Armando Palomas tiene ya veintisiete años de carrera musical de forma profesional, una labor que ejerce desde la anarquía y las trincheras de una poesía rancia que puede ser etiquetada como realismo sucio, porque pretende reducir su narración a sus elementos más fundamentales, todo por medio de una música inclasificable, sin géneros, completamente degenerada.

Juglar, perro callejero, sedienta lengua de las mil entrepiernas femeninas y catador incansable del tequila más rasposo, Armando Palomas es hoy el músico mexicano más punk de la escena subterránea.

Lo escuché tantas veces en mi pubescencia, me acompañó en las noches más dipsómanas y las tristezas más amargas… Porque, ¿quién más? ¿Qué otro músico puede sanar tantas heridas? Sólo Armando Palomas, quien lleva una vida congruente con lo que la lengua y la pluma escupen.

Por eso me enorgullece presentar esta entrevista en la que ahondamos acerca de su método de composición, los inicios de su carrera musical, sus influencias literarias, la marginalidad del extrarradio, las mujeres, el alcohol el erotismo, las drogas y el mass media.


¿Por qué decidiste cambiar el Jiménez por el Palomas?
No fue una decisión mía, fue un apodo que las personas me adjudicaron, por aquello del ejercicio o vicio por “palomear”; luego registré el nombre y ahora tengo dos certificados, el de nacimiento y el del Indautor (Instituto Nacional del Derecho de Autor), aunque honestamente me parece irrelevante llamarme o apodarme  de alguna u otra forma, el apelativo o nombre no cambia al ente creativo o destructivo.

¿Te consideras un músico marginal?
Marginal si, en el sentido de que me mantengo al margen de las formas de los creadores de artistas; pero marginal en el sentido de la importancia, definitivamente no. Mi trabajo y mi obra han hablado durante veintisiete años y no he parado de girar y de producir. He sido más prolífico que muchas bandas o solistas que están instalados en las nubes del mainstream, he grabado veintisiete discos, más de trescientas canciones, todos los he vendido de mano en mano y construí mi propia disquera, así que me he dado el lujo de no recibir órdenes y el lujo de no trabajar sino de que me paguen por hacer lo que me gusta y no realizar otra actividad que no sea producir, grabar discos, cantar y emborracharme. Me voy acercando al concierto número mil setecientos, todos en diferentes foros. He dado conciertos en teatros de lujo y al siguiente día en un bar de mala muerte. He estado en festivales con miles de personas y al siguiente día en un congal cantando para veinte bestias que se dicen poetas.

Realmente el fondo de todo en la música es la manera de escribir, la composición. ¿Cómo se da este fenómeno en ti?
Hacer canciones es un oficio como cualquiera y en mi caso no existe magia, proceso o musa. Simplemente, el día que algo me encabrona, me duele o me destruye, me vienen la melodía y la letra al mismo tiempo. Si no lo hago en cinco minutos y si comienzo a pensar en qué palabras riman con otras, eso ya es basura.

No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. ¿Cuál es tu discurso?
No hay discurso como tal, es vivir y escribir, grabarlo y cantarlo, a fin de poder recibir el dinero suficiente para tener el tiempo y el ocio para poder seguir viviendo, cometiendo errores y llevar una vida congruente con lo que la lengua y la pluma escupen.

Adquirir el hábito de la lectura es construirse un refugio contra casi todas las miserias de la vida, dijo William Somerset Maugham. ¿Cuáles son tus autores predilectos?
Te mencionaré cinco títulos: Cartero de Charles Bukowsky, On the Road de Jack Kerouac, Porno para perdedores de Israel Miranda, Collected Poems de  Lenore Kandel y Dark Dealer de Gran Dao.

¿Poesía o narrativa?
La maldición, la bendición, la cama con sábanas manchadas, el desencanto, el horror, la locura, la promiscuidad, el hambre, los besos y la verdad por grotesca que sea, en prosa o en verso seguirán siendo poesía.

Las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo. ¿Qué opinas de la misoginia y el machismo en la música?
Conozco músicos misóginos en su vida real, pero que escriben en pro de no serlo. En este sentido, existe una  doble moral. Hay que tener sentido del humor para entenderlo, tu  mencionas: “Las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo” y difiero totalmente. Yo digo que “Las batallas contra las mujeres siempre se ganarán  besándolas”.

¿Cuál es la mayor enseñanza que te dejó estar en el grupo La Clicka?
Lo mejor que me dejó La Clicka fue la decisión de hacer una carrera en solitario. Desde entonces entendí que no me gusta que quieran poner orden en mi desorden y tener la libertad de decidir con quienes quiero compartir giras. Y obviamente, La Clicka me dejó el vicio y el amor  por los escenarios.

Una de mis canciones favoritas tuyas es “Cholo Story”, háblame de ella y cómo surgió la historia.
Viví mi adolescencia en la frontera citadina entre la clase media y el barrio como tal, en los tiempos en que Zoot Suit era una religión para los pachucos, cholos, los hermanos de la esquina que defendían el territorio y las “jainas” del mismo. Así que la historia de “Cholo Story” es sólo eso, una historia real. Yo vivía en esos dos mundos, el de mi cómodo fraccionamiento y mi amistad con la raza del barrio contiguo. Una tarde, me avisaron que una pandilla enemiga había matado al “Pandeado” y  mientras le hacían la pinta correspondiente en un muro, donde describían gráficamente el suceso, yo le compuse esta canción mientras todos se tatuaban una lágrima.

¿Por qué cuando uno escucha tu música inmediatamente se piensa en el alcohol?
El tequila y yo tenemos esa complicidad, ese secreto. Es algo que aparentemente es muy fácil de decir o de explicar, pero no cualquier creador logra esta conexión;  aunque la verdad es porque así me asumen, así me ven, así me conocen, así me beben y entender mis canciones no requiere de mucha ciencia. Hablo de alcohol y a mí me gusta la fiesta, soy el que bebe mientras canta canciones y mis ebrias historias de ciencia ficción.

Tus letras parecen estar cargadas de erotismo.
Tal cual George Perros lo dijo: “Dadle de comed y bebed a tu cuerpo alegría, Macarena”.

¿Cuál es tu droga favorita?
Mi droga favorita aún no la descubro. Estoy en ese proceso y no tiene nada que ver con químicos o herbolaria. Creo que mi droga favorita tiene unas piernas largas y un tatuaje cerca del culo.

Háblame de tu autoexilio en los medios masivos de comunicación.
Jamás fue un autoexilio. Fue una decisión. Es una de las pocas decisiones buenas de mi vida y está relacionada con la congruencia y no ser parte de los adoradores de la ermita.

¿Qué disco te llevarías a la tumba de entre todo tu repertorio?
Ningún disco, ninguna obra, esa se quedará para la historia de los que sigan vivos. Vaya, ni los aplausos me llevaré (eso creo).