tu primer álbum como Kin Nini: TutúNakú.
Es un trabajo que llevo ideando desde hace años, pero por falta de producción no lo había podido realizar. Ahora, gracias al amoroso apoyo de Manuel Montiel, está muy cerca de salir a la luz. Es un disco lleno de imágenes, mi regreso a la guitarra eléctrica; es mi voz, triste, alegre, confundida, descifrada, amorosa, perdida, viciosa, enamorada, desencantada, esperanzada, rabiosa, admirada, volando. Creo que contiene mucho. Son aproximadamente diez años de búsqueda. TutúNakú también tiene un par de lecturas, pero básicamente significa “Tres corazones” en totonaco y responde a una naturaleza muy simple: ritmo, armonía y melodía. Es mi percepción de cómo suena México y, un poco más certero, cómo sueno yo al caminar en México.

¿Qué es lo que escucharemos en él?
Escucharan puras imágenes.

¿Cuándo saldrá a la luz?
Si todo sale bien, a mediados de este año.