Ramón y Fausto Arellano (guitarras) y Abel Lizárraga (batería) se conocieron en Sinaloa, donde incluso compartieron algunas agrupaciones, pero la necesidad de encontrar nuevos espacios musicales y laborales los llevó a Guadalajara.

Fue en 2016 cuando los tres dieron forma a Chivo Negro, nombre, dice Fausto, “cargado de referencias: remite a escenarios donde se adoraba al dios Pan en medio de la naturaleza, a Baphomet o al pentagrama utilizado en prácticas más oscuras. Creemos que representa la atmósfera que buscamos crear y las imágenes a las que queremos recurrir”.

Hace unos meses, el trío lanzó Volume Death, una primera producción en la que no hay color y el todo está marcado por sombras y oquedades. Es un trabajo completamente instrumental, “compuesto por riffs repetitivos en afinaciones bajas y con distorsiones extremas, guiados por una batería intensa” con la que se construye “un paisaje caótico sobre el que desciende una tormenta cósmica de ruido, terror y sicodelia oscura”.

Sin embargo, las palabras no describen cabalmente este disco cuyo comienzo (“Descend”) es lento y abominable. Más que un augurio, es la constatación de, como indica el título del corte, estar en el umbral de una pendiente y esas guitarras, siempre desgarradas e hirientes, marcan el camino que nos lleva a las profundidades de una región incierta pero en donde se escucha el reptar de figuras fantásticas de tamaño inconmensurable.

No obstante, cuando el siguiente track comienza (“Culto del chivo negro”), nos percatamos, gracias a una voz sampleada, que ese viaje no es por un inframundo, sino un periplo por esta tierra, por las  comarcas donde imperan la desazón, la desesperanza, el caos.

Fotos: Joselpinar

Afirma el trío que Volume Death es “una historia de muerte, destrucción y caos en ámbitos como la naturaleza, la religión y la humanidad en general, tanto por la mano del hombre como por fuerzas extraterrestres y sobrenaturales”. Si bien no hay una precisión acerca de cuáles son esas fuerzas, la música pinta imágenes  terroríficas. En “Hypnos”, por ejemplo, la guitarra deja escapar unas notas que nos envuelven en un estado de ensueño por el cual desfila una película atroz que no deseamos ver, pero ante la cual tampoco podemos cerrar los ojos.

“Enki”, el tema más largo del álbum, es desasosiego puro desde su comienzo, con unos efectos de cadenas y una voz sampleada que anuncian algo infausto para luego materializarse en sonidos con crestas y algunos valles  mediante los cuales Chivo Negro prosigue en esa senda de densidad, sensación agudizada con esos lamentos que se farfullan y atraviesan la pared de oscuridad creada por los instrumentos.

Dice el guitarrista Fausto Arellano que el grupo “se podría denominar de manera simplificada como sludge/doom. Buscamos la agresividad del hardcore y el noise y llevar esto a ritmos lentos y afinaciones graves características del doom. Queremos ser una banda ‘heavy’, sin importar qué géneros se crucen”.

Sí, Volume Death es pesado, una especie de garra que atenaza e inmoviliza;  en ocasiones se permite algo de dinamismo (“Reverse Inquisition”) e incluso pasa algo de luz por sus pliegues, pero siempre se mantiene ese tono de extrema densidad propio de la música de la agrupación.   El disco es tambien un viaje que cierra con “Ascend”, como si después de haber llevado a cabo esa travesía, pudiera regresarse sin mella, sin daño. Pero no. Lo que las palabras no dicen es que hay músicas devastadoras y la de Chivo Negro es así.

Chivo Negro, acompañado de Tajak, se presentará esta noche en el Centro Cultural España.