Presentamos nuestra lista con doce discos básicos del año que termina. No afirmamos que sean los mejores, ya que la subjetividad en cuestión de gustos es siempre resbaladiza y traicionera. Tómela usted, eso sí, como una lista de sugerencias de álbumes que no se puede perder. ¡Felices fiestas!


1.- Father John Misty. Pure Comedy. Enorme disco de este crooner, compositor, músico, showman, filósofo y poeta. Con el sobrenombre de Father John Misty, Joshua Tillman presenta un trabajo inteligente y brillante, un disco de letras inteligentes, críticas e irónicas, enmarcadas por una música soberbia. Todo un hito.


2.- St. Vincent. Masseduction. Una obra deliciosa. El cuarto álbum de Annie Clark es un dechado de perfección y de exquisitez, pero al mismo tiempo se trata de una obra muy accesible. Elegante, sutil, refinado, divertido, conmovedor e irresistible. Basta: con esos adjetivos es más que suficiente.


3.- Dirty Projectors. Dirty Projectors. Si Bob Dylan y Jack White hicieron discos acerca del divorcio y la separación, ¿por qué no habría de hacerlo David Longstreth, el líder de este proyecto, luego de su separación artística y sentimental de Amber Coffman? Aunque se siente la falta de la volátil voz de la cantante, el álbum es un dechado de experimentación y calidad artística.


4.- Queens of the Stone Age. Villains. Un álbum pleno de dureza y fuerza rocanrolera, con todo ese vértigo que caracteriza a la agrupación encabezada por ese cuasi genio que es Josh Homme. Explosivo, contundente y sin concesiones. Gran disco.


5.- Laura Marling. Semper Femina. Marling trasciende el sonido folk de sus inicios con una música de aparente sencillez que oculta una suntuosidad inaudita para acompañar esas sus letras siempre inteligentes y provocativas. La joven cantautora inglesa, a sus 27 años, sigue sorprendiendo con cada uno de sus álbumes y este Semper Femina no es la excepción.


6.- Algiers. The Underside of Power. Vertiginosa, poderosa e híper politizada fusión de post rock, industrial y hip-hop. Una música tan violenta como excelsa la que hace Algiers en este disco de denuncia política y de enorme calidad que es como una mezcla de TV on the Radio con Rage Against the Machine. Una bofetada de gran rock.


7.- LCD Sound System. American Dream. Tim Sendra dijo en el sitio Allmusic que este es un disco para los pies, la cabeza y el corazón y no puede haber una mejor definición. A pesar de sus letras altamente críticas y pesimistas acerca de la actual situación sociopolítica, la música resulta bailable e incluso festiva. James Murphy sabe como manejar artísticamente esta aparente y espléndida contradicción.


8.- Lorde. Melodrama. Es pop rock, pero pop rock en su más alta expresión, pop rock que se trasforma por momentos (muchos momentos) en art rock. Con mayores ambiciones que su disco debut, la muy joven neozelandesa Ella Marija Lani Yelich-O’Connor, mejor conocida como Lorde, presenta a sus 20 años este trabajo en verdad admirable.


9.- The xx. I See You. Como si se tratara del año de los discos sofisticados, el tercer plato de este trío británico mantiene e incrementa la calidad de sus dos primeros trabajos discográficos con un desarrollo más elaborado de los ritmos y las armonías. Jamie xx, Romy Madley Croft y Oliver Slim alcanzan una vasta conjunción para dar como resultado una obra sublime.


10.- Aimee Mann. Mental Illness. La veterana cantante y compositora estadounidense, de gran fama en los años noventa, regresa con una obra en la que la melancolía y la introspección se mezclan con la sutileza y la belleza más luminosa. Una preciosa pieza de folk rock de aparente sencillez y honda profundidad.


11.- The War on Drugs. A Deeper Understanding. Estupendo cuarto disco de esta agrupación alternativa de Filadelfia que sin alcanzar las alturas de su álbum anterior, el grandioso Lost in a Dream de 2014, si prosigue bajo la misma línea con un rock muy estadounidense que coquetea con el folk a la Bob Dylan, The Byrds y Tom Petty. Una joyita que hay que escuchar.


12.- The National. Sleep Well Beast. La elegante oscuridad y la fina profundidad de los de Cincinnati retornan con este álbum sensual, emotivo y sensible. De una impecable musicalidad y con un Matt Berninger con la voz a plenitud para interpretar letras de dolor social e individual, pero sin caer en la solemnidad a la que siempre salva la ironía. Feliz 2018.