Tilburg, Holanda, es una ciudad que apenas rebasa los 200 mil habitantes, pero se agita cada año durante el mes de abril, cuando los visitantes la inundan para asistir al Roadburn Festival, celebración que se acerca a su vigésimo aniversario. Cuentan las malas lenguas que cuando esto sucede, el olor a cannabis es mayor y que el humo que despiden quienes la fuman forma nubes capaces de producir alucinaciones.

Varias agrupaciones han aprovechado su visita para grabar álbumes en directo, pero uno de ellos, tal vez el más impresionante, es el que registró Earthless el 18 de abril de 2008.

El trío (Isaiah Mitchell, guitarra; Mike Eginton, bajo; y Mario Rubalcaba, batería) se formó en 2001 y cuando llegó a Roadburn ya traía detrás algo de reputación como una banda sicodélica de incansables viajes. Originalmente el grupo iba a tocar en una sala para 250 personas, pero cuando Isis, quien se presentaba en el escenario principal, sólo tocó media hora de un set programado para 120 minutos, se le pidió a las huestes de Rubalcaba que sacaran la cara.

Los tres subieron al escenario, encendieron sus amplificadores y montaron en un deslizador que, conforme tomó velocidad, amenazaba con nunca detenerse. La presentación se grabó sin que el grupo lo supiera pero el resultado es fascinante y apareció unos meses después. Hoy Live at Roadburn (Tee Pee Records 2008) es un disco clásico, “la representación más honesta de Earthless que conseguirán en un álbum”, según Rubalcaba.

En cuanto a forma, las composiciones de estos tres no presentan demasiados vericuetos. La máquina calienta los primeros minutos y una vez que han soltado los músculos, todo comienza a trepidar. La guitarra se convierte en la punta de lanza, es la herramienta que, imbatible, avanza y aniquila todo lo que quiere o suele atravesarse en su camino.

No hay álbum del trío (Sonic Prayer, Sonic Prayer Jam, From the Ages, el doble Earthless / Harsh Toke y el también grabado en Roadburn Earthless Meets Heavy Blanket) que sepa de límites o se atenga a algún tipo de contención. Una vez pulsadas las cuerdas de la guitarra de Mitchell, ésta se internará por cualquier camino y a su paso nos llevará en algo similar a un paseo en una montaña rusa. Es rock sin maquillaje, de la edad de piedra, básico; cada tema –siempre instrumental, siempre de extensa duración– es salvaje, un golpe contundente.

A veces, exploran cierta pesadez (como en Meets Heavy Blanket), pero las más de las veces Earthless propone un viaje sicodélico y si se le acepta, uno entonces sabrá que sí, efectivamente, habrá un final, aunque seguramente llegará más tarde de lo previsto. También es cierto que en esta mirada sin contemplaciones, los espacios para la lentitud o el reposo son prácticamente inexistentes. Earthless enciende la maquinaria y lo más probable es que ésta pare cuando el combustible haya mermado, aunque para entonces el recorrido habrá estado signado por el vértigo.

Rubalcaba, portavoz de los oriundos de San Diego, ha sido explícito en señalar que el poder de la banda radica en sus directos. Live at Roadburn es una muestra, pero sin duda lo mejor será comprobarlo en la próxima visita que por primera vez hará el grupo a la CDMX, donde los tres se presentarán al lado de Motor, Radio Moscow y Alpine Fuzz Society (integrantes de Earthless y Radio Moscow) en Sala Corona, el próximo 2 de diciembre.