Los Beatles son un grave problema filosófico, todo lo meten en conflicto. No se pueden situar como algo fijo o definitivo. Se mueven. No son algo bueno por completo, ni son algo todo malo. Tal es su duradera importancia. Hacen pensar, sentir y actuar de muchas maneras. Dejan ser post-jipi pacheco carnívoro y post-punk vegano puritano.

Son un fenómeno englobante de muchos elementos definidores y confundidores de la segunda mitad del siglo pasado para la civilización occidental y sus efectos mundiales. Cultura, contracultura, subcultura, incultura y caricatura que rima. Intensifican y subliman todas las contradicciones del mercado y el espectáculo. Desde que son una mercancía trascendental de la industria de la cultura de masas, hasta que son una moda de modas y toda una imagen de diseño; como también son un acontecimiento político de muchas facetas y estratos de acción, hasta que igual son una figura de revuelta proteica y siempre divertida como individualismo libertario.

Por ello los Beatles, a su vez, son un fenómeno englobado por el orden tardo-capitalista del fetiche, la medianoche del nihilismo; son un objeto sobrecargado de deseo inconsciente, deseo indecible e indecidible; un oscuro objeto de la libido colectiva transformada en enajenación personal compulsiva. Música popular que se enreda con la vida cotidiana de la multitud y el individuo, provocando vivencias particulares intensas, definitivas, en muchos niveles de la existencia. Marcas de la memoria.

Los Beatles son un fenómeno equívoco y unívoco. Algo equívoco, muy equívoco, porque de principio niegan todo lo que afirman y viceversa. Son comerciales y contraculturales, rebeldes y domesticados, vanguardia y reacción, vulgares y refinados, estéticos y rascuaches, pueriles y profundos. Nada se afirma con claridad, nada resulta definitivo. Tú sabes por qué. Pero también los Beatles son unívocos de un modo superlativo, en tanto que integran un fenómeno por completo único, inconfundible, fuera de serie. No tienen iguales o equivalente en ningún sentido, mientras que sí producen muchas formas de copia e imitación, lo que incluye el alejamiento voluntario de ellos y su mundo.

Ya entonces, los Beatles representan un mal menor de la época, en tanto constituyen una pseudo-religión muy buena onda; una religión sin odio y sin dogma, una religión de lo humano sobre lo humano, para cruzar el nihilismo. Así también son lo dramático de la época, porque, bien vistos y pensados, hacen saber que no se puede creer en nada, mucho menos en la religión y los Beatles: “I don’t belive in mantra”.

Las maquinaciones de la conciencia ante los Beatles como problema del pensar y la existencia no encuentran límite. Degeneran las fronteras de la ética, la lógica, la estética y la metafísica, hacen que el pensar libre se aleje de lo que se establece e impone sin auto-reflexión.

¿Cómo preservar la inocencia ante el fenómeno de los Beatles? Si todo se ha dicho, lo bueno y lo malo. Si toda la época se liga con ellos. Y aun así, siempre conectan con la inocencia como asombro ante lo real. Frescura e inocencia, hasta en lo trágico y sangriento. De eso se trata: para unos, de saber envejecer con asombro y para otros es cosa de aprender a ser joven asombrado; porque los Beatles, ya se ve, un día nos ocupan toda la vida.

 

 

2 comentarios en “Expectativas:
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  1. Lo mejor que le pudo haber pasado al mundo musical en el siglo 20 fue, es y será la aparicion de los Beatles.