Entonces era 1997 y Bob Dylan lanzaba su Time Out of Mind, ese disco que lo enfermaría de histoplasmosis y en el que se incluía el “Dirt Road Blues”, una áspera canción de carretera. Darío Fo, autor de Muerte accidental de un anarquista(1970), ganaba el Premio Nobel y Ronaldo era designado como el mejor futbolista del año. En Monterrey, tres cholos encrespados debutaban en el mercado del hip hop con Mucho barato, un disco que se convertiría en muy poco tiempo en un clásico del género y que le abriría los portones a muchos. Los tres cholos eran Pato, Fermín IV y Dj Toy, el grupo se exclamaba como Control Machete, producido por Jason Roberts bajo la influencia de Cypress Hill que ya incendiaba las arterias del mundo con su How I Could Just Kill a Man.

El disco de Control Machete contaba con dieciocho tracks frenéticos, inusitados, algo nunca antes escuchado por oídos mexicanos. Realmente era como si la calle hablara, la prosopopeya de los muros y las aceras, ahí, donde se derrama el pegamento ambarino, las gotas de aerosol, la sangre y el semen; el himno de las esquinas, fraguado con espuma de cerveza en vasos de unicel; una caguama sonora convertida en bomba molotov. Mucho barato le dio voz y elucubración a los pantalones bombachos y a la furia de una generación entera: “Te traigo entre ojos y los traigo rojos / el Diablo anda suelto entre todos los locos / detente y comprende lo que te conviene / a mí no me mientas ni peles los dientes.”

Recuerdo vagar con ese disco por toda la metrópoli, un álbum casi soldado al discman, muy cerca de mi cintura o en mi corazón, conseguir marihuana con él, ligar a las morras con él o simplemente pasar la tarde de domingo con él, plantarse en una saliente con los demás cholos del barrio que descansaban después de una ardua jornada laboral en la zona industrial, aspirando “el humo que sube y no es suficiente”.

De esta gloriosa edificación al orgullo rimado mexicano, recuerdo tracks, himnos, loores a la urbe latina y azteca, como “¿Comprendes Méndez?”, “Andamos armados”, “Así son mis días”, “La Lupita”, “Grin-gosano” y “Únete pueblo”, ese grito de guerra usado por la Federación Mexicana de Fútbol para darle ánimos a los once de la cancha, una canción que no habla en sí de soccer, pero sí de engreimiento mexicano. Es un cántico que llama a todos los mexas para no ser pisoteados por nadie, sean güeros, africanos o franceses.

Mucho Barato es el soundtrack de la juventud arrebatada para muchos y de las muertes de tantos vándalos para otros, aquellos que se quedaron en el fuego cruzado o en el ojo del acometimiento, los verdaderos cholos, la población mestiza, de rasgos indígenas, “cholos”, una palabra de origen náhuatl que significa mozo o criado, y que hace referencia al hermano gemelo de Quetzalcóatl: Chólotl. Referente utilizado para designar a los herederos del movimiento chicano de los años sesenta en Los Ángeles, California; una marca de identidad nacional y resistencia social, cultural y política de la población mexicana que vive desde hace siglo y medio en los Estados Unidos, para defenderse frente a una cultura anglosajona que trata de imponer rasgos fuertemente racistas contra la población latina. Eso es precisamente lo que representa Mucho barato para la ilustración mexicana, una síntesis del mestizaje, la crónica y el sincretismo cultural: mucho barato, profusamente depreciado.

Durante la fiesta de XV años de una chola del barrio, vi cómo asesinaban a un vándalo, un bato loco amigo mío, militar remiso apodado “El Chano”, cabrón como pocos; el número de sus enemigos en las colonias aledañas era incontable, pura fama. Aun así, se trepó a la azotea del cantón de la cumpleañera para ondear las manos en señal de provocación, como en la última escena de la película El cuervo (1994), entonando un son, rapeando con todos sus ademanes: “Somos lo que somos, aunque no comprendes / unos mexicanos que controlan el machete / mira cómo sube más / esta pinche fiesta es pa todo el personal…”

Andamos armados se convertiría en el score de su muerte y así como esta historia, se encuentran cientos, encriptadas en la memoria de millares de mexicanos que descubrieron en Control Machete y en Mucho barato el “El son divo” de una “Madrugada encore”.