Hablemos de proyectos, nuevas agrupaciones, discos recientes. Un par de ellos promete, aunque ambos están marcados por la incertidumbre del futuro.

El primero es Boyante, dueto integrado por René Flores (batería, ex Luz de Riada) y Japhlet Bire Attias (stick, sintetizador, también integrante de Tleikak y Cinema Atrezzo), quienes presentan Rajatabla, debut editado de manera independiente. La placa se desdobla paulatinamente. Su inicio es prometedor (“Casse-tete”), un corte que se despliega poco a poco, aunque no termina por instalarse en el jazz, la fusión o algo cercano al rock progresivo. Sin embargo, conforme avanza, el disco se vuelve más sugerente. A partir de su segundo corte, “Sueño recurrente”, podemos inscribirlo en los terrenos de la fusión y la progresión, aunque… ubíquenlo donde gusten, porque aquí la dupla ya comienza a vibrar de manera diferente y dialoga con fortuna. Por la producción desfilan varios invitados: Gustavo Jacob, guitarra; Ada Carasusan (su voz en “Flotar”, produce una sensación de volatilidad para crear uno de los mejores momentos de Rajatabla); Adrián Terrazas-González, sax, pone la dosis de jazz en “Embudo” y “Arritmia”. Otro corte a resaltar es “Camino”, en el que Flores y Bire consiguen, con economía de elementos, cuotas sublimes.


Boyante

No será sencillo para Boyante mantenerse en la escena, algo que no depende de su calidad —de la cual esto es apenas una muestra— sino de los imponderables que rodean a quienes buscan hacer músicas distintas a lo convencional en este país.

El otro proyecto es Perspectives, de Xavier Asali. Asali hace música para comerciales, series, películas. Estudió en el Berklee College of Music de Boston y cursó una maestría para cine en el Royal College of Music de Londres, pero hasta ahora se decidió a grabar su primer disco, una producción que le tomó cinco años, pues se hizo en tiempos “muertos”. Dice: “Soy multiinstrumentista desde chavo y sin ser un gran virtuoso en ningún instrumento, me defiendo bastante bien en teclados, guitarra, bajo y batería”. Azali toca prácticamente todo, aunque se hace ayudar en algunos cortes por Alonso Arreola, Alex Otaola, el Sr. González y Santiago Ortiz, entre otros.


Xavier Asali

Perspectives es una obra apegada al canon del progresivo en su veta sinfónica y en los once cortes se siente la influencia, los ecos de agrupaciones como Genesis —la portada es de Paul Whitehead— o Camel. Todas las canciones son en inglés y el registro de Asali, cuando acomete los altos, recuerda a Peter Gabriel y en los bajos, a un Cat Stevens. Impecable en su producción, el disco explora un progresivo que hace muchos años no se ejercita en México y si bien hay cortes destacables (“Unusual Love Song”, “Lady in Blue”, “Nature Is Calling”, “Brothers in Arms”), la calidad del álbum es equilibrada, aunque eso sí, hablará más a los fans del progresivo de la vieja escuela. No obstante, la pregunta queda en el aire: ¿Asali ha consumado un deseo o Perspectives tendrá continuidad?

Anima Tempo es una realidad. Se trata un quinteto integrado por Dante Granados (guitarras, sintetizadores), Daniel González (gritos), Antonio Guerrero (batería), Pedro Vera (bajo) y Gibrán Granados (voz y guitarras) que lanzó hace ya meses con Caged Memories, también editado de manera independiente. El grupo combina voces “cristalinas” con gruñidos, en una entrega dominada por el metal progresivo con tonos sinfónicos y hasta épicos (“Confessions”). Afortunadamente, Anima Tempo no imita; cuenta con instrumentistas muy buenos en cada una de las posiciones y a la energía y rapidez que perlan las canciones hay que añadir la composición y el desempeño instrumental, ambos a resaltar.


Anima Tempo

Caged Memories es un debut potente, avasallador. “Scarlet Angel” y “Cellophane Eyes” (la última con aires orientales, una melisma-invocación que preludia el maelstrom) añaden el color de una voz femenina en coros con buenos resultados.

Una muestra del dinamismo de la banda está en “Behind the Gates of a New Come”, corte de trepidante inicio, fulgurante, con unos sintetizadores que destellan ligera influencia de un electroclash, aunque sólo es un affaire —porque habrá algunos devaneos o ciertos flirteos con otros géneros, pero el agua siempre regresa a su cauce. El corte que da título a la producción, dividido en tres movimientos, es el verdadero tour de force, la cereza que hace a este manjar todavía más apetecible.