Se han cumplido ya 37 años de la desaparición física de uno de los más grandes poetas de lengua portuguesa, un brasileiro entrañable, un carioca cálido, sensible, pero finalmente afectado por esa melancólica saudade (válgaseme el pleonasmo bilingüe) que padecen muchos hijos del gran país de la samba, el carnaval, el bossa nova y el jogo bonito.

Hombre de amplia cultura, político, diplomático, literato, crítico cinematográfico, será siempre más recordado por su labor como escritor de letras de canciones, sobre todo de sambas y bossa novas y, muy especialmente, de ese tema inmortal, indiscutible clásico, que es “Garota de Ipanema”.

Nacido en Río de Janeiro, en 1913, Vinicius de Moraes, popularmente conocido como “O Poetinha”, tuvo la suerte de pertenecer a un ambiente acomodado que le permitió tener una carrera universitaria llena de maestrías y doctorados y le abrió las puertas para ingresar al servicio diplomático brasileño, viajar por todo el mundo y vivir durante largos periodos en países como los Estados Unidos, Uruguay, España, Gran Bretaña y Francia (durante su estancia en París, por cierto, tuvo un problemático y apasionado amorío con la mítica actriz alemana Marlene Dietrich).

Sin embargo, Río fue siempre el lugar de sus amores y el sitio donde más disfrutó de la vida. Lejos de encerrarse en un entorno exclusivo e intelectual, Vinicius disfrutaba los ambientes populares, esos en los cuales se encontraba con lo que más le gustaba, según sus propias palabras: “la musiquita, la noche, las mujeres bonitas…”. Porque eran las mujeres las que otorgaban sentido a su existencia y le daban la mayor parte de su inspiración poética. No en balde, a lo largo de su vida tuvo nueve esposas e incontables amantes.

Gran amigo desde los años cincuenta de Joao Gilberto, Antonio Carlos “Tom” Jobim, Carlos Lira y Baden Powell, De Moraes trabajaba en una obra musical para teatro cuando escribió la letra para una bella pieza de Tom Jobim. No obstante, las palabras no hacían justicia a tan espléndida melodía y el poeta se sentía inconforme. Fue entonces que la casualidad se unió a la causalidad para hacer que los dos compositores se encontraran una tarde en el bar Veloso, en Copacabana, y en esos momentos pasara cerca de ellos una esplendorosa mujer, una carioca ondulante y escultural que caminaba sensual y cadenciosa y quien no sólo logró dejar boquiabiertos a ambos artistas, sino que se convirtió involuntariamente en la musa anónima (aunque hay quienes aseguran que su nombre es Heló Pinheiro) que requería Vinicius para que de su pluma surgieran los versos que acompañarían a la tonada de Jobim.

“Olha que coisa mais linda, mais cheia de graça / É ela a menina que vem e que passa / Num doce balanço caminho do mar. / Moça do Corpo dourado, do sol de Ipanema / O seu balançado é mais que um poema / É a coisa mais linda que eu já vi passar”.

Desde entonces, “La chica de Ipanema” se convirtió en la canción emblemática del bossa nova y del bossa jazz, ya que fue incluida inicialmente en el álbum Getz/Gilberto (1963) de Joao Gilberto y el saxofonista estadounidense Stan Getz.

No sería la única canción de Vinicius de Moraes, quien escribió muchísimas más (de hecho, su labor como cancionero dio inicio en 1932 e incluye otras maravillas como “Insensatez” y “Agua de beber”), algunas de ellas con su gran amigo, el guitarrista Toquinho.

Autor de libros de poesía como O Caminho para a distanciaPatria minha y Para vivir un grande amor, fue miembro del partido comunista y gran amigo de Jorge Amado, Manuel Bandeira, Carlos Drummond de Andrade y Pablo Neruda. Amante del fútbol y la cocina, a los 55 años festejó su expulsión del ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil y se unió a una comuna hippie.

Vinicius de Moraes falleció el 9 de julio de 1980, en la misma Río de Janeiro donde viera la primera luz. De él son las siguientes versos del poema “La hora íntima”:

“¿Quién pagará el entierro y las flores / si yo muero de amores? / ¿Qué amigo será tan amigo / que en el entierro esté conmigo? / ¿Quién, en medio del funeral, dirá de mí: ‘Nunca hizo el mal…’? / ¿Quién, borracho, llorará en voz alta por no haberme traído nada?”.