Se dice que José María Arreola pasó de la música a la literatura con tal naturalidad que su estilo literario confluye con la interpretación de la música, que es un hombre que piensa que la literatura es ritmo y que escribir bien es intentar, en la medida de lo posible, tener el compás de las palabras, de la estructura de las frases y de los enunciados. Lo cierto es que Arreola es un músico con un oído privilegiado, descifrador de lecturas muy profundas y poseedor de un golpe enérgico y cadencioso en la batería, tan fuerte y tan rítmico que su abuelo Juan José, el mismísimo autor de Confabulario (1952), puede escucharlo también desde el Olimpo.

José María “Chema” Arreola es baterista y músico en todo. Fue colaborador de La Jornada Semanal y ha sido parte de bandas como La Barranca, Monocordio y baterista de Alfonso André en su etapa de solista (también la mayoría de los temas de los dos discos de André fueron compuestos por Chema). Después de la salida de Luca Ortega de San Pascualito Rey, Arreola se encargó de tomar su puesto en la batería.

Esta es mi entrevista con este músico.


“Querido Juan José, durante tres años te estuvimos visitando en tu cama. Si me tocaba hacer una presentación en Guadalajara, me bañaba en tu casa para irme a ‘hacer ruido’. Las palabras descansaban bajo una leve sábana, esperando la invitación de mi tía para reptar por la habitación” escribiste en “Mi prodigioso miligramo” para La Jornada Semanal en el 2002, un ensayo sobre tu abuelo. ¿Cuál es el recuerdo más preciado que conservas de él?
Debe ser el día que me regaló un set de platillos Paiste para batería. Fuimos a Casa Wagner, una reconocida tienda de instrumentos musicales y discos en Guadalajara, y ahí, sin más, se curó de una culpa que traía conmigo —nada importante— y me invitó a escoger los mejores platillos, los de la serie más avanzada. Yo tenía 18 años y ya estaba “haciendo ruido”. Esos platillos fueron muy importantes para mí. Luego, el ritmo natural del baterista me llevó a deshacerme de ellos, cosa de la cual me arrepiento mucho. En otro sentido, resulta muy valioso para mí el hecho de que, cuando lo recuerdo, evoco a un ser libre y desafiante. También, en su Inventario (1975), hay un párrafo en el que narra cómo escuchaba conmigo Pedro y el lobo de Prokófiev… Ese momento derivó en una canción de mi EP El imperio del ruido.

Se ha dicho hasta el cansancio que eres “músico en todo”, pero, ¿cómo se consideraría José María Arreola Velasco a sí mismo?
Alguien ensimismado. Todo el tiempo pienso cosas que no necesariamente sirven para ser feliz o que no son muy trascendentes que digamos. Sucede que, de vez en cuando, de ese mar de ideas y obsesiones surgen algunos motivos que me interesan y que se convierten en historias o, cuando tengo oportunidad, en canciones, en ideas para desarrollar sobre el escenario.

“Había una reina muy guapa y muy mala que decidió abandonar su mundo para conquistar otras estrellas”. Es una historia que sueles contar a tu hija, sobre el monstruo de todos que habita bajo nuestras camas. Lo que sirvió de preámbulo para el proyecto ROBApalabras, un ensamble de poesía conjugada con beats de hip-hop y electro; en una historia que se acerca, quizás, a Pedro y el Lobo. El mejor proyecto conceptual y multidisciplinar de los años 2016 y 2017. ¿Qué viene para El Imperio del ruido en el 2018?
En 2017 hubo un silencio concertado y negociado conmigo mismo. Es un proyecto que retomaré a mediados de 2018. Me mostró una posibilidad de hacer música que no conocía, una posibilidad de moverme sobre el escenario que me voló la cabeza. Tomar el micrófono y decir las cosas de forma rítmica. No soy MC. Soy un palabrista que coloca sus enunciados sobre ciertos beats.

Propusiste, para el festival Vive Latino, un espacio dedicado a la literatura y la música, a través de Rock & Libros, un escenario en el que se desarrollaron conciertos muy íntimos, con músicos y escritores invitados, como Juan Villoro, Xavier Velasco, Armando Vega-Gil, Enrique Blanc y Pascual Reyes. ¿Podremos ver los mismo en la edición del 2018?
No. Sin embargo, esa puerta puede abrirse ya que el festival cambia constantemente y busca ofrecer este tipo de experiencias. Podría decirte que el proyecto es el origen de LIBROSVIVOS —visiten www.librosvivos.com.mx—, la productora de literatura extendida en la cual estoy involucrado hasta el tuétano. Se trata de “sacar al libro del estante”, de darle la posibilidad de ser un hecho escénico; un sabor, sonido, obra plástica, etcétera.

Existe un proyecto que nació una fría noche de copas en Zacatecas, a principios del 2016, entre tú y el escritor Alfredo Padilla, después de ser presentados por la periodista Lydia Cacho, de hacer el score del libro Una pastilla más para que pase el dolor. ¿Cuándo podremos escucharlo?
Yo espero que ocurran cosas tanto con Padilla como con otros escritores. ROCK&LIBROS es una casa abierta a este tipo de cruces y durante el primer trimestre de 2018 presentaremos a través de nuestras redes los siguientes espectáculos de esta productora.

Aire en espera es una suerte de polirritmia sentimental, sobre un hipocondríaco inquilino que de vez en cuando logra gobernar su tranquilidad. Háblame de este proyecto que escribiste, y que te editó Rhythm & Books, por medio de Elena Santibáñez, con prólogo de Fernando Rivera Calderón.
Es una novela corta. Curiosamente, hay una editorial nueva, muy chida, que se llama Nieve de chamoy, de Mónica Braun. La menciono, pues en 2018 reeditará el libro. A Elena y a Fernando les estoy muy agradecido pues confiaron —desde sus trincheras— en una historia que me urgía contar: la de Archibaldo B., un depositario de varias enfermedades mentales que, debido a esta condición, afecta de forma especial a todo un edificio y a sus tripulantes para desatar una ficción de soledades y culpa. Por otra parte, acabo de entregar mi primer poema: se llama “Hielo”. Selva Hernández, de Ediciones Acapulco, lo editará a principios de 2018. Como en el caso de El imperio del ruido, el EP de ROBApalabras que mencionaste, presentaré este poema desde una perspectiva sonora, pues lo leeré con una serie de ritmos diseñados para crear sensaciones y texturas en fragmentos muy puntuales del texto. Es una lectura rítmica.

¿Qué fue aquello que dejaste en La Barranca y que jamás pudiste recuperar?
Pienso que dejé cierto fuego en esa barranca. Me sirvió mucho hacer esos discos con José Manuel, fue una experiencia intensa y formativa de la que no siento que haya dejado algo que no pueda recuperar. Lo que tenía que dejar lo dejé, la música que tenía que aportar, la aporté.

Junto a tu hermano, Alonso Arreola, en colaboración con el poeta indígena Mardonio Carballo, elaboraron una producción de rock con poesía en náhuatl. ¿Cómo surgió este proyecto?
A iniciativa de mi hermano y del propio Mardonio. Es un trío intenso del que me siento orgulloso, es producto de noches de vino y habladas, de discusiones sobre el estado del país y de mucho aprendizaje: con este proyecto recorrimos México, Estados Unidos, Europa, Centro y Sudamérica. Fue una oportunidad para narrar México desde una perspectiva cruda, tanto en lo sonoro como en lo textual. La poesía de Mardonio y la forma en que la dice es como una guitarra poderosa que se enreda de maravilla con nosotros.

“Todo el mundo es idiota, hasta que se demuestre lo contrario”, decía Frank Zappa. ¿Qué representa para ti este músico?
Inteligencia. Evolución. Desobediencia civil.

¿Cuáles son tus autores de cabecera?
Julio Cortázar, John Kenneddy Toole, César Vallejo, Federico García Lorca, Michel Houellebecq, Julio Verne… Hay muchos, pero éstos me acompañan con persistencia.

¿Cómo te defines como escritor?
Uno que escribe poco. Uno flojo. Mis mejores historias las he dicho en medio de la fiesta y espero bajarlas a papel. Me gusta mucho hablar.

¿Cuándo y dónde fuiste realmente feliz?
En realidad, todos los días soy feliz pero por periodos muy breves: no rebaso los cinco minutos.

¿Qué viene para Chema Arreola el año entrante?
Vienen más presentaciones con San Pascualito Rey (estaremos de nuevo en Vive Latino 2018 e inmersos en una gira fuera de México) y con Arreola + Carballo; además, la presentación de “Hielo” —el poema que comentaba—, el diseño de espectáculos para LIBROSVIVOS y una participación especial y sorpresiva dentro de una serie que se está cocinando.