Hace algunos días, Rogelio Garza aseveró en el diario La Razón que “nuestro rock no tiene sus raíces en el blues ni en el rhythm & blues, sino en la imitación producida desde la televisión: Enrique Guzmán, Angélica María, César Costa… Y para tocar rock hay que tener, por lo menos, una embarrada de negritud”. En ese sentido, “ni Johnny Laboriel la arma”, remató el firmante. Más allá de que el artífice de Zig-zag. Lecturas para fumar hizo de lado los debuts discográficos de grupos como Los Locos del Ritmo y Los Black Jeans (por citar dos ejemplos), una pregunta se asoma: ¿de qué forma carecer de “negritud” ha definido los derroteros del rock nacional? 

Hubo un momento coyuntural en la historia de la música juvenil en México. Un fenómeno que tuvo lugar a finales de los años ochenta del siglo pasado, bendecido por la Santísima Trinidad que entonces gobernaba el gusto colectivo —conformada por Radio, TV e Industria Discográfica— y bautizado luego con el nombre de Rock en tu Idioma. Mucho ha pasado desde aquel momento en que grupos nacionales como Caifanes y Bon y Los Enemigos del Silencio midieron sus talentos con los de combos argentinos como Enanitos Verdes y Soda Stereo y españoles como La Unión y Duncan Dhu. Vaya, tanta agua ha corrido que desde entonces —incluso a nivel televisivo— la palabra rock ha perdido filo para encontrarse, como hoy, con la punta chata y oxidada, absolutamente inofensiva. Esto viene a colación porque, sí, a nivel masivo fue con la llegada de dicho fenómeno que el rock recobró el escaparate mediático tras años de censura, pero lo hizo sin eso que Garza denomina negritud.

Efectivamente, el autor de Las bicicletas y sus dueños tiene razón. El blues no forma parte de las raíces musicales más hondas del mexicano y en la tierra de las tunas el rock & roll (porque antes tuvo apellido) vio la luz bajo el auspicio del televisor. Sin embargo, yendo más allá de lo que la citada Santísima Trinidad solía bendecir, bajo la superficie siempre ha sido posible encontrar música cortante, puños de propuestas que confrontan, estimulan y van a contracorriente de la norma. Rascando en el subterráneo se hallan músicos que hacen eso, además de apelar a lo fincado por Chuck Berry o B.B. King, si es lo que se busca, y quien esto firma tiene pruebas de ello. Pero, ¿es cierto que, falto de negritud, con el arribo de Rock en tu Idioma el rock dejó de ser tal para transformarse en pop, será que en México así llegó la primera muerte del virus con el que Elvis infectó al planeta?

¿Rock de verdad?

“La neta del rock mexicano es ésta: tuvimos que defendernos como pudimos, apropiándonos de una música que no era nuestra”, cuenta Armando Molina, artífice del grupo La Máquina del Sonido y figura clave para la realización del festival de Avándaro. “¿Rock de verdad? Javier Bátiz, Armando Nava, Alex Lora, yo y ya, párale de contar —continúa Molina. Porque el rock es blues; lo demás son fusiones. El rock se acabó cuando nos los prohibieron tras Avándaro. ¿Rock en tu Idioma? Eso ya no fue rock, sino pop”. En ese rol, hace alrededor de 25 años Alex Lora sostenía lo que Armando hoy defiende. Lo hizo en un programa televisivo (conducido por Verónica Castro). Teniendo enfrente a dos miembros de Caifanes, señaló que no encontraba atractivo al grupo de Saúl Hernández debido a que para El Tri la música de raíz negra era determinante y Saúl y los suyos nada de eso tenían. Refiriéndose a la banda de “Mátenme porque me muero”, reveló: “la neta no me gusta”. Y aunque después avisó que cuando hablaba de negritud se refería al “Negro” Durazo y al Negrito Sandía, olvidó apuntar que para entonces los mismos Caifanes ya le habían clavado una estaca en el pecho al rock, justamente de la mano de una negra: Tomasa.

Se cantaba en inglés, hazme el favor

Pero dejemos el tema de la cumbia para otro momento. Estamos en la negritud, en la idea de que gracias al brillo de su ausencia el rock mexicano nomás no cuaja. Vayamos antes del nacimiento de El Tri para encontrar el detonante de esto. Para el Sr. González (investigador del tema y miembro de la H.H. Botellita de Jerez), previo al arribo de Rock en tu Idioma las cosas no andaban del todo bien en los solares del rock nacional y esto ocurría básicamente debido a que se hablaba un idioma ajeno, existía un desencuentro verbal que a la larga dinamitaría un cambio radical. “Al final de la década de los sesenta, el rock mexicano se extravió, pues se empezó a cantar en inglés bajo la justificación de que ese era el idioma natural del rock”. Por su lado, Molina recuerda que “muchos grupos llegaron cantando en inglés cuando la gente quería letras en español, canciones que hablaran de ‘Popotitos’”. Al protagonista de Avándaro le cala especialmente el tema pues, según cuenta, el rock mexicano iba bien encarrilado para entonces: “en los años setenta estábamos al mismo nivel que los músicos gringos, Bandido estaba al nivel de Chicago hablando de composición y ejecución, pero por desgracia se cantaba en inglés, hazme el favor. Un mal ejemplo”.

Kenny (Kenny y Los Eléctricos), subraya lo importante que fue para su generación retomar el español, al acotar que “nosotros le devolvimos la importancia que se merecía, porque la generación anterior de plano lo estaba olvidando”.

“Se hablaba de cosas que no tenían qué ver con la realidad del país”, prosigue González, de forma que hacerse de una identidad propia era determinante luego de que los jipitecas —la versión local de los hippies estadounidenses— se mostraran “muy preocupados por la guerra de Vietnam cuando aquí mismo, en México, hubo matanzas en el 68 y el 71”. ¿Qué pasó ahí? ¿Inconciencia, ingenuidad?”, se pregunta el percusionista para ultimar: “al final, el rock mexicano se dio un encontronazo con la realidad. Y los sobrevivientes de ese madrazo fueron los que sembraron las semillas de algo nuevo”.

La nueva imagen del rock en español

Bajo tal perspectiva, para las nuevas generaciones de creadores alejarse del blues parecía un paso natural, tanto como cantar en español, todo con tal de marcar distancia respecto a lo hecho por la camada previa y así encontrar su lugar en la historia. Luego del temblor de 1985, los creadores jóvenes buscaron canales de difusión alejados de los que el televisor tachaba como hegemónicos: foros como El Nueve, Rockotitlán y Tutti Frutti; estaciones radiofónicas como Rock 101 y Espacio 59. Desde cierta perspectiva, estos sitios eran degeneraciones de los hoyos fonquis que tiempo atrás operaban como únicos sitios de exposición; sin embargo, esta vez contaban con un ímpetu de mejora. El ambiente dejó de ser hostil, se vivía un espíritu de colectividad tras el terremoto y que los músicos sobre tarima hablaran el mismo idioma que los que escuchaban era básico para que esto ocurriera.   Deshacerse del rhythm and blues que El Tri a su manera procuraba —único faro firme durante esos años de oscuridad— se asomaba urgente y buscar una profesionalización de los espacios significaba marcar raya con las generaciones previas. El disco compilatorio Comrock (1985) simbolizó el golpe definitivo, sin éste sería imposible entender el estallido de Rock en tu Idioma

Para entonces, en el subterráneo la cosa estaba que ardía; no obstante, bajo los reflectores encontraron espacio pocos grupos, apenas unos cuantos, como Los Amantes de Lola, Neón, Fobia y otros más; todos con discos prensados con el logo de Rock en tu Idioma en la tapa. A estos músicos, Hugo García Michel (director de la desaparecida revista La Mosca) arrojó una pregunta hace meses: ¿por qué las mayores influencias del supuesto rock que se hace en nuestro país no son las raíces propias del género sino la movida española, el pop argentino y los baladistas ochenteros? En ese sentido, habría que aclarar que el germen del concepto Rock en tu Idioma fue un concurso de bandas a nivel nacional organizado por el sello disquero BMG y que su ambición jamás fue localizar al Muddy Waters mexicano. Es decir, en los planes de mercado de dicha campaña nunca se consideró que el Río Churubusco se asemejara al Mississippi.

En el papel, los instigadores del proyecto Rock en tu Idioma tenían bien claro que después de la “época de oro del rock en México (Enrique Guzmán, César Costa, Los Teen Tops, Los Hooligans)” no se habían observado tan buenas ventas como las presentadas por quienes representaban “la nueva imagen del rock en español (Flans, Timbiriche, Mecano, Laureano Brizuela, etc)”, de modo que había que aprovechar ese impulso para darle cabida a unos cuantos grupos locales y así hacerse de varios fajos de billetes. Aquellos estaban a la caza de músicos que generaran dinero y sus referentes para lograrlo eran personajes como Emmanuel y Fresas con Crema; que los convocados se las arreglaran para conformar una cuadrilla cuyo “surgimiento fue vital y necesario”, como el crítico musical Juan Carlos Hidalgo declaró alguna vez, puede ser calificado como una afortunada casualidad. Así, patrocinados por un sello disquero, los nuevos rockeros tomaron por asalto el televisor para gusto de los adolescentes de la época; aunque con la molestia de varios de los que los antecedieron en los amplificadores, quienes observaron cómo ese cuero negro del que hablaba Lora de pronto cambiaba a color café con leche.

¿Rock en tu Idioma le dio en la madre al rock? Nada qué ver

Sin embargo, el extravío del blues “fue un fenómeno global, para nada exclusivo de Rock en tu Idioma”, como afirma Leoncio “Bon” Lara (Bon y Los Enemigos del Silencio). De modo que habría que cuestionarse por qué nadie increpó en su momento a The Smiths o a Tears for Fears —por citar dos ejemplos— tras guardar distancia con Robert Johnson. “Es verdad que a partir de los noventa en México se dejó de pelar al blues —ahonda Bon— y personalmente creo que esto ha sido muy negativo en varios sentidos. Porque no se puede hacer rock si no se sabe hacer blues, sin éste no se desarrolla un sentido de improvisación, se limitan los solos o de plano desaparecen, como hoy día. Se acaba con una manera de entender las estructuras musicales y por lo tanto es más difícil relacionarte inmediatamente con otros músicos”.

Francisco Familar (DLD) explica que la incursión de sintetizadores y cajas de ritmos en la música juvenil de esos días no fue la causa de la expulsión del blues de los diapasones: “en los ochenta ya sonaban mucho los sintetizadores, no todo era rhythm and blues; pero el new wave, por ejemplo, seguía siendo rock. Al final, la coreografía de Rock en tu Idioma fue perfecta, yo creo firmemente que el rock en México evolucionó a pasos agigantados gracias a ella”.

¿Que se echaron a perder las cosas porque el rock dejó de abrevar del blues y prefirió fusionarse con el pop?, se pregunta Kenny para de inmediato resolver la duda: “se vale que te guste más el blues que el pop, claro, cada quien tiene derecho a escoger, pero de eso a decir que la generación de Rock en tu Idioma le dio en la madre al rock, nada qué ver. El pop no se pelea con el blues. Lo que ahora se denomina r’n’b no es más que pop con la esencia del blues; o qué, ¿Rihanna es pendeja?”. Por su parte, Familiar tiene una postura al respecto: “pero vaya, tenemos que aceptar que el rock como tal no forma parte de nuestras raíces, de nuestro folclor. No es nuestra cultura madre. Durante décadas únicamente lo hemos tomado prestado para tropicalizarlo”. “Yo también llegué a pensar eso —interviene Walter Schmidt (periodista e integrante de grupos como Decibel, Size y Casino Shanghai)—, que el rock no era nuestro; pero después de cincuenta años de historia en México, creo que el rock ya forma parte de nuestro folclor. ¿O hay algo más folclórico que El Tri dedicándole una canción a la virgen?”.

Finalmente, es Molina quien señala que más vale no hacerse ilusiones: “seamos sinceros, ni el blues ni el rock forman parte de nuestras raíces. Algunos snobs de clase media hace décadas conseguimos hacernos de una guitarra eléctrica para crear música así, pero el rock no es ni será nuestra música. Es la verdad. Por algún tiempo lo tomamos prestado y logramos entretener a la gente, pero cuando el público conoció a los de a de veras, todo se acabó”.

¿Quién que haya visto a Pink Floyd buscaría a Chac Mool?

Curiosamente, el momento al que se refiere Armando Molina, cuando la audiencia se encontró con “los de a de veras”, coincide con la llegada de Rock en tu Idioma. Para él, esto supuso una desventaja: “lo triste del rock mexicano es que un día apareció OCESA con la noticia de que ya tenía listo el Palacio de los Rebotes para hacer tocadas internacionales. Y, a ver, tú dime, ¿qué persona coherente iría a ver a las Víctimas del Dr. Cerebro luego de ver a Kiss en vivo? ¿Quién que vio a los Rolling Stones tiene interés en ver a Alex Lora? ¿Quién que haya visto a Pink Floyd buscaría a Chac Mool? ¿O quién que haya visto a Rod Stewart va a querer verme a mí?”. Lo que Molina seguramente desconoce es que a treinta años de la irrupción de Rock en tu Idioma, el concepto ha regresado —aunque jamás se fue del todo— para retomar su lugar como buen vendedor de boletos y discos; es decir, siguiendo el juego de analogías del autor de “Hablando de blues”, el público no se vio en la necesidad de elegir: actualmente los espectadores compran entradas para ver a The Cure con un ímpetu similar al que poseen cuando pagan por ver a Caifanes.

El legado de Rock en tu idioma, en cuanto a tablas para los creadores locales, fue harto benéfico, pues permitió que los músicos nacionales se codearan con sus ídolos y así, finalmente, se profesionalizaran. En ese rol, a Felipe Pérez Santiago (dueño de la batuta frente a la Camerata Metropolitana toda vez que el Rock en tu Idioma Sinfónico se presenta) poco le importa si el blues entra o no en la fórmula; para él, “las canciones de Rock en tu Idioma son verdaderos himnos. Varias generaciones crecieron escuchándolas y ya son un referente de la cultura en México”. Felipe alega que el poder taquillero de ese temario radica en que “se trata de grandes temas que ya no pertenecen a los años ochenta ni noventa, ya no son exclusivos de quienes vivieron esos días pues forman parte de la conciencia colectiva y por lo tanto seguirán vivos por mucho tiempo más”.

Ese canto negro desesperado

El crítico de rock David Cortés señala que “no hay que confundir nichos de mercado con expresiones musicales”. Afirma que se debe atender el hecho de que la del Rock en tu Idioma “es una etiqueta que dejó fuera a muchas bandas que también hacían rock en los años ochenta” y que, en realidad, sólo una mínima parte del rock que se hacía en México formó parte de dicho pegote. Sí, hay otro rock mexicano, como el periodista ha recalcado en otras ocasiones. Pero con la misma urgencia que Familiar solicita escuchar con más atención “lo que hay abajo, más allá de la repisa del rock mediático”, Cortés solicita ser objetivos, tener claro que el hecho de que la negritud haya sido extirpada del rock nacional que se hace en el mainstream no es una señal de alarma: “el pop ha estado inmerso en el rock desde siempre”. Hablando del México de los años ochenta, “no era fácil escaparse de Timbiriche, por poner un ejemplo; ¿qué niño podía hacerlo, cómo abstraerse de ello?”.

Bajo la premisa de que nuestras raíces musicales no son las estadounidenses y que eso no significa que debamos cortarnos la venas, el periodista sugiere echarle una oída a Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio; “si lo haces, notarás que el grupo se apropió de la cultura popular que todos conocemos, del legado de gente como Juan Gabriel, pero marcando al mismo tiempo su distancia”. Es Schmidt quien sigue con los ejemplos: “ahí está Botellita de Jerez y su apropiación del folclor o La Barranca haciendo boleros. Y para colmo están el etno-rock y los rupestres. Todo eso no se puede ignorar. El disco El ombligo de la luna, de Luis Pérez, salió en 1980; o sea, ¿cuántos años ya tenemos de etno-rock? No se puede decir que el pop llegó para acabar con el blues ni el rock. No. Pero, en cambio, yo sí podría decir que el rock ha contribuido al enriquecimiento del folclor mexicano”.

Ubiquémonos en Inglaterra, cuando The Rolling Stones y The Yardbirds, entre otros, descubrieron el blues que de Estados Unidos provenía. ¿Los entonces jóvenes británicos calcaron ese sonido, hicieron una copia fiel de éste o lo adoptaron —tal como en México se hizo con el rock & roll— para interpretarlo a su manera y desde entonces continuar con la evolución natural de un género promiscuo por naturaleza? Tras encontrar la respuesta, trasladémonos a Neza, a Ecatepec, a Cuautitlán.   Asistamos a un maratón como los que cada fin de semana tienen lugar allá, en la polvareda, lejos del Rock en tu Idioma Sinfónico, donde el blues sigue siendo ley bajo el mote de “rock urbano”. Ahí es posible encontrar muchas respuestas. Es Schmidt quien nos extiende la invitación con tal de aclarar el panorama: “ahí, en la marginalidad, es donde se habla del México más golpeado. Si eso es lo que se busca, en aquellos conciertos está muy vivo el blues, ese canto negro desesperado, de protesta”.

 

 

3 comentarios en “¿Rock en tu Idioma le dio en la madre al rock?

  1. Obviedad de inicio…es como decir que el mariachi japones no viene del Rancho Grande..obvio!!! Lo cual no implica que no sientan e intenten soplarsr un corrido a todas maquinas!!!
    Ociosidad el punto a “discusión”.

  2. Él problema es que los nuevos rockers o seudorockeros no conocen en la historia del rock y se avergüenza tanto de su legado musical y regional.