Tienen ganas de comerse el mundo y, lo mejor, elementos para lograrlo. Tajak —significa esqueleto en el dialecto kilihua, una etnia de Baja California— (Álvaro Castro, batería; Coco Badán, bajo y voz; Carlos Arias, guitarra y voz) es un trío oriundo de Baja California (dos son nativos de Ensenada, el tercero de La Paz) formado en 2014, cuando sus integrantes coincidieron en una escuela de ingeniería de audio de la Ciudad de México.

Su inicio no tiene nada de excepcional: charlas en las que los gustos afines afloran, acuerdo para juntarse, tocar y ver qué sale (Coco: “Cada quien había tenido sus banditas, pero los tres estábamos frustrados. Yo sólo quería producir cosas y a otras personas, pero cuando nos juntamos me sentí muy cómodo”).

Lo que emergió de esas sesiones fue un cataclismo. Aún no se habían presentado ante un público, pero ya tenían una primera placa homónima (Álvaro: “Nuestra primera tocada fue en mayo de 2015, pero ya llevábamos como año y medio jameando y tocando”) que si bien rugosa, daba indicios de la dirección futura. En esa incursión se advierten un par de tendencias: una más experimental, representada en un corte como “Smaa”, colaboración con Camille Mandoki, tema atmosférico en el cual la voz de ella es una presencia fantasmal que apenas y se llega a escuchar en medio de una densa trama sonora. La otra vertiente, ejemplificada en composiciones como “Bufo” o “Tajak Tay”, muestra el rostro salvaje del trío. La primera es una nave que despega, toma velocidad, una alquimia entre tres individuos que forman una alfombra mágica que te lleva a donde tu imaginación desee. En la segunda hay un condimento místico, profundo, de una gravedad ancestral o en la que se invocan espíritus mediante un ritmo consistente, profundo, hipnótico y una guitarra que nunca llega a la demencia pero nace de los impulsos de la tierra para luego elevarse a  la búsqueda de una cima.

Poco después de ese trabajo, decidieron ampliar sus actividades y fundaron Hole Records (Álvaro: “Pensábamos qué sello nos podía tomar, pero  no queríamos formar parte de ninguno, así que decidimos fundar uno propio para sacar nuestro material y el de bandas que nos gustaban y nadie sacaba”). Las cintas Amsterdam 211 (Tajak), Sputnik, Los Kowalski (Mérida) y el split Tajak / San Pedro el Cortez son los lanzamientos iniciales (los primeros versionan “Little Doll” de The Stooges; los segundos, “Come Down Easy” de Spacemen 3; luego ambas agrupaciones se unen en una tripleta de exploraciones-improvisaciones sin contención de un intrincado trayecto marcado por el debraye).

Hace un año apareció Amsterdam 211 (Carlos: “Allí vivíamos Coco y yo y allí también surgieron las canciones de ese segundo disco; fue un lugar muy importante para la banda”). A diferencia de la dispersión de su primera producción, en esta  segunda acometida los tres pulen las aristas. No pierden el filo, por el contrario, se tornan una agrupación más “peligrosa”, menos contenida, más salvaje, además de añadir letra a sus composiciones.

Tajak deja de ser una promesa. En Amsterdam 211 encontramos lo mismo temas breves (“Sibnosis”), que incursiones en el krautrock (“Drowned”, “Wasn’t”), exploraciones ácidas internas (“I’m in Your Head”) o solos de guitarra soberbios (“Blind Inside”). Hay partes vocales de tintes preindustriales en los que se escucha algo similar a la manera de introducir la voz de Throbbing Gristle, ecos de una sicodelia temprana (“Druida”, “Crack me Open”) que hacen de esta grabación una de las mejores del fenecido 2017. En realidad el álbum es una continua explosión; corte a corte, el escucha es avasallado por una música que ha nacido sin la idea de limitarse.

Como consecuencia, los esfuerzos del trabajo han dado frutos. El trío fue invitado a Perú, al Festival Integraciones VII (al lado de Acid Mothers Temple and the Melting Paraiso U.F.O., Lem, HipnoAscención), al Space Fest, en Polonia (alternaron con, entre otros, 10000 Russos y Mugstar) y abrieron el concierto de Godspeed You Black Emperor en la CDMX. Al mismo tiempo, trabajan en una tercera grabación llamada Ciclos que, dice su bajista, “tiene un cambio de humor muy diferente. Amsterdam 211 es súper pesimista, pero este es más ¿optimista? La mejor música es la que combina emociones que no son tan obvias, las letras son muy melancólicas pero hay un sentimiento esperanzador”. (Álvaro: “hay mucha repetición y los momentos de filo son pocos”).

Tajak es un esqueleto vibrante, una carcaza sorprendente. Por momentos hay pasajes brutales, vertiginosos y en otros instantes les da por lo lento, lo místico. Adentrarse en su música es pagar el boleto a una nueva galaxia, donde lo único seguro es lo desconocido, una de las maneras de encarar la sicodelia (Coco: “Mucha gente define la sicodelia a su manera, ya ni sabes lo qué es, cada quien tiene en su cabeza una idea diferente de ella, pero el que esté de moda nos ha favorecido, aunque también propiciará que haya muchas bandas malas”).


Tajak se presentará en el Centro Cultural España, al lado de Chivo Negro, el próximo 9 de febrero; el 24 del mismo mes alternarán con King Dude en el Foro Alicia. Además de Tajak, en el bandcamp de Hole Records se encuentran los proyectos personales de Carlos (Noize), Coco (Sinking) y Álvaro (Curvo).