Desde que el hombre inventó la guitarra y posteriormente  la electrificó, el rock ’n’ roll nos ha ayudado a construir un refugio para los dolores, comezones, euforias y ardores del alma. Ya sea bailando, cantando, gritando, rodando o pataleando, hemos encontrado un bálsamo en esta música primitiva y emocionante. Dedicar el tiempo no sólo a disfrutarla, sino a crearla y compartirla con las personas del mundo como modo de vida, es una labor que desgasta y que deja los cuerpos llenos de rasguños, las chamarras llenas de agujeros y los cementerios llenos de sueños rotos.

Black Rebel Motorcycle Club está cumpliendo veinte años de haber sido gestado por sus dos progenitores indiscutibles: Peter Hayes (guitarra, armónica y voz) y Robert Levon Been (bajo y voz), quienes desde la edición de su primer larga duración (B.R.M.C., 2001) han sabido edificar una carrera sólida, aunque como todos también se han tambaleado. En el camino dejaron a un lado a un errático baterista (Nick Jago), pero consiguieron un reluciente y muy potente motor de rubia cabellera y mirada perdida (Lea Shapiro). Durante este tiempo han publicado ocho discos de larga duración y par de EP que dan testimonio de la constancia y terquedad, pero principalmente del amor al oficio de hacer canciones y vestirlas de cuero negro.

Si usted está buscando un disco innovador que rete a su intelecto haciendo uso de complicados patrones rítmicos, armonías disonantes, texturas envolventes y diseños sonoros que le hagan perder el equilibrio, le recomiendo de una vez que no pierda su tiempo leyendo esto. Este es un disco de guitarras sucias (aunque ya no tanto), ritmos secos de batería, bajos gordos y estridentes, todo ello conducido puntualmente por un juego de gemelas voces que ya es sello de la casa.

Wrong Creatures abre con un mantra “DDF” que remite directamente a la extinta banda Suicide (sí, los de Alan Vega y su Ghost Rider) y que sirve como mera bienvenida y siembra la duda que comienza a responderse con los primeros compases de “Spook”, canción prototípica de la banda que nos indica que estamos en el lugar correcto, pues todos los elementos están en su lugar y tal vez (y sólo tal vez) por ello quede un poco en el olvido. El siguiente corte, “King Of Bones”, es casi bailable, casi “disco”, pero tiene colmillos y muerde al instánte. “Haunt” es el primer “bajón” del álbum en cuanto a ánimos se refiere: canción lenta que comienza muy suave y que por momentos nos deja escuchar a un cansado Nick Cave tocando con Tito Larriva, mientras le cantan a la desesperanza y a los fantasmas.

Dos cortes son especialmente la columna vertebral  y merecen párrafo aparte. El primero (“Echo”) es desde ya un nuevo himno del grupo, pues la calma inicial (que recuerda al Velvet Underground) va mutando en una muralla de ruido y emociones que conmueve al escucha a niveles epidérmicos, todo ello coexistiendo en una canción perfectamente estructurada que le debe mucho a la agrupación escocesa Mogwai. El segundo (“Ninth Configuration”) es una criatura de altos vuelos que puede resultar engañosa, pues algunos despistados ya la habrán saltado en busca de vértigos más inmediatos. Es aquí donde le recomiendo ser paciente, pues la recompensa al final es tan exquisita como emocionante.

“Question of Faith” es un conjuro que bien podría ser interpretado por Los Lobos en sus momentos más desérticos, con Jesus And Mary Chain de invitados. “Calling Them All Away” pareciera ser un corte discreto y exige paciencia, pero estamos nuevamente ante un animal aparentemente oscuro y psicodélico que va mostrando su verdadero y luminoso rostro poco a poco. Todo depende de qué tanto se atreva uno a acercarse.

“Little Thing Gone Wild” es el despertar, la explosión y la afrenta. Esta fue la primer canción que presentaron en su regreso el año pasado (en el Festival Hipnosis fue una locura) y nos recuerda que aunque ha pasado el tiempo, ante todo estamos frente a una banda de verdadero rock ’n’ roll. “Circus Bazooko” es una curiosidad en el tono de Question Mark & The Mysterians y The Black Angels que bien pudo quedar como un decente lado B. “Carried From the Start” es un semi-gospel de altos vuelos que nos prepara para lo inevitable. “All Rise” cierra el disco con las entrañas abiertas, con sus pianos y sus cuerdas que tal vez puedan incomodar a los más duros, pero que está más emparentada a lo que hizo Chelsea Wolfe en su Pain Is Beauty e incluso al Agaetis Byrjun de Sigur Rós.

Wrong Creatures es un disco que nos habla de la muerte, de la pérdida de fe y de las confusiones y satisfacciones que representa el haber dado todo y haberse quedado, si acaso, con un poco de aliento y un par de recuerdos. Es un viaje de poco menos de una hora en el que distintos personajes nos cuentan sus historias de fantasmas, de amaneceres y derrotas, pero también nos recuerda que aun tirados en el piso y después de veinte años, todavía podemos morder y gritar hasta que no quede nada. Es un animal de piel áspera, huesos macizos y espíritu agresivo, que deja ver las marcas del tiempo y de las heridas.

Elías Pimentel
Twitter: @eliasonfire